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El regreso de “Los Arévalo” de Totonicapán

En las actuales elecciones “Los Arévalo”, los políticos más conocidos de Totonicapán, vuelven después de una breve pausa. Quieren de nuevo el poder, y la estrategia la realizan ahora a través de sus hijos con los que buscan llegar al Congreso. Mientras el padre, el ex diputado Édgar Arévalo, quiere volver a la alcaldía municipal después de dos décadas de vida política. Su regreso es un ejemplo de cómo funciona el poder a nivel local.

Texto y foto: Gilberto Escobar / Edición Oswaldo J. Hernández

Dos plaquetas grabadas de mármol, una por cada parque de la cabecera municipal de Totonicapán, dicen “Arévalo”. Dos tanques de agua de color azul opaco que sobresalen entre los techos de las casas también con el nombre “Arévalo”. Estos son algunos de los lugares donde el apellido Arévalo ha prevalecido como una marca territorial a lo largo de los años. Ahora, para las actuales elecciones, el rostro de Edgar Arévalo, un político conocido en la localidad ha vuelto y busca llegar a ser alcalde de nuevo. La primera vez que ganó la municipalidad fue en 1999, luego llegó a ser diputado. Hoy su apellido vuelve a aparecer en las propagandas de los postes, paredes, y pancartas enormes en todo Totonicapán. 

Los hijos de Édgar lo acompañan en la difusión del apellido Arévalo en este departamento. Se llaman Sherol y Édgar Arévalo Avila, y quieren ser diputados por Totonicapán. 

Los dos parques son parte de las obras por las que “Los Arévalo” se han mantenido presentes en el pensamiento de los habitantes de la localidad. Ambas construcciones tienen el sello de “Los Arévalo”. El parque la Unión frente a la municipalidad, con banquetas de hierro, pisos de cemento, poca vegetación, una fuente de agua grande que no funciona, y la estatua de Atanzio Tzul, líder indigena que encabezó la rebelión del pueblo Quiché en 1820; y el parque San Miguel, con un escenario grande para distintas actividades, son parte del contexto donde los totonicapenses se ven obligados a recordar a estos políticos.

El mismo Édgar Arévalo afirma que no ha sido fácil buscar financiamiento para este tipo de proyectos -como los dos parques- en los que buscan perpetuar su apellido. “Los Q22 millones que logré conseguir fue trabajo arduo, esa clase de capacidades de saber dónde buscar financiamiento las voy a trasladar a mis hijos para lograr objetivos”, dice en una entrevista con No Ficción para explicar una parte de su regreso como familia en estas elecciones..

Pero Édgar Arévalo no ha labrado su camino político en solitario, siempre lo ha hecho junto a su hermano, Iván Arevalo, el diputado que extendió su estadía por 25 años en el Congreso de Guatemala con distintos partidos. “Siempre hemos hecho las cosas de la mano con mi hermano”, afirma Édgar.

En cualquier calle de Totonicapán se puede interrumpir el paso de cualquier persona y preguntar por “Los Arévalo” y todos saben quiénes son. Sin embargo, las respuestas son tanto malas como buenas. Entre las malas están que “son corruptos”, que “no hacen nada”. Y entre las buenas dicen que son personas que ayudan a las comunidades en sus proyectos como la instalación de agua potable, y que han hecho carreteras en esos lugares. 

Los políticos han utilizado varias formas para que nadie olvide los 25 años que han estado involucrados en la política local, nacional, intentado difundir el mensaje de que nada ha sido en vano. Y en 2023, este recordatorio lo refuerzan con mantas gigantes con su apellido.En las enormes fotografías de propaganda de Édgar Arévalo, que se postula por el partido Valor, se le ve cansado e intenta sonreír. Los años le han pasado su factura, y eso se refleja en sus ojos, el pelo recortado de manera uniforme, una camisa blanca con un botón desabrochado, y grandes letras donde se lee  “Edgar Arévalo, alcalde 2024-2028”.

Édgar Arévalo busca volver a la política con el partido VAALOR tras 4 años de ausencia. Foto Gilberto Escobar.

De un partido a otro

El recorrido político de los hermanos Arévalo comenzó en 1994, cuando Iván llega por primera vez al Congreso de Guatemala como diputado del departamento de Totonicapán, por el desaparecido Frente Republicano Guatemalteco (FRG), el partido liderado por el ex dictador Efraín Ríos Montt, que en 1982 llegó a la presidencia a través de un golpe de Estado. 

