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Bosques de cenizas

Esta es la cuarta postal climática, escrita desde un incendio en Zacapa, en las fronteras de la Sierra de las Minas. Después del amanecer apareció la ceniza, el cementerio de árboles, el fin de la primavera. En esta postal queríamos entender la catástrofe, imaginar el humo, las llamas. En este cuarto recorrido se pronosticaba un futuro de ceniza.

3 de diciembre de 2023

Para las pequeñas creaturas del futuro:

A veces, cuando logras acercarte demasiado al fuego es porque ya no queda nada. Sólo tocas las cenizas, la destrucción. Todavía te quemas.

Aquel día, uno de los últimos días de primavera, buscábamos a toda costa los vestigios de un incendio en el interior de un bosque de pinos. Queríamos entender la catástrofe. Queríamos ver la vehemencia de la combustión. Queríamos imaginar el humo, las llamas. Queríamos narrar lo sucedido y que, tal vez, muy ingenuamente tal vez, al tener imágenes de la escena, parte de aquella devastación se podía evitar en el futuro.

Nos habían contando de un lugar cercano al área protegida de la Sierra de las Minas, una cadena de montañas de 240 mil 537 hectáreas dentro del nororiente caluroso de Guatemala. El fuego había consumido casi una montaña entera, decían.

Que durante varias noches, desde la carretera, se podía ver como una incandescencia resplandeciente y arrebatada. Un fragmento del infierno.

Y a pesar de que el desastre había ocurrido hace casi un año, en el departamento de Zacapa, al parecer la ceniza todavía prevalecía y sustituía un bosque de pinos en la frontera de la biosfera reservada.  

La sierra de las Minas sufrió un grave incendio y todos los árboles quedaron reducidos a cenizas. Foto: Oliver de Ros.
La sierra de las Minas sufrió un grave incendio y todos los árboles quedaron reducidos a cenizas. Foto: Oliver de Ros.

—El fuego no llegó al área protegida, pero estuvo a punto de alcanzarla- nos comentó Salvador Flores, integrante de la organización ambiental Defensores de la Naturaleza.

Entonces, poco después del amanecer, apareció el cementerio de árboles. Cientos de pequeños troncos recortados, carbonizados, como lápidas amontonadas en la ladera de la montaña. La madera, los árboles, para entrar en combustión necesitan que la temperatura a su alrededor supere los 300 ºC. Y en ese momento, en medio de la niebla, en medio de ese bosque sombrío, pudimos imaginar esa temperatura caliente, demasiado caliente. 

Un leñador camina por el bosque quemado en la Sierra de las Minas. Foto: Oliver de Ros.
Un leñador camina por el bosque quemado en la Sierra de las Minas. Foto: Oliver de Ros.

Los ecologistas casi a diario denuncian que la escala logarítmica del fuego ha variado. Los incendios forestales han aumentado a nivel planetario. El planeta se calienta, desde 1980, a razón de 0.2 ºC por década. Lo dice Naciones Unidas, los científicos, los datos, los hechos.

En 2023 se contabilizaron 650 siniestros en toda Guatemala; el fuego acabó con 28 mil 700 hectareas de bosque pero ninguno de ellos logró interesar para convertise en tendencia en redes sociales. (Un estudio de la universidad de Colorado reveló que los humanos han sido responsables del 97 % del origen de los incendios en zonas de interfaz urbano-forestal, entre 1992 y 2015).

Después del incendio, los pinos de la sierra de las minas se vieron afectados por una plaga de gorgojo. Foto: Oliver de Ros.
Después del incendio, los pinos de la sierra de las minas se vieron afectados por una plaga de gorgojo. Foto: Oliver de Ros.

Aquí en Zacapa, en la aldea La Bolsa, la comunidad que quedó dos semanas atrapada por el fuego en la montaña, saben que el aire -incluso antes de aquel incendio- ha cambiado, que hay olas de calor extrañas que llegan con el viento y que sobre todo el clima no es el de antes. 

—El aire caliente que está llegando es como una esponja que absorbe la humedad. Seca los árboles, le quita agua a los suelos, a la vegetación—, explicaba Crisantos Ramírez, alcalde comunitario de La Bolsa.

Crisantos Ramírez, alcalde comunutario de La Bolsa, explica cómo los incendios secan los árboles y facilitan la llegada de plagas. Foto: Oliver de Ros.
Crisantos Ramírez, alcalde comunutario de La Bolsa, explica cómo los incendios secan los árboles y facilitan la llegada de plagas. Foto: Oliver de Ros.

Y esa sequedad está ocurriendo en esta aldea a pesar de ser parte de la frontera de un área protegida. Una frontera que, como todas las fronteras, siempre parece ser el escenario de una disputa. Acá se trata de qué tanto se deja avanzar el territorio para los cultivos y qué tanto se puede defender la biosfera verde reservada, el bosque, y una fauna de más de 885 especies entre aves, reptiles, anfibios y mamiferos.

Con el incendio en Zacapa, se evidenció que el bosque de toda la zona está debilitado. Hay algo que los científicos ecologistas llaman silvicultura. Y en esencia se trata de cómo gestionar el balance de las masas forestales, que haya continuidad de la vegetación, que los rodales o bosques se pueda utilizar de manera sostenible, que las rosas o quemas controladas se adecuen solo para los cultivos. Sin esa estabilidad, un incendio forestal parece siempre inevitable.

Al recorrer ese mundo de cenizas, sabes que los bosques de Guatemala se están desequilibrando. Hace más calor. Hay menos humedad. Y sobre todo se está produciendo estrés en los árboles: hojas cada vez más pequeñas, follajes verde pálido, crecimiento lento, caída prematura de las hojas, ramas muertas, hongos y plagas. 

—También hay hacinamiento, árboles viejos y jóvenes, luchando por espacios reducidos—, como señalaba Flores de Defensores de la Naturaleza.

Maderas en el suelo en la Sierra de las Minas. Foto: Oliver de Ros.
Maderas en el suelo en la Sierra de las Minas. Foto: Oliver de Ros.

Entre esos residuos de bosque -ese saldo del infierno-, y adentrándonos más en la montaña, notamos entre la cenizas a las empresas madereras. Sus máquinas como termitas aprovechando las astillas, buscando entre el hollín y la suciedad, algún sobreviviente para convertirlo en tabla.

En estos últimos días de la primavera, nos enteramos que se pronostican más incendios forestales. El fuego vendrá acompañado de veranos estivales. Ray Bradbury imaginó aquella novela donde el papel arde a 451 ºF (232ºC) y la humanidad se empeñaba en quemar todos los libros del planeta; y escribía (antes de la era digital) “La civilización morirá si el libro muere”. Los árboles, en esencia, arden a la misma temperatura.

https://www.no-ficcion.com/projects/esto-no-es-un-rio
https://www.no-ficcion.com/projects/el-descortezador

Esta es la cuarta postal del proyecto “Postales Climáticas, desde los últimos días de la primavera“. Recibe todas las postales en tu correo electrónico suscribiéndote aquí.

banner postales climáticas. Por: Diego Orellana

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