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Retrato de Juana Méndez luego de contar su proceso de denuncia contra los policías que la violaron. Foto: Melissa Miranda
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Soy Juana Méndez Rodríguez y me acusaron de cultivar amapola

La historia de Juana Méndez Rodríguez, una mujer k’iche’ que estuvo presa acusada de cultivar amapola y marihuana en un terreno de su propiedad refleja cómo se rompe el tejido social cuando caen presas por causas de drogas.

Texto: Rosario Marina / Fotos: Andrea Godínez y Melissa Miranda / Video: Andrea Godínez / Edición: Verónica Liso

—¿Me puede decir su nombre completo, su edad y de dónde es?

—¿Cómo es completo? – pregunta la mujer, mirando hacia abajo. A un costado, fuera del plano de la cámara, su hija le dice unas palabras en k’iche’ y entonces la mujer vuelve su mirada al lente y responde: Soy Juana Méndez Rodríguez. 

Juana escucha la pregunta sentada en su casa de Macalajau, Uspantán, a casi 6 horas de la ciudad de Guatemala. Una niña entra en el plano de la cámara. En la mano lleva un teléfono. Viste un traje típico parecido al de su abuela. Luego se acerca otro de los nietos, más grande, de unos 8 años. Se escucha de fondo dibujitos animados en español.

Tenía 11 hijos e hijas. A los 15 años tuvo al primero. Mientras ella estuvo presa, uno se murió. Un hijo que tenía la edad de su nieto que hoy mira dibujitos animados parada a su lado.

Juana Méndez, quien estuvo presa por cultivo de ampolla, sentada en la cocina de su hogar, calienta dos tortillas para almorzar. Foto: Andrea Godínez
Juana Méndez, quien estuvo presa por cultivo de ampolla, sentada en la cocina de su hogar, calienta dos tortillas para almorzar. Foto: Andrea Godínez

Primera mujer maya que logra que encarcelen a un policía por haberla violado

Juana Méndez Rodríguez fue detenida un día de diciembre de 2004 en su casa, en la aldea de Macalajau de Uspantán, El Quiché, Guatemala. Llegaron policías a su casa, sin orden judicial ni investigación previa, y determinaron que había una plantación de amapola y marihuana en su terreno. Estuvo presa 5 meses y 10 días.

En enero de 2005 fue trasladada desde la cárcel en Chimaltenango hacia Nebaj, municipio de El Quiché, para dar su primera declaración. Ese día, oficiales de la Policía Nacional Civil la violaron. Su caso sentó precedentes en el país para que el sistema judicial ponga foco en los abusos sexuales que ocurrían en las comisarías. 

Juana Méndez llora mientras relata la historia desde su captura y violación. Foto: Melissa Miranda
Juana Méndez llora mientras relata la historia desde su captura y violación. Foto: Melissa Miranda

En mayo de 2008, el Tribunal de Quiché condenó al policía Rutilo Matías López por los delitos de abuso de autoridad y violación en contra de Juana. Meses antes, cuando empezó el juicio, la defensora de los derechos humanos Aída del Rosario López Cordero, quien participó en el proceso judicial, recibió amenazas e intimidaciones.

“Esta sentencia tuvo muchos significados. El principal fue que para Juana Méndez se haya hecho justicia por un crimen tan grave. También se corroboró que existe una historia de abuso policial y tortura sexual en las comisarías, la cual había sido ignorada por muchas autoridades. Y se demostró que el sistema de justicia puede funcionar, pues existen funcionarios y funcionarias de justicia comprometidos con la vigencia de la ley”, dice el Informe de Sistematización: El Caso de Doña Juana Méndez Rodríguez Vrs. el Agente de la Policía Nacional Civil, Antonio Rutilo Matías López, escrito por Edda Gaviola Artigas.

