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Edmond Mulet es candidato presidencial en 2023.
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Edmond Mulet: el diplomático del sí a todo

El exdiplomático Edmond Mulet es, al mismo tiempo, uno de los candidatos presidenciales más nuevos y más veteranos en esta elección. En 1981, cuando Zury Ríos era una adolescente, él ya había emprendido su primera campaña electoral. En 1992, cuando nadie sabía quién era Sandra Torres, él presidía el Congreso. Ahora, con 72 años y una carrera de cinco décadas conviviendo con regímenes de todo tipo, se presenta como un candidato conservador, pero también alternativo y renovador. Así es él, un elocuente hombre de derecha, que sabe decir a todos lo que quieren escuchar.

Tres Candidatos Cinco Fechas es una serie de tres perfiles sobre los candidatos que lideran las encuestas en esta elección presidencial. Describe la trayectoria de Sandra Torres, Zury Ríos y Edmond Mulet a través de cinco fechas claves para el país o para ellos: 1982 y 1996 ‒los años que definieron la guerra y la paz‒ 2007 y 2019 ‒los años que definieron el auge y caída de la lucha contra la impunidad‒ y 2023 ‒el año en el que podrían alcanzar la presidencia.

Texto: Sofía Menchú / Foto: Edwin Bercián / Edición: Asier Andrés

Era otro lunes más en la campaña electoral de 2023. Otro lunes de conferencia de prensa, en el que el candidato aprovechaba para dar discursos, responder preguntas y tratar de captar la atención de los medios de comunicación.

Esta vez, el lugar era una esquina del parque Concordia, en la zona 1 capitalina. Edmond Mulet vestía un traje azul y zapatos negros bien lustrados. Ante un grupo de unas 20 personas, la mayoría adultos mayores y uno que otro vendedor que pasaba por el lugar, Mulet daba detalles sobre su plan de gobierno.

Al finalizar la actividad, un joven en silla de ruedas, supuestamente espontáneo, se acercó al candidato. El muchacho le contó que se graduó de bachiller, pero que no consigue trabajo porque las empresas lo “discriminan” por ser una persona con discapacidad.

Después, le preguntó al candidato qué haría su gobierno para ayudar a gente como él.

“Una empresa que contrate a una persona con discapacidad va a tener un subsidio del 30 por ciento de ese sueldo y así motivar a las empresas a que contraten a personas con discapacidad”, respondió Mulet. Ambos se abrazaron después.

Su plan de gobierno, que es uno de los más detallados de esta campaña, no menciona esta promesa. Sí contempla un plan similar para que las empresas contraten a menores de 26 años o a mayores de 55, pero no a personas con discapacidad.

Unos días antes, en un debate televisado, Mulet tuvo un minuto y medio para hablar sobre sus propuestas para atendar la discapacidad, pero no mencionó este incentivo fiscal.

Edmond Mulet es candidato a la presidencia en 2023.
El programa de Edmond Mulet es uno de los más completos de este ciclo electoral. Analistas políticos han destacado este mérito del candidato de Cabal. (Foto: Edwin Bercián)

Así es Mulet, un hombre que, en esta elección, tiene una promesa para cada necesidad.

Ante los conservadores y la élite económica, se presenta como una garantía de libertad económica, bajos impuestos y un Estado austero.

Ante la mayoría de escasos recursos, como un presidente generoso que pondrá dinero público directamente en los bolsillos de la población. Promete entregar Q40 mensuales por familia para pagar el gas, créditos de Q20 mil para re financiar deudas, una pensión de jubilación universal de al menos Q500 mensuales y asegura que repartirá 2.5 millones de tablets con videojuegos a los estudiantes de secundaria.  

A los sectores reacios a la lucha contra la impunidad, les tranquiliza, prometiendo no restaurar la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG) y guardando silencio sobre la exclusión de candidatos en estos comicios.  

A los sectores críticos, les induce a pensar que destituirá a la actual fiscal general Consuelo Porras, que protegerá a instituciones independientes como la prensa y les recuerda que el actual régimen también lo ha perseguido a él.

Edmond Mulet es un abogado que ha hecho carrera en la diplomacia guatemalteca y alcanzado altos cargos en la Organización de Naciones Unidas (ONU). Y esa trayectoria influye.

“Mulet es más diplomático que político. Quiere quedar bien con todos”, dijo Roberto Alejos, quien compartió con él cuando ambos eran diputados durante la primera legislatura del actual régimen constitucional, entre 1986 y 1991.

Edmond Mulet es candidato presidencial en las elecciones de 2023.
Edmond Mulet ha enfrentado un panorama político polarizado, pero ha conseguido presentarse como un moderado que podría ser una alternativa frente a candidatos más tradicionales. (Foto: Edwin Bercián)

Este discurso ambivalente ha convencido a muchos. En su primera participación en la elección presidencial, en 2019, quedó tercero y obtuvo casi medio millón de votos, a pesar de tener el respaldo de un pequeño partido.  