Por su parte, el otro hermano, Édgar Arévalo, labró su camino desde lo local, primero fue alcalde del municipio de Totonicapán en 1999 al 2003, también por el FRG, y en 1999 acompaña a su hermano en el Congreso por el mismo partido.

En las actuales elecciones, Édgar busca volver a la municipalidad por el partido Valor junto a sus hijos que se postulan como diputados. Él también es el secretario de este partido en el departamento de Totonicapán. Y es un partido que ha derivado directamente del FRG, a tal punto que su candidata a la presidencia, en una alianza por los partidos Valor y Unionista, es Zury Ríos, la hija de Efraín Ríos Montt.    

Los hermanos Arévalo han estado en varias agrupaciones políticas a lo largo de dos décadas. Su estrellato fue con el FRG, durante la primera década de este siglo. En  2011 “Los Arévalo” saltaron al también extinto Partido Patriota (PP), liderado por Otto Pérez Molina y Roxana Baldetti, que renunciaron a la presidencia acusados de corrupción en 2015. Los Arévalo, ese año, saltaron al  Movimiento Reformador (MR). Y en 2019, cuando decenas de políticos eran acusados en investigaciones de la extinta Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), “Los Arévalo” se replegaron. Cuatro años más tarde, cuando el panorama parece favorable para el regreso de muchos políticos señalados por el MP, el clan Arévalo vuelve a asomarse en su territorio. 

En todo el departamento de Totonicapán existen vestigios de las administración de Édgar Arevalo. Una forma en la que se han instalado profundamente en su territorio. Foto: Gilberto Escobar.

Largas filas para una audiencia 

Es sábado, y es una mañana de Totonicapán muy calurosa de abril, normal para la época de verano. En la sede departamental del partido Valor ya no cabe una persona más, y todos permanecen a la espera del candidato Édgar Arévalo. A cada poco se van sumando más personas en la sede, en su mayoría provienen de las comunidades más lejanas de Totonicapán. Ya no hay sillas, y muchos permanecen de pie. 

Jorge Chaclan, quien atiende un parqueo en el centro de la localidad, dice “a ellos (Los Arévalo) se les conoce por lo que hicieron en las comunidades, más cosas buenas que malas. Pero a los hijos, a esos no los conocemos. Por ejemplo, ¿dígame qué ha hecho el alcalde de ahora? Nada, entonces empecemos por allí, ellos van a ganar”, afirma. 

Sherol Ivanisse se postula como parte de “Los Arévalo” en la primera casilla departamental y Édgar Iván Arévalo Ávila corre por el segundo escaño, ambos por el partido Valor. El clan busca así regresar al Congreso de la República. Pocos los conocen, pero el apellido les da una leve delantera, bajo la sombra del papá.

Luego de una espera de más de tres horas en la sede de Valor, Édgar Arévalo sube por unas gradas. La gente lo saluda y lo abraza, él responde a las muestras de afecto con lo mismo: abrazos y sonrisas. El candidato a alcalde se acomoda unas gafas negras, un chaleco blanco con letras celestes en cuyo lado izquierdo se lee “VALOR”. Se le ve cansado, pero trata de sonreír. Las jornadas de este tipo dentro de la sede del partido se pueden extender hasta las cinco de la tarde. “Aquí almorzamos”, cuenta Édgar Arévalo. 

Minutos después sus dos hijos entran por la misma puerta. Pero a ellos nadie los saluda. Ambos candidatos a diputado hacen un esfuerzo por saludar a cada uno de los presentes en la sede. Sherol es la primera en avanzar por esas mismas gradas, viste un chaleco del mismo diseño que el del padre, y le sigue Édgar hijo, quien no porta chaleco, y viste una chumpa azul. El clan Arévalo descendió de un carro Hilux 4×4 color gris claro.

Los hijos del ex diputado y ex alcalde Édgar Arevalo buscan llegar al Congreso de la República asesorados por su padre. Foto Gilberto Escobar.

A Édgar Arévalo lo esperan demasiadas personas. Se trata de un político con agilidad para hablar y eso, como él mismo dice, es gracias a su maestro el General Efraín Ríos Montt, “El General fue maestro para nosotros le guardamos mucho respeto y cariño” relata. Ese acercamiento con la familia Ríos Montt se mantiene hasta las actuales elecciones.