En ese momento, medios internacionales publicaron el caso “la primera mujer maya que logra que encarcelen a un policía por haberla violado”. Sin embargo, nada se habló de la causa por la que ella estaba ese día en la estación de policía y de qué sucedió en los 5 meses que pasó en la cárcel, que le pasó a ella y a su familia. Y cuántas llevan como ella, meses o años presas sin condena por causas de drogas. 

Juana sostiene el libro “Tejedoras de paz” donde se encuentran relatadas las historias de varias mujeres defensoras de los derechos humanos, incluida su historia. Foto: Melissa Miranda
Juana sostiene el libro “Tejedoras de paz” donde se encuentran relatadas las historias de varias mujeres defensoras de los derechos humanos, incluida su historia. Foto: Melissa Miranda

Quiénes son las presas por causas de drogas?

Entre enero y mayo de 2023 le llegaron al Instituto de la Defensa Pública Penal (IDPP) 17 casos de posesión para el consumo, 13 de promoción y fomento a la drogadicción (que tiene como pena 8 años de prisión) y 20 de otros delitos relacionados. De acuerdo con la IDPP, en Guatemala no se permiten medidas sustitutivas en delitos de drogas, y esto hace que apenas las detienen ya vayan presas. 

Las mujeres presas por drogas que defiende la Defensa Pública Penal tienen algunas similitudes entre sí: en general tienen entre 18 y 30 años, la mayoría son de baja escolaridad, dependientes económicamente de su pareja. A veces sufren violencia porque son amenazadas por las parejas que están dentro del penal, y son coaccionadas para ingresar drogas a los penales. 

María Victoria Hernández Batres es la coordinadora nacional de enfoque de género de la Defensa Pública Penal de Guatemala, donde trabajan en defensa de las mujeres que cometen delitos. “Nosotros defendemos a personas de escasos recursos económicos y en los delitos por los que llegan a nuestra defensa, son más que todo por delitos de posesión, promoción y fomento, y promoción o estímulo a la drogadicción. Esos son los delitos como más comunes relacionados con drogas”, explicó en una entrevista para esta investigación.

Este equipo realizó pedidos de acceso a la información pública al Ministerio de Gobierno de Guatemala para saber cuántas mujeres estaban presas por estos delitos y en qué unidades penales. 
No es la única presa por delitos de drogas. En Guatemala en los últimos 4 años fueron más de 800, como se puede ver en la respuesta al pedido de acceso. Aunque el número descendió, y no es un delito mayoritario como sí lo es la extorsión, cuando a una mujer la meten presa el tejido social a su alrededor pende de un hilo. Juana pensaba: ¿Quién le va a dar sus tortillas a mis hijos?

Juana Méndez espera sentada en su hogar antes de iniciar la entrevista. Foto: Andrea Godínez
Juana Méndez espera sentada en su hogar antes de iniciar la entrevista. Foto: Andrea Godínez

Su vida cambió porque mientras estaba presa un policía la violó y ella se animó a denunciar. Pocas se animan. 

Mi hija ya no mamó su pecho

Me levanté a las 4 de la mañana, hice mi fuego y luego hice mi café, luego fui a dejar mi maíz al molino, regresé y le dejé de comer a mis hijos. 

No tenía pensado que viniera la Policía, pero llegaron y rodearon mi casa, entraron, luego me agarraron de la mano y me sacaron de mi casa, y me llevaron hacia fuera. Vamos, me dijeron. Comencé a llorar, porque mi nena se iba a quedar, mi nena ya iba a cumplir 3 años, estaba triste porque se quedaría mi nena, ¡ay Dios, mi hija!  La voy a dejar. 

Ella se quedó llorando, era pequeña y ya no mamó su pecho y yo le daba atol, ya no probó su pecho, atol le daba.

Juana sostiene a su nieta entre brazos durante la entrevista. Foto: Melissa Miranda
Juana sostiene a su nieta entre brazos durante la entrevista. Foto: Melissa Miranda

(Toda la entrevista realizada a Juana ella se expresó en k’iche’, por lo que su testimonio se transcribirá en k’iche’ y español a lo largo de este texto). 

