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Olga y Helen yacen juntas en un panteón en Patachaj

Cientos de pobladores recibieron el 30 de septiembre a Olga Emilia Choz y Helen Michelle Mejía Choz madre e hija en su natal Patachaj, San Cristóbal Totonicapán. Ambas fallecieron en el hundimiento en la zona 6 de Villa Nueva. Luego de varios días de espera, sus familiares les dieron el último adiós. 

Patachaj, el nombre de la comunidad de Olga Emilia Choz, es un nombre en idioma K’iche, que quiere decir: pie de los pinos. Según sus pobladores, esa noche la neblina descendió sobre toda la comunidad, el frío pegó fuerte. 

De esa comunidad de San Cristóbal Totonicapán, eran originarias Olga Emilia Choz Ulin, de 38 años, y su hija Helen Mishel Mejía Choza, de 14 años. Estaban desaparecidas desde el sábado 24 de septiembre, cuando el vehículo en el que se transportaban cayó en el hundimiento de Villa Nueva. Cinco días después fueron localizadas sin vida.

Un gran hundimiento en la zona 6 de Villa Nueva hizo que el vehículo donde se transportaban Olga Choz y su hija Helen cayeran. Estuvieron cuatro días desaparecidas hasta que finalmente fueron encontradas sin vida. (Foto: Redes sociales)

Un conjunto de mariachis, familiares, vecinos y amigos esperaban a la madre e hija. Los familiares más cercanos se distinguían por portar pañuelos blancos amarrados a la cabeza. En ese lugar las personas abarrotaron las calles, ni una persona más alcanzaba. Pasadas las 5 de la tarde, dos carros de una funeraria llegaron y los llantos no se hicieron esperar: eran ellas.  

Las principales calles de ese lugar estaban abarrotadas para recibir a madre e hija. Ahora ambas comparten el mismo mausoleo, en el cementerio los Pinos en Patachaj.

Luego de un viaje de más de ocho horas de Ciudad de Guatemala, la siguiente parada fue en la municipalidad de San Cristóbal, Totonicapán. En ese lugar las autoridades les brindaron un homenaje, a lo cual varios vecinos rechazaron dicha iniciativa, diciendo que los políticos se estaban aprovechando. Las banderas fueron colocadas a media asta.  

Patachaj está a 8 kilómetros de San Cristóbal Totonicapán. El frío en ese lugar pega fuerte y para llegar en vehículo toma 20 minutos, pero el día que Olga y Michelle llegaron la caravana con más de 300 carros demoró más de 60 minutos, todas las personas querían ver los ataúdes y poderse despedir de la madre e hija. 

La mascota de Helen Michelle, un perro chihuahua estuvo inquieto durante todo el entierro, aullaba y quería tirarse a los ataúdes. (Foto: Gilberto Escobar) 

Al llegar a Patachaj las autoridades comunitarias de ese lugar las esperaban con un homenaje, en las afueras de un edificio de dos pisos, más de 500 personas se reunieron para darle el último adiós a Olga y Michelle. Un grupo de mariachis acompañó toda la peregrinación, las canciones no faltaron, tampoco los llantos. 

Olga Emilia Choz abandonó su natal Patachaj de pequeña y empezó a trabajar en ciudad de Guatemala vendiendo refacciones, poco a poco fue escalando en los negocios hasta llegar a ser una comerciante. 

Su hija, Helen Michelle no pasaba de los 14 y el próximo 9 de octubre celebraría su fiesta de 15 años. La planificación de la fiesta había avanzado, invitados, vestido y una corona ya estaban confirmados.

Olga Choz abandonó su aldea de pequeña y se fue a vivir a Ciudad de Guatemala. Su hija Emilia, pronto celebraría sus 15 años. Foto: Redes sociales.

En el velorio uno de los momentos que más removieron al público fue cuando el grupo de mariachis entonaron las mañanitas… las lágrimas se unieron en un solo momento, parecía un coro sonando al mismo tiempo.  

La noche del velorio se extendió hasta la madrugada del primero de octubre. A pesar que la lluvia era insistente, los comunitarios llegaron a dar el pésame. Una sopa de pollo se sirvió durante el velatorio. 

El primero de octubre el movimiento en Patachaj seguía desde muy temprano, los vecinos seguían llegando a visitar a la familia para dar el pésame. Ese día a las 3pm la lluvia sorprendió a los pobladores de ese lugar, eso no impidió que el cortejo fúnebre se encaminara al cementerio Los Pinos. 

En el cementerio había un perro en brazos de un joven, la mascota estaba inquieta. El perro chihuahua aullaba tanto, quería tirarse a los ataúdes, la mascota era de Helen Michelle, durante todo el entierro estuvo inquieto. 

En el cementerio un grupo de hombres cavaron un agujero grande, cuadrado de tres metros de ancho y otros tres de profundidad, fueron sepultadas madre e hija. Con lazos dejaron caer despacio un féretro tras otro, fueron enterradas con sus pertenencias: ropa, zapatos, y otros recuerdos, y de manera gradual dejaron caer tierra, una pala tras otra hasta que quedaron sepultadas. 

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