Édgar es afín a la hija del ex dictador, Zury Ríos, la presidenciable de Valor-Unionista, y dice que tiene una amistad que suma más de 26 años con ella. De hecho, en la tesis de licenciatura con la que Zury Ríos se graduó de politóloga, Iván Arévalo aparece dando un comentario sobre Totonicapán. 

Zury Ríos tituló su tesis “Análisis geopolítico del surgimiento de la insurgencia en Guatemala, particularizado en el caso de Totonicapán”. El estudio señala la poca aceptación de la insurgencia agrupada y promovida por la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG) en este departamento. 

En la entrevista que Ríos le hace al entonces diputado Iván Arévalo se puede leer: “nosotros los de Totonicapán seguimos a Einstein”, cuando le preguntan sobre su raza él dice “humana, sin miedos, sin odio, amando el deber, compitiendo y trabajando”. 

“Zury Ríos fue mi compañera en el Congreso, tenemos una gran amistad” reafirma Édgar, quien confía en ese acercamiento con la candidata que también fue diputada por cuatro legislaturas consecutivas, entre 1996 y 2012, por el partido de su padre, el FRG. 

Zury Ríos, hoy inscrita como candidata por la coalición Valor-Unionista, tuvo problemas para postularse a la presidencia en elecciones anteriores, debido a que la Constitución de la República prohíbe que los hijos de un presidente de facto pueda ocupar el poder Ejecutivo. El actual Tribunal Supremo Electoral omitió esta prohibición y Zury Ríos busca la presidencia junto a su compañero de fórmula, Hector Cifuentes Mendoza, un político afín al ex presidente fallecido Álvaro Arzú, y señalado en el caso que presentó la CICIG en 2019 por financiamiento electoral ilícito del partido Unionista.

Para Édgar, la llegada de la hija del General a la presidencia sería lo mejor para este país. Él dice: “es una mujer que tiene muchas capacidades”. La apoya, pero de momento, el más antiguo de “los Arévalos”, dice estar concentrado en llegar a la alcaldía de Totonicapán y que sus hijos lleguen al Congreso. 

En Totonicapán hay filas de personas que se forman a la espera de hablar con Édgar Arévalo. La mayoría proviene de la zona rural y comunidades aledañas. Foto: Gilberto Escobar.

“Los Arévalo” una marca con más de 25 años de existencia 

Cuando Iván Arévalo Barrios, el hermano de Édgar Arévalo, llegó al Congreso de Guatemala en 1994, no se despegó de ese cargo hasta 2019, año en que no logró su reelección en el Congreso y ha permanecido al margen de los escenarios políticos. 

A lo largo de todo este tiempo, en Totonicapán han sucedido varios hechos que fueron socavando la confianza de los pobladores con los hermanos Arévalo. 

José Santos Sapón, presidente de 48 cantones en 2013, un modelo de organización comunitario de Totonicapán, donde el principal objetivo es velar por el bien común y proteger el bosque comunal, recuerda la vez que “Los Arévalo” tuvieron que salir de Totonicapán vestidos de mujer para librarse del descontento de los pobladores, provocado por el voto a favor que dieron los dos diputados al aumento de aprobar el Impuesto del Valor Agregado (IVA), en 2001. 

“Ya era mucho, la gente se enojó, se molestó, fue cuando un grupo de personas con galones de gasolina en mano le prendieron fuego a su casa. Los hermanos se vistieron de mujeres para colarse en medio del tumulto y pasar desapercibidos”, dice el expresidente de 48 Cantones.

Sapón menciona que los mayores conflictos que se han dado en el pasado en Totonicapán han sido causados por “los Arévalo”. Pero a pesar de todo, la gente los apoya porque los hermanos se han enfocado en la obra gris, proyectos de carreteras, y todo lo relacionado a infraestructura.

Otro descontento que señala Sapón fue el silencio que guardaron los hermanos por la masacre de la cumbre de Alaska el 4 de octubre de 2012, durante el Gobierno de Otto Peréz Molina. En esa masacre murieron siete personas que salieron a manifestar por el alto costo de la energía eléctrica y por la eliminación de la carrera de magisterio. Ese día el Ejército de Guatemala abrió fuego contra los comunitarios. Hasta el momento el proceso judicial sigue su curso, y entre los vinculados está un coronel de nombre Juan Chiroy Sal y ocho soldados. 

Desde 2001, el año en que fue quemada la casa de “Los Arévalo”, ellos no volvieron a vivir en el municipio, y desde entonces residen en Quetzaltenango, el departamento vecino de Totonicapán, a una hora de camino. Su casa se ubica en una colonia donde viven otros políticos locales.  

