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Bernardo Arévalo, electo presidente de Guatemala, junto a la vicepresidenta, Karin Herrera, ayer tras conocer su triunfo. Foto: Edwin Bercián.
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Arévalo electo presidente: el gobierno de la nueva primavera

Bernardo Arévalo ganó ayer la presidencia de Guatemala con casi el 60 por ciento de los votos. Se trata de un candidato poco esperado para un país que hace siete décadas no votaba por un presidente que se posiciona claramente como social-demócrata. Guatemala no suele celebrar a quien gana las elecciones, pero tras su victoria salieron a tomar las calles. Con él, los guatemaltecos intentan que germine la democracia. Setenta años más tarde, se vuelve a hablar de primavera.

Bernardo Arévalo, el presidente electo de Guatemala, no era uno de los candidatos con mayor presencia electoral hace apenas unos meses. Su nombre siempre fue excluido de las primeras encuestas nacionales. Pero junto a su partido, el Movimiento Semilla, fue escalando, poco a poco, con un sprint final. 

En la primera ronda de elecciones, llevada a cabo el pasado 25 de junio, logró el segundo lugar. Y ayer en la segunda vuelta, ganó con casi un sesenta por ciento de los votos registrados (58,01%). Algo inesperado para un país que hace seis décadas no votaba por un presidente que se posiciona claramente como social-demócrata. 

Su éxito, según analistas y académicos, puede explicarse como consecuencia de la forma en que el sistema político de Guatemala –apoyado por el Poder Judicial- se encargó de eliminar de la contienda electoral de 2023 a varios candidatos que aglutinaban, en conjunto, propuestas antisistema, cambios estructurales, outsiders, y hasta reformas plurinacionales.

Bernardo Arévalo tras ganar la primera vuelta de las elecciones generales de Guatemala. Foto: Edwin Bercián.
Bernardo Arévalo tras ganar la primera vuelta de las elecciones generales de Guatemala. Foto: Edwin Bercián.

Arévalo, académico, hijo de Juan José Arévalo, el ex presidente que representó la primavera democrática entre 1944 y 1954, con una perspectiva progresista, fue uno de los pocos que quedó dentro de las apuestas de rechazo a la política tradicional guatemalteca. Esta fue una de las improntas que prevaleció en el electorado hasta su enfrentamiento este 20 de agosto contra Sandra Torres, la candidata del partido Unidad Nacional de la Esperanza (UNE), que buscaba la presidencia por tercera ocasión.

“Nos han reconocido los resultados y lo que el pueblo grita es: basta ya de tanta corrupción”, decía ayer Arévalo, ya perfilado como presidente electo, rodeado por un enjambre de más de 100 cámaras y micrófonos. Arévalo, poco acostumbrado a recibir tanta atención, estaba acompañado de la  vicepresidenta electa, la química farmaceútica Karin Herrera, en un pequeño salón de un hotel de la ciudad de Guatemala.

A esa hora, cerca de las 10 de la noche, con el 100 por ciento de mesas electorales contabilizadas a nivel nacional, el sistema de Resultados Electorales Preliminares le otorgaba 2 millones 441 mil 661 votos a favor, más de 20 puntos porcentuales por encima de su contrincante, Sandra Torres, con 1 millón 567 mil 472 votos.

“Nos han reconocido los resultados y lo que el pueblo grita es: basta ya de tanta corrupción”, decía ayer Arévalo, ya perfilado como presidente electo.

Durante todo el día, Arévalo lanzó frases como: “estamos esperanzados en que viene un futuro mejor”, o “que hoy triunfe la democracia”. Y también: “el que va a ganar es el pueblo de Guatemala”. 

Pero con los resultados a su favor, esa noche se dirigió a su equipo más cercano y miembros claves de su partido, reconociendo que el panorama, a partir de ahora, no será tan sencillo. Como organización, tendrán que “defender el voto”, “porque les vamos a ganar logrando que el pueblo de Guatemala se posicione detrás de los principios del Estado de Derecho y de Justicia”. Y, como dijo, cuando por fin logren asumir el 14 de enero de 2024, tendrán 4 años para demostrar que “la esperanza no estuvo mal colocada”.

El presidente electo de Guatemala, Bernardo Arévalo, el 20 de agosto tras emitir su voto. Foto: Edwin Bercián.
El presidente electo de Guatemala, Bernardo Arévalo, el 20 de agosto tras emitir su voto. Foto: Edwin Bercián.

El sistema desafiado

La elección de Bernardo Arévalo como presidente de Guatemala estuvo marcada por un fenómeno principal: el auge del voto de rechazo al sistema político tradicional. Un sistema caracterizado en los últimos años por la criminalización en contra de cualquier voz crítica o disidente. Hay más de 30 operadores de justicia guatemaltecos en el exilio, casi una decena de periodistas fuera del país, y varios activistas de Derechos Humanos bajo acoso judicial. 