Ahora, de nuevo, está entre los favoritos para pasar a segunda vuelta. Y esta vez, ya no está tan solo. Ha construido una de las estructuras electorales más grandes de estos comicios. Multitud de liderazgos tradicionales, algunos de ellos cuestionados por su vinculación a casos de corrupción, se han unido a la plataforma creada por Mulet, el mismo candidato que ha prometido renovar la política.

Una paradoja que refleja a una figura compleja, que se ha ido adaptando a la realidad de cada momento.

En las décadas de 1970 y 1980 hizo negocio en la industria de las adopciones internacionales. También participó en un sistema electoral excluyente, en un contexto de brutal violencia política apoyada, en parte, por partidos como el Movimiento de Liberación Nacional (MLN), en el que él militó.

En los 90, pasó de la derecha al centro político y utilizó el Congreso como plataforma para dar el salto a la misma actividad a la que también se dedicó su papá: la diplomacia.

En las décadas siguientes logró mantenerse en el servicio diplomático, ocupar embajadas importantes y ascender en el sistema de Naciones Unidas más que ningún otro guatemalteco.

Ahora cuando sobrepasa los 70 años, una edad en la que otras personas de su posición social piensan en el retiro, él desea ser presidente de más edad del periodo democrático.

El candidato Edmond Mulet cuando era un niño
El actual candidato Edmond Mulet cuando era un niño. Mulet creció en la década de 1950, en la Guatemala anticomunista de los primeros años de la llamada “liberación”. Su papá fue parte de este movimiento. (Foto: Cortesia de Edmond Mulet)

1982: Los inicios

El golpe de Estado de marzo de 1982 dejó al general Aníbal Guevara sin la presidencia y a casi 70 diputados que fueron electos en esos comicios sin sus curules.  Edmond Auguste Mulet Lesieur, un abogado de 31 años recién cumplidos, fue uno de ellos.

En esas elecciones, Mulet fue candidato del Partido Nacional Renovador (PNR), una agrupación creada poco antes por un grupo de exintegrantes del MLN, reunidos en torno a Alejandro Maldonado Aguirre.

La mayoría de ellos eran jóvenes profesionales que decidieron separarse del tradicional partido de la ultra derecha y comenzar un partido derechista más cercano a su propia generación.

El MLN era controlado por el exvicepresidente Mario Sandoval Alarcón y jóvenes como Mulet deseaban renovar el partido e impulsar como candidato a la presidencia a Maldonado.  Al no lograrlo, decidieron romper con el MLN y formar el PNR para impulsar la candidatura a la presidencia de Maldonado.  

A pesar de los problemas que entonces enfrentaban los políticos socialdemócratas o de izquierda para inscribirse, los integrantes del PNR no tuvieron problema para crear su agrupación.

Pudieron participar en la elección de 1982 y aunque su candidato quedó tercero, el PNR logró entrar en el Congreso con, entre otros, el joven abogado Mulet.

Los sucesos de la mañana del 23 de marzo, sin embargo, lo cambiaron todo. La elección fue cancelada y una junta militar liderada por el general Efraín Ríos Montt tomó el poder y cambió el rumbo de la historia del país.

Las aspiraciones de Mulet de ser diputado y comenzar una carrera política tendrían que esperar.

Edmond Mulet creció en un entorno familiar privilegiado. Su papá era un liberacionista que ocupó cargos diplomáticos en las dictaduras militares y tuvo un semanario. (Foto: Cortesia de Edmond Mulet)

Mulet nació en 1951 en el seno de una familia acomodada y conservadora que se rodeaba de políticos, oficiales militares y empresarios. Fue el mayor de los tres hijos que tuvo el matrimonio formado por Augusto Mulet Descamps y la canadiense Simone Lesieur.

Cuando era un niño, Edmond Mulet estudió en Canadá, Estados Unidos y Suiza, donde aprendió a hablar dos idiomas, inglés y francés, que le serían de gran utilidad en su futura carrera diplomática.

Mulet pasó tiempo en esos países porque su padre era diplomático. Primero el coronel anticomunista Carlos Castillo Armas lo nombró embajador en Canadá y Estados Unidos. Y después, fue embajador en Suiza durante la presidencia de otro derechista, el general José Miguel Ydígoras Fuentes.

Al comienzo de la década de 1960, el papá de Mulet regresó a Guatemala y fundó el semanario ¡Alerta!. Mulet regresó con él y comenzó a estudiar la secundaria en el militar Instituto Adolfo V. Hall. Allí se graduó de bachiller y subteniente de la reserva.

La carrera militar, sin embargo, no era para él. Le interesaba el mundo de la política y pronto comenzó a escribir columnas en el periódico de su padre y en otros medios. Comenzó así una intermitente carrera como articulista de prensa, que le llevaría a escribir en medios destacados como la revista Crónica o el diario elPeriódico.  

