En el primer episodio del pódcast “Artistas y Cultura en los territorios” está dedicado a la biblioteca Paco Piñas, desde la mirada de Emily Una niña de 13 años que se ha convertido en una de las lectoras más activas de esta biblioteca en San Martín Jilotepeque, Chimaltenango.
TRANSCRIPCIÓN COMPLETA
Emily Sabán:
“Me llamó la atención, porque había muchos libros, tenía cosas interesantes. Para ese entonces yo estaba en primero”
Efecto sonoro: Página de libros pasando, con transición de música.
Narradora:
Hola, comunidad de escuchas de No Ficción, soy Elsa Amanda Chiquitó, reportera en No Ficción Radio. Hoy les traemos un nuevo episodio del podcast “Artistas y Cultura en los territorios”, el primero de 2026. Uno que habla sobre libros, letras y niñas que sueñan con tener una realidad distinta gracias a una biblioteca de libros en papel.
Esta es la historia de la biblioteca Paco Piñas, que surgió en 2016 de la preocupación por la falta de espacios de lectura, por la desigualdad en el acceso a educación formal y por la brecha tecnológica que prevalece en las comunidades.
Para acercarnos a esta historia les presento a Emily Sabán, a quien escuchamos al inicio de este capítulo. Emily tiene 13 años y es una de las lectoras más activas de esta biblioteca en San Martín Jilotepeque, Chimaltenango.
Efecto sonoro: Vehículo en movimiento, viento y sonido de árboles
Narradora:
San Martín Jilotepeque es un municipio ubicado a 69 kilómetros de la ciudad capital, predominantemente maya Kaqchikel, con una población de alrededor de 94 mil 900 habitantes, según proyecciones del Instituto Nacional de Estadística (INE) y con una economía eminentemente proveniente del comercio y la agricultura. Su nombre se origina del náhuatl, y se interpreta como “En el cerro de maíz”. San Martín Jilotepeque tiene 13 aldeas. En una de ellas, Xesuj, y específicamente en el caserío El Sauce, vive Emily, a dos kilómetros del casco urbano del municipio.
Con al menos 999 habitantes registrados desde el último censo poblacional y mencionado en el Plan de Desarrollo Municipal 2019-2032, el caserío El Sauce es una comunidad rural aún rodeada de muchos árboles, aunque con precarios servicios básicos. A nivel municipal la energía eléctrica alcanza al 85 % de los hogares, mientras que el agua potable cubre al 65 % y el acceso a internet en el que predomina el sistema de datos móviles es muy reducido, con solamente un 15 % de hogares con conexión fija.
Emily vive con su padre Edwin, su madre Dora, su hermano Samy, de siete años, y su hermana Isabel, de 19 meses. Su padre se dedica a la herrería; su madre, a las tareas del hogar y a la crianza de pollos, los cuales vende para ayudar con la economía de su hogar y con la alimentación de la familia. Durante el año también trabajan en fincas cortando café.
Emily, siendo la mayor de tres hermanos encontró en la biblioteca un espacio no solo de lectura, sino un aliado para poder romper la brecha de escolaridad. Según datos del último censo, el analfabetismo en San Martín Jilotepeque es del 22 %, y es más agudo en áreas rurales.
Siete años atrás, en 2019, cuando Emily tenía tan solo seis años, no imaginaba lo que asistir a la biblioteca le depararía.
Emily Sabán:
“Yo empecé a asistir a la biblioteca por medio de una mi compañera que tenía una hermana que asistía ahí. Ellas todos los días iban a la biblioteca, me pasaba trayendo, yo iba con ellas. Me llamó la atención porque había muchos libros, tenía cosas interesantes”
Narradora:
Lo que hace siete años inició como una distracción para esta niña, convirtiendo a los libros infantiles de papel en su refugio, ahora se han convertido en parte de su vida cotidiana, formando parte de un club de lectura para niñas que impulsa esta casa de libros.
La biblioteca Paco Piñas nació tres años antes de que Emily comenzara su vida de pequeña lectora, en 2016.
Hace casi diez años que la casa de la familia Arenas abrió sus puertas al fundar una biblioteca comunitaria, gestionada desde lo familiar. Algo que comenzó como un esfuerzo de fin de semana por Karina Arenas y sus hijas Linda y Fátima, se convirtió años más tarde en un proyecto que busca no solamente la generación de conocimiento, sino también la defensa y protección de los espacios de lectura en papel.
Karina Arenas creció en la capital de Guatemala, pero su corazón siempre estuvo en San Martín. A este territorio le ata una historia familiar, la de su padre Juan Francisco Arenas, quien nació y creció en este municipio en los años treinta. Karina habla de su padre como un niño que creció en medio de carencias: en aquellos años estudiar era muy difícil y solo pudo cursar tercero de primaria… aunque décadas después se reencontraría con la escuela. En medio de ese recuerdo de limitaciones, Karina resalta una anécdota graciosa -dice ella-, que la llevó a darle nombre a la biblioteca.