Xin walaj pa’ tak las 4 rech nim aqab, xin koj nu’ q’aq xin van nu’ ka’pe´,  je’ xin yakan nu´ ixim molino Ki’e jela´ para Calanté, xin tzalajloq  xin ya ki wa  jun  las wal,  in chomamtaj che’ ri’ in Che que pe’ le policiap, xe opniq  xe’ ki  zutuj  le wuchoch je’ xe’ oq’ choja’, xin ki chipo’ che’

Un qa’p xe xin kesa pa’  nu’ wuchoch, in qo’ chu’ nakaj re’   nu’ estufa xin kesaj  pa’ wuchoch je Xin ki ka’nbik, xe ki bij chue’ jo, xin maj okej, ru’mal ri’ nu’  ne’ qa’ qa’najkanoq, ri’ nu’ ne’ qu’ kis oxip u’ junap, kin bizonik  ru’mal le’ nu’ ne’. Ay ajaw!   ri’ wal  kin  yakanoq, ri nu’ ne’ qo’qik, jajna’  je’ xutitaj ri’ u tu’, in kin ya’ u’ jo’ch, xu’  tijtachik ri’ u’ tu’, jo’ch kin ya’ che.

Mujeres mayas

Según el Grupo Internacional de Trabajo sobre Asuntos Indígenas (IWGIA) , Guatemala tiene una población de 14,9 millones de habitantes, de los cuales 6,5 millones (43,75 %) pertenecen a los 22 pueblos Mayas, entre los que se encuentra el K’iche’.

“Los pueblos indígenas siguen rezagados en materia de salud, educación, empleos e ingresos, respecto al conjunto de la sociedad guatemalteca, situación que se agrava para las mujeres indígenas”, explica IWGIA.

En los últimos 4 años, más de 800 mujeres que estuvieron presas por delitos relacionados con drogas recibieron apoyo de la Defensa Pública Penal. Las mujeres mayas detenidas por drogas y defendidas por la Defensa Pública Penal fueron 86. 

Los delitos relacionados con drogas por los que las personas en Guatemala pueden estar presas son 4: Comercio, Tráfico Y Almacenamiento Ilícito, posesión para el consumo, promoción o estímulo a la drogadicción, promoción y fomento. 

En 2023, el total de mujeres presas en Guatemala por todos los delitos es de 2.840. El 43% no tiene condena firme, están en prisión preventiva, es decir que aunque aún no se probó el delito, están privadas de su libertad. El total de mujeres presas en Guatemala por delitos de drogas es de 176. (6,2%). Del total de presas por drogas, el 79,5% están en el Departamento de Guatemala.

Solamente en la Defensa Pública Penal, es decir, quienes no pueden pagar por un abogado/a, recibieron servicios 92 mujeres por causas de drogas en el último año. 

Juana Méndez Rodríguez, mujer maya que estuvo presa por cultivar amapola, sonríe durante una entrevista. Foto: Melissa Miranda
Juana Méndez Rodríguez, mujer maya que estuvo presa por cultivar amapola, sonríe durante una entrevista. Foto: Melissa Miranda

Ese hombre lo sembró y se fue a los Estados Unidos

Me llevaron al pueblo, me encerraron en una cárcel en Uspantán, cuando me llevaron ahí me dejaron en la cárcel del municipio, me dejaron allí me dejaron y ahí dormí.

Me dijeron que yo tenía una culpa y que por eso me llevaron. Y yo les dije que ese lugar no  era el de nosotros, ese lugar tiene dueño, le dije. No es cierto que ese lugar sea de nosotros, los que lo siembran son de otro Chola’ y se llama Manuel, Manuel se llama el hombre que lo sembró y ese señor ya se fue a los Estados Unidos, solo salí yo de la cárcel y él se fue a los Estados.  