Aunque quería ser arquitecto, al final estudió Derecho en la Universidad Mariano Gálvez. Tras graduarse, comenzó a trabajar como subgerente en Continental Motores, la representación de los vehículos alemanes Volkswagen en el país. Esta era una empresa de un amigo de la familia.

Sin embargo, un tiempo después encontró su vocación: abrió su propia oficina jurídica y comenzó a acercarse al mundo de la política.

Edmond Mulet es candidato en la eleccion de 2023.
Edmond Mulet dio sus primeros pasos en política en el MLN, el partido de la ultraderecha, en el que convivían los escuadrones de la muerte y figuras procedentes de las clases más altas. (Foto: Cortesía de Edmond Mulet)

En 1976 se unió al ultraderechista MLN, el partido entonces en el poder. Era un partido grande en el que convivían varias familias políticas. Había sectores radicales y violentos que apoyaban la formación de escuadrones de la muerte. Y también grupos más moderados, compuestos principalmente de profesionales de clases acomodadas.

Mulet se integró con estos últimos. Sus primeros pasos en política ocurrieron junto a Alejandro Maldonado Aguirre y el grupo de profesionales dentro del MLN, que él lideraba.

Ambos se habían conocido en 1971, cuando Mulet trabajaba en el semanario de su padre y Maldonado Aguirre era ministro de Educación.

Maldonado Aguirre era un veterano liberacionista que había participado en el movimiento desde que propiciaron la caída del gobierno de Jacobo Árbenz en 1954. Fue diputado, diplomático y ministro (muchos años después también sería magistrado de la Corte de Constitucionalidad y fugaz presidente del país entre 2015 y 2016).

Pero para mediados de la década de 1970, Maldonado Aguirre buscaba su camino propio en política y había creado a su alrededor un grupo que le siguió cuando salió definitivamente del MLN y lanzó su candidatura a la presidencia en 1982.

La relación con Maldonado sería muy importante para Mulet. No solo dejaron juntos el MLN y fundaron el PNR, también comenzaron a compartir la misma oficina jurídica.

Aquí es cuando Mulet se involucra en una actividad cuya sombra le persigue hasta el día de hoy: las adopciones internacionales de niños.

Edmond Mulet se dedicó a las adopciones internacionales.
Edmond Mulet se dedicó a las adopciones internacionales y fue capturado a finales de 1981 por esta actividad. (Foto: Hemeroteca Prensa Libre)

En 1977, un cambio en la legislación permitió que en Guatemala los procesos de adopción, se pudiesen realizar, básicamente, como un contrato ante notario entre particulares, con una mínima supervisión de instituciones públicas. 

Esto redujo la burocracia que suele rodear a los procesos de adopción. Guatemala se convirtió en uno de los lugares del mundo en el que más fácil y rápido era adoptar a un niño.

Esto atrajo la atención de padres y madres de países de Europa y Norteamérica deseosos de adoptar niños, cuanto más pequeños mejor, y dispuestos a pagar buenas sumas de dinero a cambio.

Así, floreció un negocio totalmente legal en el que se involucraron muchos abogados guatemaltecos. Aunque el auge de las adopciones también provocó distorsiones. Como había mucha demanda, ya no solo se daban en adopción niños huérfanos o realmente en abandono.

Se convencía a embarazadas de escasos recursos de que entregaran sus bebés a cambio de dinero y la promesa de que vivirían mejor en países ricos. O se incentivaba a que niños tutelados temporalmente en hogares del Estado, que sí tenían padres o familiares, se dieran rápidamente en adopción, a veces, sin que las familias fueran conscientes de lo que estaba sucediendo.

En algunos casos, se llegó a robar menores o a engañar a sus madres, para después entregarlos en adopción.

Todo esto, con el tiempo, provocó debates éticos sobre si el negocio había desvirtuado la figura de la adopción en el país.

Edmond Mulet a comienzo de los años 80.
Edmond Mulet es uno de los abogados que se lucró con el negocio de las adopciones internacionales. (Foto: Hemeroteca Prensa Libre).

Para algunos, el hecho de que los niños fueran a vivir una vida de más oportunidades justificaba todo. Para otros, las adopciones eran solo un negocio disfrazado de humanitarismo.

En la Guatemala de la década de 1970 y 1980, sin embargo, este debate estaba casi ausente. Las adopciones eran una respetable actividad a la que un abogado que hablara inglés y francés podía dedicarse.  Y eso es lo que hizo Edmond Mulet.

Él siempre ha descrito esta actividad como algo que hizo en ocasiones muy puntuales “para ayudar” y no ha querido entrar en muchos más detalles.

Sin embargo, una investigación de los periodistas Sebastián Escalón y Pilar Crespo en Plaza Pública, puso de relieve el alcance de su actividad.  Según esta investigación, basada en documentos públicos, Mulet era el abogado en Guatemala de una organización canadiense llamada Los Niños del Sol.