Según Édgar quienes mostraron esa vez su descontento fueron los que ahora tienen el poder en la municipalidad “un grupo minoritario fue quien incentivó esa vez” asegura. 

Édgar se refiere a Luis Alfredo Herrera quien ha sabido mantenerse en la alcaldía municipal desde 2016 cuando llegó por primera vez con el partido Lider (Libertad Democrática Renovada), luego saltó a la Unidad Nacional de la Esperanza (UNE), para ser electo en 2019 una vez más. Y ahora busca seguir como jefe edil pero postulado por el partido CABAL. 

Las sedes departamentales de los partidos en Totonicapán ocupan gran parte de la vía principal. Foto Gilberto Escobar.

Una calle repleta de promesas  

El reloj marcaba las 00:001 horas del 27 de marzo y el Tribunal Supremo Electoral (TSE), daba el banderazo de salida para la campaña electoral 2023. En Totonicapán, a 201 kilómetros de la ciudad de Guatemala, los pobladores dormían, pero los partidos políticos no. Mantas, vallas, propaganda aferrada a postes y paredes amanecieron instaladas ese día, pero no solo en Totonicapán, también ocurrió lo mismo en los otros 340 municipios del país. 

A partir de ese banderazo de salida, la entrada del municipio de Totonicapán se ha vuelto incómodamente colorida, gracias a la propaganda política de tantas agrupaciones y sus candidatos. Entre todo el ruido visual, no obstante, hay una que se presenta imponente, que sobresale sobre las demás, la del partido político Valor, el partido por el que se postula el clan Arévalo. 

Para llegar al centro de Totonicapán hay una pequeña cuesta, y en esa calle no hay espacio para un cartel más, tampoco para algún partido político rezagado intente instalar otra sede departamental. En la entrada principal se han colocado las sedes del partido Valor, la de Voluntad Oportunidad Solidaridad (VOS), la agrupación Azul, y la Unidad Nacional de la Esperanza (UNE), cada una de esas agrupaciones promocionando a sus candidatos. 

La agrupación Voluntad Oportunidad Solidaridad (VOS), promueve al candidato Mariano Soch, quien llegó por primera vez al Congreso por la Unidad Nacional de la Esperanza (UNE), en 2019. 

La UNE promueve al empresario Julio Gómez, quien busca llegar por primera vez al Congreso, y compite por la primera casilla. Gómez es dueño de Almacén Pacífico. Otra figura que promueve esa agrupación es Alan Ixchajal quien va en segunda casilla por el departamento. Ixchajchal no es la primera vez que figura en agrupaciones políticas, fue concejal séptimo de la municipalidad de Totonicapán en 2016, cuando llegó por el Comité Cívico COMCICH. Ese mismo Comité promocionó en 2015 al ahora diputado Alfredo Caniz. 

Caniz llegó a ser diputado en 2019 con el partido TODOS, y para estas elecciones buscará mantenerse en el Congreso con la misma agrupación política. Su sede ya no encontró espacio en la calle principal donde las demás están instaladas. 

Hermelinda Sapón es otra candidata que participa como candidata al Congreso de la República con el partido Azul, aunque en dos campañas anteriores ella quería ser electa con la Unidad Nacional de la Esperanza (UNE). 

Al finalizar esa cuesta se llega al parque central de Totonicapán, donde las pancartas y afiches siguen estando presentes, pero una vez más el rostro de Édgar se observa en una manta gigante, donde anuncia el regreso de “los Arévalo” y se ofrece como candidato a alcalde del municipio.

La imagen de Édgar Arevalo destaca entre los otros candidatos de Totonicapán. Foto: Gilberto Escobar.

Totonicapán un pequeño lugar al que le ha ido mal 

Pese a que Édgar enumera las distintas obras y proyectos que han realizado a lo largo de 25 años, el departamento de Totonicapán sigue en la lista de los lugares donde la comida no llega, o la educación queda lejos, y los centros de salud no están a la vuelta de la esquina.

Totonicapán y sus ocho municipios es el lugar con la mayor población indígena del país, el 98% según el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) en su último censo de población y vivienda 2018. También es el lugar con el índice más alto de desnutrición crónica (70%) según la Encuesta Nacional Materno Infantil (ENSMI), un dato que no ha sido actualizado desde 2015. 