El partido que representa Arévalo, el Movimiento Semilla, también forma parte de este ecosistema que desafía a los actores que procuran impunidad. Semilla surgió de las protestas de 2015, cuando miles de ciudadanos se indignaron por las investigaciones de corrupción que presentó la extinta Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG).

“Guatemala se merece una nueva primavera, porque Guatemala se merece un futuro digno y para poder hacerlo hay que arrancarles las instituciones a esos corruptos”, repitió Arévalo durante toda su campaña. 

La elección de Bernardo Arévalo como presidente de Guatemala estuvo marcada por un fenómeno principal: el auge del voto de rechazo al sistema político tradicional.

En la jornada electoral inesperada del 25 de junio, en la que sorpresivamente Arévalo pasó a segunda vuelta y su partido consiguió convertirse en la tercera fuerza del Congreso, el rechazo del sistema político tradicional, ahora amenazado, se mostró inminente.

Seis días después de los comicios, nueve partidos lograron que la Corte de Constitucionalidad suspendiera los resultados electorales. Y 17 días después, el mismo día en que el Tribunal Supremo Electoral oficializó el balotaje entre Arévalo y Torres, un juez de instancia penal, de nombre Fredy Orellana, solicitó suspender la personería jurídica de Semilla a través de la Fiscalía Especial contra la Impunidad (FECI) del Ministerio Público (MP).

A ello le siguieron una serie de allanamientos, en el Tribunal Supremo Electoral y en la propia sede del partido Semilla. Además de un caso presentado por el jefe de la FECI, Rafael Curruchiche, en el que indicaba que aparecían más de 5 mil firmas falsificadas y firmas de fallecidos en los documentos de conformación del Movimiento Semilla. Ante las amenazas de capturas, fundadores del partido Semilla, como el economista y ex ministro de Finanzas, Juan Alberto Fuentes Knight, decidieron salir al exilio. 

Bernardo Arévalo y Karin Herrera en la noche del 20 de agosto, tras conocer los resultados que les dieron la presidencia y vicepresidencia del país. Foto: Edwin Bercián.
Bernardo Arévalo y Karin Herrera en la noche del 20 de agosto, tras conocer los resultados que les dieron la presidencia y vicepresidencia del país. Foto: Edwin Bercián.

Tan sólo un amparo de la Corte de Constitucionalidad ha mantenido con vida al partido durante estas elecciones.

La noche del 20 de agosto, el presidente electo de Guatemala, dijo: “Sabemos que hay una persecución política en curso, que se lleva a cabo por medio de las instituciones, las fiscalías y los jueces que han estado cooptados corruptamente”.

Arévalo estimó también que lograrán tomar posesión el próximo 14 de enero. Su confianza fue depositada en que las elecciones han terminado, en que se aceptarán los resultados, y que una transición de funciones será preparada. De hecho, Arévalo confirmó la llamada del actual presidente, Alejandro Giammattei, para coordinar el traspaso de poder después de la oficialización de los resultados.

“Quisiéramos pensar que la contundencia de esta victoria será evidente y que los intentos por descarrilar este proceso electoral no van a tener lugar, porque el pueblo de Guatemala habló contundentemente”, dijo Bernardo Arévalo.

Sandra Torres, la candidata del partido UNE, durante una conferencia de prensa el día de la segunda vuelta de las elecciones generales en Guatemala. Foto: Andrea Godínez
Sandra Torres, la candidata del partido UNE, durante una conferencia de prensa el día de la segunda vuelta de las elecciones generales en Guatemala. Foto: Andrea Godínez

Una contrincante desgastada

El nuevo presidente de Guatemala, Bernardo Arévalo, necesitó también en esencia de su contrincante, Sandra Torres, para poder ser electo. Sin ella, y sin sus contradicciones políticas, una propuesta antisistema no hubiera sido posible. 

Fue la tercera vez que la UNE, uno de los históricos partidos políticos de Guatemala, postuló a Sandra Torres como presidenta. Con la UNE, Torres logró gobernar junto a su ex esposo, el fallecido Álvaro Colom, entre 2008 y 2012. Y en 2023, el partido buscaba la posibilidad de volver a hacer gobierno. Esta vez con un cambio de imagen muy marcado. Torres se presentó más conservadora, y sobre todo con una inflexión de ideología, incluyendo a una facción de pastores evangélicos y operadores políticos investigados por su cercanía al crimen organizado entre sus filas.

“Vamos a proteger los valores y por eso estamos en contra del matrimonio entre dos hombres o dos mujeres, estamos en contra del aborto”, afirmó Torres durante toda su campaña de este año.

La UNE, ante el electorado, ya se percibe como un partido viejo y desesperado. Un partido que durante las últimas elecciones ha mantenido las cifras en su intención de voto, siempre rondando el millón de electores para la presidencia. En cada proceso electoral, sin embargo, la UNE pierde territorio. Por ejemplo, de 106 alcaldes electos de 340 municipios en 2019, este año disminuyó a solo 38. De 52 diputados en 2019, para 2024 sólo contará con 28.