Esta asociación se dedicaba a buscar a padres en la región de Quebec, que quisieran adoptar niños guatemaltecos. Los niños, a su vez, eran localizados por Ofelia Rosal de Gamas, una cuñada del general y expresidente Óscar Humberto Mejía Víctores.  Ella captaba a los niños convenciendo a jóvenes madres vulnerables o a través de su relación con hogares del Estado.

Mulet y otros abogados se dedicaban a la parte legal. Según la citada investigación, Mulet tuvo relación con esta organización desde finales de los años 70 y se siguió dedicando a las adopciones, al menos, hasta mediados de los años 80.

Aunque este tipo de organizaciones actuaban abiertamente, siguiendo las normas, en ocasiones, no cumplían la ya de por sí débil legislación guatemalteca.

Como los padres, generalmente, deseaban adoptar niños muy pequeños, existían incentivos para que los abogados se saltaran algunos pasos en los procesos.

Mulet, por ejemplo, fue detenido a finales de 1981 cuando se descubrió que había tratado de tramitar cinco adopciones de bebés casi recién nacidos para padres canadienses tomando algunos “atajos”.

Básicamente, logró pasaportes para los menores y pensaba enviarlos fuera del país como si fueran turistas.

Esto provocó la detención de las madres adoptivas y del propio Mulet. Todos pasaron unos días presos. A las madres, atemorizadas al verse presas en un país que no conocían, se les permitió volver a casa. Después, contaron que se sintieron amenazadas por Mulet.

El abogado sostiene que todo fue una venganza política que, entre otras cosas, buscaba evitar que se presentara a las elecciones de marzo de 1982. Su partido, el PNR, había sido crítico del régimen del presidente de ese momento, Romeo Lucas García.

Sin embargo, en un momento en el que las venganzas solían terminar en asesinato, las acciones contra Mulet no tuvieron mayores consecuencias. Se trató de abrir un proceso en su contra, pero no prosperó. No solo participó en la elección, si no que ganó una curul.

Como el golpe de Estado que le impidió tomar posesión, todo fue solo un contratiempo en la carrera de un hombre ambicioso.

Edmond Mulet es candidato en 2023.
Edmond Mulet era uno de los diputados más conocidos del país a comienzos de los años 90, cuando llegó a presidir el Congreso. (Fuente: Hemeroteca Crónica)

1996: La diplomacia

Para Edmond Mulet la firma de los Acuerdos de Paz abrió un nuevo periodo de oportunidades que no desaprovechó.

El fin del enfrentamiento suponía una reducción de la polarización política en el país. Él procedía de la derecha, pero se sentía cómodo en posiciones más centristas.

“Los radicales (…) siempre nos quieren hacer creer que sólo hay dos opciones: o se es de extrema izquierda o se es de extrema derecha. En el centro es donde me siento más identificado, más a gusto, intelectual y moralmente”, escribió en su biografía.

De hecho, en los primeros años del régimen democrático el había participado en política apoyando a la Unión del Centro Nacional (UCN), el partido de Jorge Carpio Nicolle, un empresario de medios de comunicación.

Esta agrupación, creada en 1983, trató desvincularse de la derecha anticomunista tradicional y crear un nuevo espacio más atractivo para las nuevas generaciones, “el centro”. Era algo similar a lo que Maldonado Aguirre trató de hacer en el MLN.

No es casualidad que ambos, Maldonado Aguirre y Carpio, se aliaran en las primeras elecciones. Y esto llevó a Mulet, que se había iniciado en política con Maldonado Aguirre, a ser diputado por el departamento de Guatemala en la bancada de Carpio.

Mulet fue electo en dos ocasiones consecutivas, en las dos primeras legislaturas del actual régimen democrático, que comenzó en 1986.

Edmond Mulet es candidato en estas elecciones.
Edmond Mulet era diputado de la UCN, pero llegó a la presidencia del Congreso como resultado de una alianza con el oficialismo, representado por el partido MAS, de Jorge Serrano. (Foto: Hemeroteca Crónica)

Primero no tuvo mucha notoriedad pública, pero en 1992, durante el gobierno del presidente Jorge Serrano, se convirtió en presidente de la cámara y uno de los diputados más prominentes de UCN.

El fin de la guerra daba la razón a quienes habían elegido ese camino, el del “centro”. El MLN, pese a todo su poder pasado, pronto se volvió irrelevante y desapareció.

La política guatemalteca era cada vez menos ideológica. Lo importante ahora era la figura del candidato y su campaña mediática, algo que beneficiaba precisamente a políticos pragmáticos como Carpio o como Mulet.

Mulet, que en 1996 se hizo con el control de la UCN al ser nombrado secretario general tras el asesinato de Carpio, era el tipo líder que podía alcanzar la presidencia en los 90. O si no, al menos ocupar otros espacios de poder desde los que obtener favores.

Porque la paz también abría otras posibilidades más allá de Guatemala.