Xe ki bij chu’e che’ in in ajmak rumal ri’ xin ki kambi’ik,  xin bij  che’ jun ulex  kextaj oj, ri jun ulew qo’ jun rajaw xin bij,  jela’ para jun ulew qo’ ki rajaw xin bij,  tzijtaj  che’ ri’ jun Ulex  quextaj o’j, ri’i xi’ ki tik chil’a e’ aj Chola’,  ki bi’ a Wel, Wel  je ri u bi’ le jun chik achí xu’ tikó  ri jun achi xbek pa’ Estados Unidos , xuwi’ xin elik pa’ karza’ le  jun achi Xibe’ pa’ Estados. 

Juana Méndez sostiene una fotografía familiar. Foto: Melissa Miranda
Juana Méndez sostiene una fotografía de sus hijos. Foto: Melissa Miranda

Ese el hombre que lo ha sembrado y se los dije yo al señor que está conmigo:  ¿Es bueno eso que están sembrando esas hierbas que siembran, son buenas? Les dije. Me dijeron: No te preocupes, esa son buenas flores, y como yo no sé qué es eso. 

Por eso fue que me agarraron y eso no es mío, no era de nosotros esas cosas, por eso fue que me agarraron y por eso me llevaron a la cárcel. Me llevaron y entré a la cárcel como a las 7 de la noche me llevaron, estuve un rato en la cárcel del municipio y luego me llevaron a Quiché.  En ese lugar me amarraron la mano y luego me ataron a una moto, a una moto me ataron en Quiché.  ¡¡Ay Dios mio!! Decía yo… y lloraba y decía ¿qué es esto? Como yo no conocía cárcel.

Le jun achí xu’ tikó  je xin bij chik’e le  tata´ qo wuq in xin bij utz tajan ki’ tikó   jole’ ixcha’j tajan ki’ kitú utz?   Xin bij.  Xe ki bij chu’e kat miyutaj, jole’ kotzij   e’ utz  je we in weta’mta’j su ri’. Ru’mal ri’ xin ki chapo’  le le’ wextaj, kexta’uj ri jole’ sata’q, ru’ mal ri’ xin ki chapo’  je rumal ri’ xin ki kambi’k pa’ karza’, xin  ki kambi’k para karza’ pata’k ri la 7 oknak  chakap xin ki kambi’k, xin  ki yakan saqk’en pa karza’ pa tinamit je xin ki kambi’k pa’  Quiché.  Chilá  xin ki ximo’ pa nu’ ka’ap je chik xin ki ximo pa’ jun moto, pa’ jun moto xin ki ximo’ pa’ Quiché.  Ay Ajaw wech!  Kin bi’j in…. Kin okiq je kin ta’o su’ wa? In wetamtaj su ri’ karza’.

Retrato de Juana durante la entrevista. Foto: Melissa Miranda
Retrato de Juana durante la entrevista. Foto: Melissa Miranda

Como a la 6 de la mañana llegamos a Chimaltenango, a la cárcel de Chimaltenango. Entonces me dijeron: Aquí sí te vas  a quedar me dijeron, ya llegaste a tu destino, me dijeron.

Comencé a llorar, a estar ahí. Ay Dios mio! ¿Qué culpa tengo yo? Porque me han hecho eso de sembrar esos montes, yo no tengo culpa decía yo. Lloraba y decía: Lástima mis hijos, decía yo.

Ahora ya estás jodida, me decían. 20 años, ahora 20 años va a esta acá. No me importa, decía yo, aquí me puedo morir, lástima mis hijos, decía yo. Pero hay un Dios y yo me hincaba por la tardes y le pedía a Dios que tenía que salir, no he matado ni golpeado a nadie, decía yo. Yo no sé qué es tráfico. Hay algo que tenías en la bolsa, me decían.  