La UNE, ante el electorado, ya se percibe como un partido viejo y desesperado. En cada proceso electoral la UNE pierde territorio.

Durante su discurso de cierre de campaña realizado el viernes 18 de agosto en el mercado La Terminal, Sandra Torres aseguró que “la ignorancia es la riqueza cultural de nuestro pueblo”, lo que devino en burlas y memes en redes sociales. También devino en la reconfiguración histórica del voto de rechazo contra Torres que, desde los primeros meses del año electoral alcanzaba un 34.8%, como aseguró una encuesta de Prensa Libre

Tras los resultados del 20 de agosto, el presidente electo Bernardo Arévalo indicó reconocer a Sandra Torres. Dijo: “Tenemos enfoques distintos en política, pero a ella y a sus electores les garantizamos que sus derechos como ciudadanos serán promovidos y protegidos por el Gobierno de ‘la nueva primavera’”. 

Hasta el momento, la exprimera dama no se ha pronunciado tras los números que dieron como ganador a Bernardo Arévalo de León en la segunda vuelta electoral. Sin embargo, el Comité Ejecutivo Nacional de la UNE publicó un comunicado donde parecen desconocer los resultados. En este informan que se declaran en sesión permanente por los últimos acontecimientos registrados con el conteo de votos de la jornada electoral del 20 de agosto. También señalan que fijarán una postura definitiva cuando se “esclarezcan los resultados con total transparencia, tal y como hemos venido exigiendo en cuanto al uso del Sistema de Transmisión de Resultados Electorales Preliminares (TREP)”.

Los guatemaltecos y guatemaltecas salieron ayer a festejar la victoria de Bernardo Arévalo tras conocerse el resultado electoral. Foto: Edwin Bercián.
Los guatemaltecos y guatemaltecas salieron ayer a festejar la victoria de Bernardo Arévalo tras conocerse el resultado electoral. Foto: Edwin Bercián.

Actos de primavera

Guatemala no suele celebrar a los candidatos que ganan unas elecciones. Al menos por iniciativa propia de los votantes no se festeja a un presidente electo. Y son los partidos políticos, desde la llegada de la era democrática en 1985, los que arman sus propios eventos de celebración, con tarimas, músicos contratados, comediantes y gente que llega a cambio de un estipendio. Son pocos los que asisten autoconvocados.

Pero tras las tendencias de resultados de la segunda vuelta en las elecciones de 2023, donde se perfilaba a Bernardo Arévalo como el ganador, el electorado decidió tomar las calles y festejar. 

Se trató de un acto espontáneo. El lugar elegido fue la plaza Obelisco o Monumento a los próceres de la Independencia, en la zona 10 de ciudad de Guatemala. Se trató de un electorado que buscaba despejar la incertidumbre, tratando de encontrar alguna certeza a estas elecciones. Unas elecciones en las que a muchos les negaron candidatos, partidos y opciones.

Una mujer maya celebra en Ciudad de Guatemala el triunfo de Bernardo Arévalo en la Plaza del Obelisco en Ciudad de Guatemala. Foto: Edwin Bercián.
Tras las tendencias de resultados, donde se perfilaba a Bernardo Arévalo como el ganador, el electorado decidió tomar las calles y festejar. Foto: Edwin Bercián.

“Eso pasa cuando gana mi equipo de fútbol, no pasa cuando se gana una elección. Y esta es una demostración del cambio de ánimo que estamos viviendo en Guatemala. Los guatemaltecos hoy tienen esperanza”, comentaba el presidente electo Bernardo Arévalo.

Arévalo ha llamado a su propuesta política como “el gobierno de la nueva primavera”. En la trayectoria personal del nuevo presidente está vigente este simbolismo. En Guatemala, la revolución de octubre de 1944 inauguró un período de diez años de reformas sociales democráticas bajo dos presidentes: Juan José Arévalo (1945-1950) y Jacobo Arbenz (1950-1954). La revolución también fue impulsada por el crecimiento económico de la posguerra y la movilización política en toda la región. 

Pero terminó con el notorio golpe de Estado respaldado por la CIA, en 1954.

“Eso pasa cuando gana mi equipo de fútbol, no pasa cuando se gana una elección”, dijo ayer el presidente electo, Bernardo Arévalo.

Setenta años más tarde, se vuelve a hablar de primavera. Pero es una primavera que enfrenta a un invierno democrático, donde la falta de contrapesos entre el Ejecutivo, Legislativo y Judicial han creado una especie de “dictadura corporativa”. Una dictadura que tiene capturado todo el sistema de justicia, con arbitrariedades en la persecución penal que se han alineado para procurar impunidad. 

Los fallos judiciales aún se mantienen como una amenaza en contra del nuevo presidente de Guatemala, su partido y sus diputados electos. En año de elecciones, la justicia y sobre todo, el Ministerio Público, se han utilizado para neutralizar y eliminar candidatos como un síntoma del deterioro democrático. Pero las guatemaltecas y guatemaltecos han decidido votar para hacer germinar la democracia, para ver crecer la primavera. 

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