En las décadas anteriores, Guatemala había ocupado un segundo plano en la comunidad internacional. Era percibido como un país en el que se violaban sistemáticamente los derechos humanos.  La paz y la desmilitarización cambiaron eso. Ahora, los políticos guatemaltecos podían ocupar puestos de relevancia internacional, por ejemplo, cargos diplomáticos en la ONU.

Mulet estaba listo para aprovechar el nuevo contexto.

Su interés había sido inicialmente la política. Pero en Guatemala, como sucede en otros lugares, diplomacia y política van de la mano. El país no cuenta con una carrera diplomática fuerte. Y lo que sí existe es una larga tradición de utilizar los puestos del servicio exterior para premiar a seguidores o para negociar cuotas de poder con aliados. 

Edmond Mulet es candidato a la eleccion de 2023.
El Congreso de la República ha sido desde hace décadas una de las instituciones más criticadas por la prensa y los ciudadanos. Mulet lo presidió entre 1992 y 1993. (Foto: Hemeroteca Crónica)

Por eso, ascender en el mundo diplomático y alcanzar los puestos más importantes ha dependido, tradicionalmente, de obtener favor político del gobierno de turno.

Mulet hizo precisamente eso en 1993, cuando logró ser nombrado embajador en Washington y seguir los pasos de su papá. Pasó de ser presidente del Congreso a ocupar una de las embajadas más importantes para el país sin tener ninguna experiencia previa.

“Ese es un puesto de confianza. Mulet tenía el apoyo de Jorge Carpio y tenía buena relación con Serrano (el presidente Jorge Serrano)”, recordó Roberto Alejos. “También era parte de la cuota de poder que le tocaba a Carpio en el Ejecutivo”, dijo el exdiputado.

Fue en Washington precisamente donde le sorprendió a Mulet el autogolpe de Estado que trató de dar Serrano en los últimos días de mayo de 1993. Como casi todos los sectores de la sociedad, desde los sindicatos a la cúpula del sector privado, pasando por los medios de comunicación y muchos oficiales del Ejército, Mulet se opuso al efímero intento de Serrano de convertirse en dictador. 

El autogolpe era un retroceso. Interfería con la paz, con el reconocimiento internacional, con los planes de futuro que tenía Mulet y tantos otros políticos.

Mulet renunció al cargo de embajador en protesta y trató de evitar que el régimen de Serrano obtuviera reconocimiento internacional. Después, cuando se restableció el orden constitucional, se mantuvo en el puesto hasta 1996, cuando asumió el nuevo presidente Álvaro Arzú, otro político que, como Mulet, había abandonado el MLN con Maldonado Aguirre.

Esta primera experiencia diplomática cambió la trayectoria de Mulet. A partir de entonces, se centraría en el servicio exterior y trataría de alcanzar los puestos en la comunidad internacional que se abrían ahora para los guatemaltecos.

Ser embajador no tenía nada que ver con ocupar una diputación. Era posición de privilegio y poder, pero sin todos los focos, las críticas, la polémica.

Edmond Mulet es candidato en 2023.
El mundo de la diplomacia internacional haría famoso a Edmond Mulet y allanó su candidatura para estas elecciones. (Foto: Minustah)

Cuando Mulet presidió el Congreso entre 1992 y 1993 supo que lo es recibir señalamientos constantes. Su legislatura fue criticada por la prensa, entre otras cosas, por mantener reuniones secretas entre parlamentarios o por no retirar la inmunidad a Elder Vargas, el diputado hermano de Arnoldo Vargas, el alcalde de Zacapa que fue el primer narcotraficante extraditado a Estados Unidos. Elder Vargas era sospechoso de ayudar a su hermano en una fuga frustrada de la cárcel.

Según el periodista Juan Luis Font, que en ese entonces trabajaba en la revista Crónica, Mulet presidió una de las legislaturas “más corruptas” en 1992.

La diplomacia era un lugar más discreto.

También requería habilidades políticas, entre otras cosas, porque para ser nombrado embajador o mantenerse en el cargo, era necesario tener el favor del Ejecutivo. Pero esa era una habilidad que Mulet tenía.

Al final de la década de 90 pasó unos años sin ocupar cargos públicos y se dedicó a escribir en la prensa, ejercer como abogado y creó una empresa para exportar plantas ornamentales con su esposa, la botánica, Karen Lind, también hija de diplomáticos.

Pero una vez Álvaro Arzú abandonó el poder y emergió el Frente Republicano Guatemalteco (FRG) como partido hegemónico, Mulet consiguió regresar a la diplomacia.

Allí se mantuvo durante los gobiernos de Alfonso Portillo (2000-2004) y Óscar Berger (2004-2008) hasta que finalmente logró llegar a la ONU.

Edmond Mulet hizo carrera en la ONU
Edmond Mulet hizo carrera en la ONU, una institución en la que Guatemala tuvo históricamente poco protagonismo hasta la llegada del siglo XXI. (Fuente: Edwin Bercián).