Karina Arenas:
“En ese tiempo su abuelo era marranero, él no tuvo papá y el abuelo como mataban los coches bien tempranito, él miraba que al maestro los demás niños le llevaban regalos y él no tenía dinero para llevarle regalos, le agarraba al papá unas piñas sancochadas y eso le llevaba de regalo al profesor. Como era gracioso, pienso yo, que alguien llevara piñas sancochadas envueltas en hoja de plátano, entonces le empezaron a decir, “Paco Piñas”
Narradora:
Pero la verdadera razón detrás del nombre de la biblioteca se centra en el esfuerzo que Juan Francisco Arenas realizó para terminar sus estudios. A los 45 años continúo con el nivel primario acelerado, después continuó con la secundaria y bachillerato, ambos por madurez. A los 50 ingresó a la Universidad de San Carlos, de Guatemala, y se graduó como abogado y notario a los 58. Karina mencionó que su padre la inspiró a crear un espacio de lectura y nos dijo esto.
Karina Arenas:
“Paco Piñas, que era un niño descalzo, pobre, le gustó leer. Yo quería que los niños supieran que el Paco Piñas que creció en la aldea en San Martín fue el que después logró entrar a la universidad y graduarse”
Efecto sonoro: Sonido de vehículos y caos de la ciudad
Efecto sonoro: Niños jugando y riendo
Narradora:
En 2013, Karina decidió dejar la ciudad y mudarse a la aldea buscando que su hija menor, Fátima, tuviera una infancia como la de antes: jugando en la calle, con los vecinos. Algo que en la actualidad difícilmente puede hacerse en la ciudad.
Al llegar, Karina se dio cuenta de que el acceso a vivir momentos al aire libre no era lo único que separaba a los niños de la aldea de los de la ciudad: había una brecha más grande, una brecha de palabras, de conocimiento.
Karina Arenas:
“Yo decía, ¡Si nos vamos allá, Fátima Leonor, que es la más pequeña, va a poder jugar con los niños de ahí! Y llegaban los niños a jugar, pero yo veía la diferencia que había en su vocabulario y a veces -a mi hija le gusta mucho leer- decía, “Leamos.” Y ella en segundo primaria ya leía bien y ellos apenas estaban leyendo y ya estaban en tercero o cuarto primaria”
Narradora:
Esa diferencia no era falta de capacidad. Era la falta de acceso a una educación de calidad, de una clara y conocida desigualdad estructural entre lo urbano y lo rural. Así nació la idea de crear un refugio entre letras y papel.
Transición con música
Lo que inició como una propuesta dominical de lectura a cargo de la familia Arenas en el caserío El Sauce, fue extendiéndose a más días de la semana, transformándose de un lugar de lectura y consultas de libros, a un centro de tutoría escolar y acompañamiento en gestión de becas. Tras diez años de su fundación en casa de la familia Arenas, Karina y sus hijas sueñan con que la biblioteca tenga un espacio propio y que pueda ser gestionado a nivel comunitario. Con una casa propia para los libros.
Emily, influenciada por Juana Elvira, una de las niñas referentes de la primera generación de lectoras, encontró en las tardes de lectura una puerta para descubrir su cariño por los libros.
Emily Sabán:
“Gracias a la biblioteca yo obtuve una beca para estudiar inglés los días sábados. Gracias a esa beca para estudiar inglés logré aprender bastante inglés y prepararme para mis exámenes de inglés que tenía que hacer para poder entrar con la beca en el colegio. Entonces, gracias a la biblioteca yo tuve la beca para ir al colegio”
Narradora:
Emily ahora tiene 13 años. Está por comenzar el séptimo grado en el Colegio Mesoamericano, en Chimaltenango. Durante estos siete años que lleva yendo a la biblioteca como lectora recurrente dice que sabe que es el momento de experimentar con otro tipo de lectura. Le gusta la ficción, pero quiere entender la realidad en la que vive. Otras niñas también le acompañan en la biblioteca, juntas son parte del club de niñas lectoras, que fundó Fátima Arenas, la hija menor de Karina.
Las diferencias de participación para las niñas son muy marcadas, dice Karina, aquí nos cuenta algunas razones.
Karina Arenas:
“Teníamos 11 niñas y más de 20 niños., era una relación de más de dos niños por niña. Y entonces yo me quedé pensando, bueno, ¿por qué vienen más niños que niñas? Y era porque a la niña le tocaba quedarse en la casa haciendo el quehacer después de la escuela”
Narradora:
El club era la excusa perfecta para que las niñas se integraran a las tardes de lectura y tutorías estudiantiles, la meta era que cada vez más niñas perdieran el miedo a hablar en grupos y a dominar la lectura. Actualmente al club asisten alrededor de 20 niñas de entre 7 y 15 años de edad.
Emily dice que, saber que varios de los libros que ha leído han sido escritos por mujeres la ha estimulado a aprender más, y también la inspiran personajes que ha encontrado en esas páginas como científicas, artistas o profesionales mujeres en distintas áreas.