En el ámbito parlamentario, este departamento coloca a cuatro diputados en el Congreso de Guatemala (un legislador por cada 104,642 habitantes).  

Totonicapán es un lugar pequeño que mide 274 km². Es el territorio de “los Arévalo” y es también el departamento donde el hambre no cesa, las veredas empolvadas reducen las posibilidades de llegar rápido a un hospital o a un centro de atención, el 52% de la población vive en área rural según el censo nacional 2018.

La población es de 418,569 habitantes, según el último censo de población y vivienda. Los municipios con mayor número de personas son la cabecera departamental con 103 mil 952, y Momostenango, el más poblado, con 105 mil 617. San Bartolo Aguas Calientes con menor número, apenas en 2018, sumaban 10,612. 

Según el Tribunal Supremo Electoral (TSE) hasta el 26 de marzo, el padrón electoral sumó 9 millones 372 mil 806 en el país. A ese registro Totonicapán aportó solo 245 mil 061. A ese dato las mujeres contribuyeron con mayor número: 141,440. Y los hombres 103,621. Estas son las cifras del departamento en el que “Los Arévalo” buscan su regreso.

En las calles de Totonicapán, la mayoría sabe quiénes son “Los Arévalo”. Su poder local es histórico y clientelar. Foto Gilberto Escobar.

La fuerza está en las comunidades

Don Gabino Casia es de una comunidad de Totonicapán, Pachoc. En carro se puede llegar en una hora o menos. El recuerdo que le viene a la mente al escuchar “Los Arévalo” es que ayudaron en proyectos de agua y carretera en su comunidad. Así como él hay más personas de los cantones y aldeas que rodean la cabecera municipal.

“La estrategia de construir tramos cortos de pavimento les ha dado fama”, dice Sapón, el expresidente de 48 Cantones. 

El sábado, día de plaza en la cabecera departamental de Totonicapán, muchas personas del área rural llegan desde temprano a hacer compras, y se vuelven a sus comunidades con lo necesario para subsistir durante una semana. El mercado está a tope. Una estrategia, en el regreso político de “Los Arévalo” en Totonicapán, es aprovechar ese día para atender a los simpatizantes de las comunidades, y aunque todavía no han sido electos ellos ya dan audiencias, y se pueden extender todo el día. 

En una mesa de madera están los tres, padre al centro, hija a la derecha y el hijo a la izquierda. Sentados. Ese día esperan atender a numerosas personas que han llegado desde temprano para hacer entrega de peticiones, cada quien pasa y anota su nombre en un listado. Muchos esperan ser atendidos de inmediato. 

Don Jaime viene de Rancho de Teja, una comunidad a una hora de camino del centro de Totonicapán. Es un hombre entrado en años, robusto, bigote afilado, y un sombrero blanco de vaquero. Salió desde las 7am, a él lo acompañan un grupo de hombres. Él lleva bajo el brazo un folder donde guarda dos hojas que resumen las necesidades a las cuales quieren dar solución. “Se lo venimos a dejar a don Édgar”, dice.  

José Santos Sapón sostiene que esa ha sido la estrategia de “los Arévalo”, los caciques políticos de Totonicapán: hacer algo en las comunidades, poco, pero algo: “aquí reina ese dicho de robaron, pero al menos hicieron algo”.

Sapón identifica otra estrategia de los hermanos que en el pasado les dio resultado. “Ellos lograron infiltrarse tanto en las comunidades con pequeños proyectos de infraestructura y agua, pero también con eso lograron corromper la organización comunitaria y, allí encontraron fuerza”. 

Sherol y Édgar (hijo) Arévalo, junto a su padre (al centro), Édgar Arévalo, forman parte del clan de “Los Arévalo” que buscan regresar a la política desde Totonicapán, de la mano del partido de Zury Ríos. Foto: Gilberto Escobar.

Llegar al Congreso en una lucha entre 60 candidatos

La competencia en las actuales elecciones no está nada fácil para “Los Arévalo”, o por lo menos para sus hijos que tienen poco reconocimiento en las comunidades y a nivel departamental. De los actuales legisladores que representan a Totonicapán, tres buscan su reelección y uno de ellos ha sido más ambicioso, ya que buscará llegar a la vicepresidencia.