2007: Funcionario internacional

Mientras la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG) se establecía en el país, Edmond Mulet cumplía su primera misión precisamente en la institución que creó la CICIG: la ONU. 

CICIG fue creada para aumentar la seguridad y reducir la impunidad en un país caótico y violento como era la Guatemala de 2007. Y a Mulet, la ONU le encomendó una tarea algo similar en un país en una situación aún más dramática: Haití.

En su biografía, el diplomático lo relata así: “mientras Haití era un hervidero, yo estaba en Atitlán. Había regresado de servir a mi país por segunda ocasión como embajador, esta vez ante la Unión Europea, por cinco años y medio. Y estaba pensando en proyectos a los cuales dedicarme. Era el Martes Santo, 11 de abril de 2006, a las 9:00 de la mañana, y estaba en mi kayak, cuando entró una llamada”.

Era un secretario de Kofi Annan, entonces secretario general de la ONU, que le propuso ser jefe de la Misión de las Naciones Unidas por la Estabilización de Haití (Minustah).

Esta era una misión militar, principalmente, que creó la ONU para apoyar al nuevo gobierno que tomó el poder en Haití en 2004 tras un golpe de Estado. La situación era extremadamente compleja, pues en el país no solo se enfrentaban facciones políticas, sino también pandillas aliadas a uno y otro bando, que extorsionaban, secuestraban y traficaban drogas.

La debilidad extrema del Estado haitiano había hecho reaccionar al Consejo de Seguridad de la ONU y provocado la creación de la Minustah con el apoyo de Estados Unidos. 

Minustah estaba compuesta por contingentes militares de varios países. Y al frente de ellos, algo poco común hasta ese momento, un diplomático guatemalteco.

Edmond Mulet
Edmond Mulet, rodeado de guardaespaldas, durante sus años en Haití, un país complejo al que ONU no pudo rescatar del caos (Foto: Minustah).

Mulet encabezó la Minustah durante dos periodos. Primero entre 2006 y 2007 y después entre 2010 y 2011, tras el gran terremoto que sufrió el país, que dejó unos 200 mil muertos y mucha infraestructura dañada.

En total, pasó algo menos de tres años en el país.

Ahora que es candidato, siempre que puede, menciona su misión y Haití y se atribuye grandes éxitos en la mejora de la situación en el país.

“Yo fui a pacificar y estabilizar Haití que había caído en manos de las maras, de los grupos armados, de las pandillas. Pacifiqué Haití, erradiqué las extorsiones, los bandidos, los bandoleros, los asaltantes y los robos. Eso fue lo que hice en Haití”, dijo Mulet durante un foro presidencial en mayo pasado.

De esta forma, el candidato trata de convencer al electorado de que él es una buena opción para los votantes preocupados por el tema seguridad. El mensaje implícito es que si Mulet ya rescató Haití, podrá repetir el éxito en Guatemala.

Pero la gestión de Mulet en Haití, en realidad, fue algo más complicada.

Haití, a pesar de sucesivas misiones de la ONU, sigue siendo un país violento e ingobernable del que sigue huyendo la población.

En julio de 2021 un grupo armado asesinó al Jovenel Moïse. Desde entonces, el país está una situación no muy diferente a la que encontró Mulet cuando llegó al país en 2007.

Minustah en Haiti.
Minustah fue una misión diferente a CICIG. Sus integrantes eran principalmente militares. (Fuente: Minustah)

Pero la ONU no solo no pudo enderezar el rumbo de Haití, si no que cometió algunos errores con consecuencias nefastas.

En 2010, un vertido de aguas fecales a un río, realizado por militares nepalíes en una de las bases de Minustah fue la probable causa de un brote de cólera en el país. Los soldados nepalíes provenían de un país en el que el cólera es frecuente. En Haití, sin embargo, la enfermedad era inexistente. 

Esto desencadenó una epidemia que tardó años en ser controlada. Causó casi 10 mil muertes e infectó a unas 820 mil personas.

Esta situación puso el foco en la dirección de Minustah y en la propia cúpula de la ONU, que ahora dirigía el secretario general, Ban Ki-Moon. 

El problema residió en que lejos de admitir la culpa, la organización internacional trató de desvincularse de los hechos, asegurando que no había evidencia de que ellos fueran los causantes.

Ban y Mulet fueron señalados en una demanda que un grupo de víctimas trató de impulsar en las cortes de Estados Unidos y que no prosperó.

La ONU tardó años en admitir la culpa. No lo hizo hasta que en un informe de 2016 interno de la organización esta criticó que los altos cargos responsables de la situación en Haití trataron de evadir su responsabilidad por los miles de muertos que causó la epidemia.

En un artículo del New York Times del mismo año se afirma que durante la gestión de la epidemia, la ONU “destruyó evidencias” y que el secretario Ban premió al director de Minustah que le ayudó a encubrir la situación con un ascenso. No lo mencionan directamente, pero hablan de Mulet.

