Esta semana analizamos cómo el Consejo Superior Universitario de la USAC, con más de la mitad de sus cargos vencidos, participa en la elección de magistraturas de la Corte de Constitucionalidad en medio de denuncias, fallos incumplidos y candidaturas cuestionadas. Una muñeca rusa que, al abrirse, revela una pieza clave en la cooptación institucional del país.
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Hoy quiero hablar de muñecas rusas. Porque si empiezo con palabras largas y técnicas como Comisiones de Postulación o Consejo Superior Universitario quizás dejan de leer y no quiero eso. Este tema es importante.
Abramos la muñeca rusa de las elecciones a la Corte de Constitucionalidad. Llegamos a una segunda muñeca, una de las más nobles sobre el papel: el Consejo Superior Universitario de la Universidad de San Carlos.
Lo que vemos es una muñeca carcomida. Lleva apolillada desde hace ya más de cuatro años. La madera está hueca y abrirla resulta casi imposible. Son 41 bichitos cavando túneles. Están en las ranuras, trepan por las paredes y avanzan hacia la muñeca más grande: la democracia.
El Consejo Superior Universitario de la USAC, por empezar con lo básico, es un ente encargado de definir políticas académicas, aprobar presupuestos y, además, participar en la elección de la Corte de Constitucionalidad. Está compuesto por 41 miembros: —rector, decanos, representantes de profesores o de las asociaciones estudiantiles y representantes egresados de los colegios profesionales—. Y hoy ese órgano, que en el papel debería garantizar equilibrio y representación, funciona bajo el control del bloque leal a Walter Mazariegos, el rector que ha llevado al precipicio a la universidad pública.
23 de 41 puestos vencidos en el CSU
Desde 2022, cuando el rector Walter Mazariegos asumió la rectoría de la USAC,no se han convocado elecciones para renovar a buena parte de los integrantes del Consejo Superior Universitario. Actualmente, 23 de los 41 miembros tienen su puesto vencido.
Esto no es solo terrible para los cerca de 180 mil estudiantes inscritos —que no han podido elegir a personas que representen sus intereses— y para los cerca de 9000 docentes, cuya oposición al rector se ha penalizado con recortes de fondos o proyectos. La captura del CSU es terrible para la democracia de Guatemala.
El Consejo Superior Universitario, además, a través del sistema de comisiones de postulación, juega un papel especialmente importante en la elección de la Corte de Constitucionalidad. La corte celestial. Esas cinco personas que deciden quién puede o no participar en elecciones generales y hasta si el gobierno puede obligarnos o no a reciclar basura.
El CSU designa directamente a un magistrado titular y a su suplente para integrar la Corte de Constitucionalidad. Es decir, el 20 por ciento de los magistrados y magistradas que acaban decidiendo el futuro del país son electos por un ente actualmente ilegítimo.
Consuelo Porras y Leyla Lemus buscan CC a través del CSU
Y lo más peligroso es que en la actual contienda por las magistraturas de la CC, la fiscal general Consuelo Porras —incluida en listas de sanciones por corrupción de varios países, entre ellas la Lista Engel de Estados Unidos— es una de las candidatas que presentó su expediente ante el CSU.
Otra de las candidatas por el CSU es Leyla Lemus. No tiene el mismo nivel de sanciones internacionales que Porras, pero ha sido igualmente cuestionada en la lucha contra la impunidad. Es actual magistrada de la CC y fue secretaria privada del expresidente Alejandro Giammattei, quien la designó en su actual cargo. Dos piezas clave del llamado “pacto de corruptos”, vaya.
¿Por qué el CSU lleva tanto tiempo capturado? Una de las respuestas clave es la CC, definitivamente. La otra respuesta es Walter Mazariegos. Y la respuesta más amplia, en la que terminan confluyendo buena parte de los problemas del país, es la cooptación del Estado, como la nombró la CICIG; o la narcocleptocracia, como lo ha llamado en repetidas ocasiones José Rubén Zamora.
Cómo se capturó el CSU
Para entender cómo comenzó esta captura hay que empezar por su protagonista. Walter Mazariegos es un viejo zorro de la USAC y un integrante casi permanente del Consejo Superior Universitario. Formó parte del CSU primero como representante estudiantil, luego como representante docente, después como decano de Humanidades y finalmente como rector. En total, ha pasado cerca de 26 años dentro de ese órgano. Y, definitivamente, sabe cómo se mueven las cosas.
Logró su puesto como rector interino tras la captura del ex rector Murphy Paiz, y desde ahí empezó su jugada. Durante sus meses como interino cambió puestos clave, como la dirección financiera y la asesoría jurídica. Desde esas posiciones se impulsaron decisiones que marcaron el proceso electoral: la exclusión de cuerpos electorales opositores por supuestos fallos de forma, el rechazo de acreditaciones y la reconfiguración del Cuerpo Electoral Universitario. En medio de denuncias por presión de grupos de choque y con respaldo político del entonces presidente Giammattei, Mazariegos logró de manera fraudulenta el triunfo como rector.
A partir de ese momento, el viejo zorro, ya con control sobre los recursos institucionales, empezó a consolidar lealtades dentro del CSU. Según fuentes consultadas, esto incluye el uso discrecional de fondos para actividades, viajes, viáticos y la asignación de plazas o beneficios dentro de la universidad.
Y una vez alineada una mayoría que respondiera a sus intereses, no iba a permitir que esa correlación de fuerzas se vuelva en su contra. Así fue como muchos de esos cargos, más de la mitad, no fueron renovados. Hasta día de hoy.
Recursos en contra, fallos en firme, el CSU no se mueve
Según información recabada para este newsletter, existen aproximadamente 27 recursos interpuestos en distintos juzgados relacionados con la elección que dio el triunfo a Mazariegos y con la legalidad de los cargos con período vencido dentro del CSU.
La Corte de Constitucionalidad resolvió en firme en febrero de 2025 y obligó al CSU a convocar elecciones para renovar a sus integrantes. El fallo establece que la negativa a realizarlas “vulnera no sólo la legitimidad de dicho órgano universitario, sino también el adecuado funcionamiento del sistema democrático”. La resolución dio cinco días al CSU para convocar a elecciones de quienes tuvieran el período vencido. Además, indicó que las excusas presentadas por el Consejo —como la pérdida del padrón estudiantil tras la toma del campus— no eran válidas.
Pero la USAC no hizo nada.
Y en diciembre de 2025, ya a las puertas de la elección de un magistrado o magistrada de la CC por este mismo ente, la Corte volvió a resolver. Ordenó a una sala que, en un plazo de 48 horas, agilizara el proceso de renovación del CSU.
Pero la USAC no hizo nada. O empezó, leeentameeeente, a convocar elecciones. Y hasta hoy siguen 23 plazas con el período vencido.
Las denuncias, recursos, ocursos y comunicados comenzaron a darse en avalancha. Y cuando Consuelo Porras presentó su expediente, las alarmas empezaron a sonar cada vez más fuerte. Ya se han pronunciado al respecto la OEA, el Centro por la Justicia y el Derecho Internacional (CEJIL) y la Misión de Observación Electoral de la Unión Europea e incluso las autoridades indígenas.
El tiempo corre y nos pisa los talones. Para el 14 de abril ya deben estar designados los cinco magistrados y magistradas de la CC. El tiempo corre y nos pisa los talones. El 8 de abril está prevista la elección del rector, y Walter Mazariegos busca su reelección. Pero la USAC no hace nada. Y las larvas siguen cavando sus túneles. Algunas ya tienen alas.