Sí es cierto que tenía algo en mi bolso, pero son pastillas para mis hijos para curarlos cuando se enferman, algunas hierbas y pastillas le doy a mis hijos, pero menos esos montes que ustedes dicen, les decía yo, eso no sé qué es lo que dicen ustedes.  

Entonces me decían otros policías: Sí, pues, qué gran casa la que tienes, parece láminas y tejas. Yo les decía: Mi casita ya se cae, apenas tengo mi cocina y mi cuarto donde me duermo ya se cae.

¿Por qué dicen pues que tenés buena casa? No es buena mi casa, les decía yo, vayan a verla, vayan a ver mi casita ya se cae le decía yo. 

5 meses y 10 días estuve en la cárcel en Chimaltenango. 

Los pies de Juana Méndez mientras cuenta cómo fue el regreso a su casa luego de ser liberada. Foto: Melissa Miranda.
Los pies de Juana Méndez mientras cuenta cómo fue el regreso a su casa luego de ser liberada. Foto: Melissa Miranda.

pa’  las 6 nin’aqa’b xon opun pa’ Chimaltengo, pa la karza´ rech Chimaltenango, je’ xe ki bij chu’e. Chi’ qat kanajkanok, ya xat opu’nik Pa’ chi kat kejewi’ Xin maj okej, rumal in ko’ chila’. Ay Ajaw wech!  Su wa’ nu’ maq? Suche’ jela´ xban chu’e Xe’ ki tikanoj jolé ichaj, in in ajmaktaj kin  bij in.  Kin no’qkik je kin bin: rumal le wal!! Kin bij in

Chanin xa raq ke’x! ke ki bij chu’e.  20 junap, chanim 20 junap qat qanajkan chi.  Kot u’ pantan kin  bij in, chi kin kuiwink  kin kamik, kex kin na’ che’ ri’ wal kin bij in.  Ko’ jun Ajaw je ri we’ in bun un xukulem pa’ qa’ kaj qi’j je kin ta che’ ri’ Ajaw che’ kin nelwi,  kot ni jun kamikal je chiyo’ ni jun kin bij in,  In wetamtaj su ri’ le’ tráfico, su qo’ pa’ borxa’.  Tzij ri’  ko  jun qo’ wuk  pa nu’  borxa’ che’ jujun pastillas rech ri’ wal jumpa’ kin kunaj, jumpa’ ch’e yaba’nik,  jujun ichaj je’ le pastillas kin ya’ chike’ ri’ wal,  jole´ ichaj  ki bij ix in taj xin tiko’ kin bij chike’ Wetamtaj su ri’ ki bij ix.

Ko’ jo le’ policiap xe ki bij:  nim a wuch kolik, pacha’ laminas je’ xot!  In kin bin che’ la wuchoch qa´tzakik, ko´laj kin buno´nu’ wa’ je’ che’ kin wurik ya qatza’qolo’k ri’ wuchoch xe kiya’ chu’e pa’ resarcimiento xin q’amo’, la wuchoch nim taj, kin bij chike’ Suche´ke kivij nim a wuchoch? Galantaj ri’ wuchoch kin bij chike’,  chi wilá  jix  chi wila’ Ri’ wuchoch qa tza’kik kin bij chike’ je’ xe’ kila’ le wuchoch.

Job iq’ je lajuj qi’j xin kej’e pa’ karza’ pa’ Chimaltenango.

El día que salió de la cárcel nadie la acompañó. No hay microbus ni ningún transporte público hacia la casa de Juana. Una abogada la llevó hasta un punto, y desde ahí empezó a caminar. Encontró un microbus y se subió hasta Uspantán. Desde ahí caminó. 

Tardó casi un día en llegar a su casa.

Este proyecto/documental/investigación/podcast fue producido gracias al apoyo del Fondo para Investigaciones y Nuevas Narrativas sobre Drogas de la Fundación Gabo.

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