El diplomático guatemalteco, para 2010, ya era subsecretario de la ONU encargado de las operaciones de paz. Tras la epidemia de cólera, en 2015, Ban le ascendió de nuevo. Le nombró secretario general adjunto y jefe de gabinete. Mulet ocupó este cargo, el más alto alcanzado por un diplomático guatemalteco, entre 2015 y 2016.

Con la salida de Ban y la llegada del nuevo secretario general, Antonio Guterres, Mulet perdió el cargo. Aún así, siguió en la ONU unos meses más realizando diferentes misiones.

Edmond Mulet en sus años en la ONU.
Los años en la ONU fueron buenos para Edmond Mulet, aunque también se vio envuelto en un gran escándalo que costó miles de vidas. (Foto: Unfil)

En 2017, mientras el auge de la lucha contra la impunidad emprendida por CICIG se extinguía y el entonces Jimmy Morales trataba de expulsar a la entidad del país, Mulet regresó a Guatemala.

Sus años en la ONU le otorgaron prestigio. A partir de ahora trataría de capitalizar ese estatus para alcanzar la presidencia.  

2019: Retorno a la política

La Guatemala de 2019 era muy diferente a la de 2007. La CICIG había sido expulsada. Los poderosos actores que la Comisión señaló o encarceló estaban ahora en plena contraofensiva.

De nuevo, como sucedió durante el conflicto interno, había personas abandonando el país rumbo al exilio y se bloqueaban candidaturas presidenciales. 

De nuevo, florecía en el país un discurso nacionalista que afirmaba que Guatemala no toleraría injerencias extranjeras ni intervencionismos de la ONU.

Para un hombre como Mulet esto tenía ventajas e inconvenientes. Para los políticos moderados y pragmáticos como él, la situación era incómoda. Los más radicales, como la llamada Fundación Contra el Terrorismo, ocupaban de nuevo la escena pública y empujaban el país hacia la ultra derecha.

Pero precisamente porque sucedía esto, también aumentaba para el electorado el atractivo de los políticos más moderados y con una trayectoria más respetable, como el propio Mulet.

Edmond Mulet puede ser el proximo presidente.
Edmond Mulet ha logrado convencer a muchos electores en estas elecciones por su trayectoria y su moderación. (Foto: Edwin Bercián)

Así, el exdiplomático lanzó su primera candidatura a la presidencia en 2019.

Mulet siguió la vieja práctica de aliarse con una pequeña agrupación política ya formada, el Partido Humanista.  El partido era solamente una plataforma electoral para él y para un grupo de políticos dispares liderados por varios exintegrantes del FRG, como Rudio Lecsan Mérida. Esta alianza de conveniencia duró tanto como la campaña.

En su primera participación, Mulet tuvo una campaña austera. El candidato aparecía casi siempre sosteniendo una pancarta con su foto y el logo de Humanista. Hacía los mítines ante audiencias pequeñas, subido a tarimas colocadas en camiones decorados con globos. Era un retorno a los años 80, a sus primeras campañas políticas.

Y, como siempre, dijo lo que la gente quería escuchar.

No sostuvo un discurso abiertamente a favor del trabajo que realizó CICIG, pero sí trató de captar esos votos, que quedaron huérfanos con el bloque de la candidatura de la exfiscal general Thelma Aldana.

Dijo que si ganaba la presidencia buscaría “negociar” el regreso de la Comisión al país.

También hizo ofrecimientos en materia de seguridad. Como casi todos los candidatos conservadores, puso el foco en la seguridad y prometió que sacaría al ejército a las calles para combatir la violencia. Y para resaltar su lado más humano, aseguró que asignaría Q500 millones anuales para reducir la desnutrición.

La campaña fue un éxito. Ganó Alejandro Giammattei, un veterano político derechista que fue acusado por CICIG de participar en ejecuciones extrajudiciales de delincuentes.

Pero Mulet quedó tercero y se posicionó como un claro candidato para el futuro. El partido Humanista, que partía de cero, consiguió ocho diputaciones en el Congreso.

A pesar de ello, Mulet no se convirtió en un líder opositor ni utilizó su bancada legislativa para fiscalizar o promover su agenda política.

Edmond Mulet
Edmond Mulet tuvo una exitosa primera participación en las elecciones de 2019. A partir de entonces, irumpió con fuerza en el panorama electoral. (Foto: Edwin Bercián)

Como es habitual en el país, los diputados humanistas siguieron sus propios intereses y rápido se sumaron a una alianza oficialista.  

Para no ver dañadas sus perspectivas electorales en 2023, Mulet se alejó del partido y comenzó a crear uno propio con mayor control. Así nació el partido Cabal. Su construcción, fue la tarea de Mulet en los siguientes cuatro años.