Sherol Arévalo, la aspirante a diputada por el partido VALOR, ve como prioridad llevar una agenda que involucre a las mujeres del área rural y a la juventud. Y Édgar, el hijo y también aspirante a diputado, quiere que los megaproyectos (carreteras e infraestructura), vuelvan a Totonicapán. Ambos candidatos están bajo la asesoría del padre. “La asesoría política se la voy a dar yo, conozco como la palma de mi mano todos los municipios y el departamento”, asegura su padre, Édgar Arévalo.

Por el momento los hermanos estarán bajo las indicaciones del padre, y seguirán trabajando como lo han hecho “Los Arévalo” durante 25 años, o eso aseguran Sherol y Édgar, cada uno con características particulares. A Sherol se le facilita hablar, lo hace con fluidez, responde rápido y sabe las necesidades de las comunidades de Totonicapán, como llevar programas de alimentos a las comunidades y no dejar por un lado a la juventud. Édgar, su hermano, es de pocas palabras, y se aferra a responder “vamos a trabajar como lo hizo mi papá”. 

De los 60 candidatos a Diputados inscritos por el departamento de Totonicapán solo hay lugar para cuatro. Es una lista grande donde también aparecen los hijos de Édgar Arévalo que buscan llegar al Congreso. 

Los cuatro  diputados actuales no son nuevos en la política, construyeron un camino desde las comunidades. Por ejemplo, Diego González tejió un poder en San Francisco el Alto, municipio de Totonicapán, y logró repetir en dos ocasiones la alcaldía de ese municipio con la Unidad Nacional de la Esperanza (UNE). Ahora González en las elecciones de 2023 quiere ser vicepresidente con la agrupación NOSOTROS. 

Los otros tres diputados de Totonicapán, como Mariano Soch del partido Voluntad Oportunidad Solidaridad (VOS), partido que nació de la negación de la Unidad Nacional de la Esperanza (UNE) de Sandra Torres, buscan ser reelecto. Lo mismo ocurre con Alfredo Caniz del partido del partido TODOS, y Marvin Alvarado del partido Bienestar Nacional (BIEN). 

A pesar de eso, ninguno de estos diputados ha logrado hacer lo que “Los Arévalo” hicieron políticamente: mantenerse tanto tiempo en el poder (25 años), y seguir teniendo aceptación en las comunidades. 

Iván y Édgar tomaron un descanso político, como dice el hermano que busca ser alcalde, ya que no fueron reelectos en 2019. “No nos fuimos completamente, seguimos apoyando a las personas de manera individual cuando lo han necesitado, el descanso que nos hemos dado es lógico”, dice Édgar.

A Iván no se le ha visto en estas elecciones de 2023, ni en las calles ni en la campaña de su hermano y sus sobrinos. “Él seguirá descansando”, comenta Edgar, ese, dice, es el motivo de Iván para mantenerse fuera de las calles.

Según el politólogo Renzo Rosal estas redes familiares, estos clanes, han estado existiendo en la política guatemalteca desde hace décadas: “digamos estas familias (Los Arévalo)”, en Totonicapán, los Rivera de Escuintla, son una serie de clanes que se fortalecieron en su momento, pero también han entrado en cierto debilitamiento en años recientes”.  

Para Rosal este tipo de  caciques políticos nunca se fueron, solo se debilitaron por razones judiciales, como el contexto político que creó la CICIG en 2019, y  que ahora, con un Ministerio Público (MP) desinteresado en las investigaciones de corrupción que salpiquen a la clase política, los clanes se están consolidando o rearmando, muchos a través de los hijos e inclusive nietos, pero esta generación de relevo se enfrentará a una dinámica política que ha cambiado, donde hay que negociar con más bloques partidarios, y donde la impunidad y la consolidación de un retroceso democrático enfocado en atacar a la oposición y las voces críticas es parte de la agenda.      

En estas elecciones de 2023, el regreso de clanes familiares no sólo se da en Totonicapán, por ejemplo, en la agrupación CAMBIO, figuran los hijos del condenado en Estados Unidos por lavado de dinero y ex candidato a la presidencia de Lider, Manuel Baldizón, donde Jorge y Antonio Baldizon han sido postulados como candidatos a diputados para el Congreso de la República. 

Sapón, el expresidente de 48 Cantones, dice que la reaparición de “Los Arévalo” no augura un alentador panorama para Totonicapán, aunque analiza que el padre tiene altas posibilidades de regresar a la alcaldía, pero duda que los hijos puedan llegar al Congreso. Sin embargo, esta es la forma en que se mantienen vigentes los poderes locales en Guatemala. 

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