Emily Sabán:
“Esa es mi parte favorita y porque, bueno, me motiva a mí para seguir adelante”
Narradora:
Emily prefiere pasar sus tardes en la biblioteca, aunque aclara que ahora que está comenzando otra etapa, su tiempo se reduce cada vez más. Aún así su relación con los libros es algo que no piensa dejar del todo. Agrega que la tecnología es algo inevitable de usar. Cuenta que ahora tiene que hacer uso del correo electrónico y otras plataformas para estudiar. Sin embargo, es algo por lo que no piensa reemplazar a los libros en papel. Por el contrario, piensa que el uso excesivo e irresponsable de dispositivos electrónicos puede generar riesgos para la niñez.
Efecto sonoro: Sonido de teclado de computadora, sonido de notificación de mensajes de redes sociales.
Emily Sabán:
“En mi opinión personal puede ser que al leer no se mantengan tanto con el celular, porque el celular tiene bastantes aplicaciones, puede afectar su mentalidad. Las aplicaciones de Facebook, TikTok y todas esas a veces contienen contenidos muy fuertes para las niñas. ”
Narradora:
En un mundo en donde la tecnología y la inteligencia artificial están reemplazando cada vez más al papel y el tiempo de lectura entre las nuevas generaciones, una biblioteca como la Paco Piñas es la viva resistencia en una población donde la brecha digital es gigante, en donde imaginar un mundo distinto a través de los libros aún es posible.
La tecnología ha traído consigo otras dinámicas de convivencia en la juventud y sus planes de vida también han cambiado con la influencia de las redes sociales, dice Karina. La biblioteca se convirtió en el punto de encuentro. Pero el desafío es grande: ¿Cómo competir con las pantallas? ¿Cómo convencer a una generación nativa digital de que los libros en papel son importantes?
Karina Arenas:
“Ahorita no hay muchos adolescentes, algunos que medio llegaron y se están dedicando ahora a ser youtuber, que hacen sus chistes, memes y videítos de risa y eso están subiendo y que les pagan los anuncios ahí en el pueblo y entonces sienten que ya tienen un futuro asegurado”
Narradora:
Pero Karina no baja la guardia, continúa desde la distancia promoviendo la participación de la niñez en el caserío El Sauce. Lo hace por medio de actividades recreativas. Lo que asegura la participación de 94 niños y niñas de manera recurrente durante todo año.
La biblioteca Paco Piñas hasta ahora tiene bajo su resguardo aproximadamente 2 mil libros de lectura infantil, juvenil, clásicos latinoamericanos y desde luego de Guatemala. Algunos han sido donados por librerías como Sophos, o por Editorial Piedrasanta, o por instituciones como el Fondo de Cultura Económica. Esta biblioteca ha obtenido menciones honoríficas en la Feria Internacional del Libro en Guatemala, lo que le ha valido para obtener fondos para adquirir libros.
No obstante, la biblioteca enfrenta desafíos como su propia sostenibilidad, con un presupuesto anual de al menos 32 mil quetzales (un poco más de 4 mil dólares), debe afrontar pagos mensuales significativos para las bibliotecarias que se encargan de abrir el centro de lunes a sábado, más las facturas de energía eléctrica, agua e internet. Diez años después la familia Arenas continúa con el mantenimiento del 90 % de la biblioteca, mientras los padres de familia asumen actualmente el pago del servicio de internet. Karina, su fundadora, sueña con un espacio administrado por la comunidad, con edificio propio y con un plan de gestión comunitario a largo plazo. Mientras tanto, no se cierran a recibir algún tipo de apoyo institucional que pueda ayudar con la sostenibilidad.
Transición con música
Narradora:
Bibliotecas como Paco Piñas, con muchos desafíos y todo a contracorriente, han dejado en la niñez la capacidad y el amor a la lectura, en una comunidad donde las oportunidades pueden ser escasas. Emily está construyendo su propio futuro de la mano de los libros.
Emily Sabán:
“Mi sueño es convertirme en una doctora, seguir estudiando, y tal vez si me dan la oportunidad todavía y seguir estudiando con beca en alguna universidad para poder ser doctora”
Karina no quiere solo una habitación con estantes llenos de libros, su deseo es que los libros le devuelvan la ilusión a las niñas, que aún con desigualdades marcadas por el sistema estructural, existe la posibilidad de cambiar lo que el racismo y la discriminación por años ha tenido como destino para la niñez indígena.
Cierre con música
Este podcast es producido por No Ficción.
Con entrevistas, guion, grabación y edición de Elsa Amanda Chiquitó.
La edición del texto estuvo a cargo de Ricardo Vaquerano.
Para conocer más de la biblioteca Paco Piñas visita las redes sociales de No Ficción, en donde encontrarás un carrusel sobre su trabajo.
No te pierdas nuestro próximo episodio para conocer espacios y proyectos culturales a lo largo y ancho de Iximulew.