Mientras la democracia se degradaba, aumentaba la persecución de los operadores del sistema de justicia y los casos de corrupción se desvanecían en los tribunales, Mulet se dedicaba a juntar pedazos del sistema para alcanzar la presidencia.

2023: segundo intento

La imagen tierna de un hombre mayor, recorriendo el país casi en solitario, haciendo una campaña política modesta, se desvaneció.

Mulet es ahora uno de los candidatos favoritos y el líder de uno de los partidos más grandes del país.

En la campaña de este año, Mulet se ha vuelto un experto en la red social de videos cortos Tik Tok. Tiene un equipo mexicano que lo asesora en comunicación y que controla su proyección en redes sociales, el nuevo medio en el que ocurre la política y se deciden las elecciones.

Ya no está solo.

mond Mulet y Max Santa Cruz
Emond Mulet y su candidato a la vicepresidencia, Max Santa Cruz Anchissi. Este último ocupó cargos en Cancillería y el servicio diplomático durante los gobiernos conservadores del PAN y la Gana. (Foto: Edwin Bercián)

Lo rodean antiguos funcionarios del gobierno del Partido Patriota (2012-2016), como Luis Enrique Monterroso.  El ex ministro de Salud y ex secretario contra la desnutrición, es ahora su mano derecha.  

También le acompaña Máximo Augusto Santa Cruz Anchissi, su candidato a vicepresidente, un analista y estratega político. Santa Cruz Anchissi, quien también procede de la diplomacia, fue cercano al excanciller y exvicepresidente, Eduardo Stein.

Además, ahora Mulet cuenta con una estructura departamental mucho más amplia que en la campaña anterior.

A su partido, Cabal, se han sumado caciques en Alta Verapaz, Quiché o Huehuetenango, Quetzaltenango. Varios de ellos fueron procesados en casos de corrupción o estuvieron presos como los diputados o exdiputados Haroldo Quej, Selvin García, Julio López Villatoro y Carlos López.

Según recuento realizado por No-Ficción, en las listas de Cabal, se han inscrito cuatro candidatos que fueron procesados en casos de CICIG por hechos de corrupción sucedidos cuando formaban parte de otros partidos.

En sus actividades proselitistas también ha recurrido a las prácticas habituales. En ocasiones regala bolsas de víveres. Sus mítines son un espectáculo con pantallas gigantes y sonido profesional. Sus conferencias de prensa de cada semana las realiza en hoteles.

Edmond Mulet
Edmond Mulet ha desplegado una campaña tradicional en estos comicios con una gran cantidad de recursos económicos. (Foto: Edwin Bercián)

De nuevo, dice lo que todos quieren escuchar.

Pese al deterioro de la lucha contra la impunidad, Mulet ahora sí abiertamente rechaza el regreso de CICIG o algo similar, como lo exigen los sectores más duros.

Tampoco se ha pronunciado sobre uno de los fenómenos más importantes en esta elección, la arbitrariedad de las decisiones de la autoridad electoral y el bloqueo de tres candidaturas presidenciales.

Mulet, de hecho, se ha beneficiado de ello.

Hasta inicios de mayo de este año las encuestas no favorecían especialmente a Mulet. Él parecía peor posicionado que otros para pasar a segunda vuelta.

Sin embargo, después de que la Corte de Constitucionalidad frenó la candidatura de Carlos Pineda, quien entonces lideraba las encuestas, las perspectivas de Mulet inmediatamente mejoraron. Encuestas posteriores mostraron que él ha sido uno de los mayores beneficiados con la exclusión electoral.

Pineda incluso acusó a Mulet de estar detrás de su expulsión. “Mulet tiene compinches y aliados en todos los grupos de poder. Ha dicho que está enfocado en ganar la campaña electoral y ganar la Presidencia a costa de todo”, dijo Pineda en una retransmisión en directo en sus redes sociales.

Edmond Mulet
Edmond Mulet se ha presentado como un outsider aunque hay pocos candidatos que conozcan más el sistema que él. (Foto: Edwin Bercián)

A pesar de esto, Mulet también ha tratado de acercarse a los votantes críticos, insinuando que si gobierna podría destituir a la cúpula actual del Ministerio Público compuesta por la fiscal general Consuelo Porras y el fiscal contra la impunidad, Rafael Curruchiche.

Ambos están en la llamada Lista Engel, un programa de sanciones estadounidense contra actores corruptos o antidemocráticos.

“La idea sería darles las gracias (a Porras y Curruchiche) por los servicios prestados porque no hay un nivel de confianza con estas personas. Pero serán cuestiones que vamos a ir viendo despuecito de las elecciones”, respondió Mulet en una entrevista con diario La Hora.

Esta es una respuesta característica de Mulet. Sus declaraciones abren la puerta al cambio, pero sin poner en riesgo lo fundamental: su candidatura.

Como ha dicho Monterroso, el asesor de Mulet: “esta vez el doctor va con todo para ganar”.

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