En la comunidad de San Pedro La Laguna temen que se pierda una lucha ambiental de más de una década por prohibir los plásticos de un solo uso. Nancy y Flora Virginia Samol, del colectivo Tzununya, y don Salvador Sac, alertan de un retroceso ambiental por el uso de las bolsas plásticas y el duroport en el municipio de Sololá.
Este reportaje forma parte Le Wachuew, una serie audiovisual en idiomas mayasAS que aborda la justicia climática y explora cómo la Tierra está cambiando y cómo los pueblos originarios de Guatemala lo viven y resisten desde su propia cosmovisión.
“Desde el 2013 nos organizamos como colectivo para reducir las bolsas plásticas porque ya estaban por todas partes: en las orillas del lago, en los cultivos de maíz, en los caminos. Vimos que eso estaba afectando la naturaleza”, cuenta Flora Virginia Samuel González, de 57 años, integrante del colectivo Tzununya y de las Guardianas del Lago.
El esfuerzo de la comunidad llevó a que, en 2016, la municipalidad aprobará el Acuerdo Municipal 111-2016, que prohibía el uso, venta y distribución de bolsas plásticas, pajillas y utensilios de duroport.
La medida fue impulsada durante la administración del exalcalde Edwin Mauricio Méndez Puac, en colaboración con la Autoridad para el Manejo Sustentable de la Cuenca del Lago de Atitlán y su Entorno (AMSCLAE).
Durante varios años, San Pedro La Laguna fue ejemplo nacional por su iniciativa de eliminar los plásticos de un solo uso. Sin embargo, la pandemia cambió la situación.
La pandemia por la COVID-19 revirtió parte de estos avances: las restricciones sanitarias, el uso obligatorio de mascarillas y la necesidad de empaques para productos de higiene y alimentos provocaron el retorno de bolsas y plásticos desechables en la vida cotidiana del municipio.

El retroceso tras la pandemia y la gestión de la basura
El 11 de febrero de 2025 entró en vigencia el artículo 12 del Reglamento para la Clasificación y Gestión Integral de los Residuos y Desechos Sólidos, que obligaba a las municipalidades de Guatemala a implementar y financiar planes de manejo adecuado de la basura. La norma exigía a la población separar los desechos en reciclables, no reciclables y orgánicos.
Pero el 28 de agosto, la Corte de Constitucionalidad aceptó un amparo que anuló el reglamento de separación de basura, lo que para muchos significó un retroceso ambiental.
En San Pedro La Laguna, Sololá, la decisión generó preocupación entre organizaciones comunitarias, entre ellas Tz’unun Ya’, así como entre habitantes del municipio que han participado en iniciativas para proteger el Lago de Atitlán. Para la comunidad, la anulación del reglamento implica el riesgo de que los desechos vuelvan a mezclarse y terminen en ríos, drenajes y finalmente en el lago, aumentando la contaminación del agua y afectando un ecosistema del que dependen la pesca, el turismo y la vida cotidiana del municipio.
“En lugar de avanzar, retrocedimos. Eso nos duele como colectivo”, lamenta Flora. “La gente volvió a usar bolsas, vasos y pajillas. El plástico otra vez llegó a las calles y al lago”.

“El plástico no es abono, es veneno”
Nancy González, otra integrante de Guardianas del Lago, cuenta que en su idioma, maya tz’utujil, no existe una palabra específica para el plástico. “Solo lo nombramos como recipientes de un solo uso. Es algo que se usa un momento y luego se desecha, pero que a la larga daña al agua, al suelo y al mundo entero”. El problema, dice, no es solo ambiental, sino también cultural y humano.
“Nos preocupa el estado del lago y la naturaleza. La contaminación por plásticos de un solo uso afecta directamente la vida del lago, pero también la nuestra como seres humanos”, explica.
Flora Virginia recuerda que las bolsas plásticas no solo ensucian, sino que también alteran los ecosistemas:
“En los cultivos ya no encontramos abono orgánico, sino bolsas. Hay quienes las queman, pero eso también contamina. El plástico no es abono, es veneno”.
Ella advierte que una bolsa puede tardar hasta 500 años en degradarse. “El calentamiento global también tiene que ver con eso, con tanta basura que no se degrada”.

Las guardianas del lago limpian los plásticos de un solo uso
El vertedero conocido como El Pikachu, en Sololá, recibe basura de cuatro municipios —Sololá, San Jorge, San Andrés y Panajachel—, y cuando llueve, los desechos son arrastrados hasta el lago.
Desde hace 16 años, mujeres organizadas limpian las playas del municipio una vez al mes. “El año pasado sacamos más de una tonelada de basura. Ahora hay menos, pero si regresan las bolsas, todo ese esfuerzo puede perderse”, cuenta Flora.
Las jornadas de limpieza también se acompañan de educación ambiental en escuelas. “Queremos que los jóvenes entiendan que el lago es vida. Si no lo cuidamos, desaparece”, dice Nancy.
Flora considera que la decisión de la Corte de Constitucionalidad ha favorecido a los grandes empresarios. “En lugar de proteger la naturaleza, ayudan a los que quieren vender más bolsas”, dice.
Pese a los retrocesos, las Guardianas del Lago mantienen viva su labor.
“El lago no reconoce el plástico. Nosotros lo hicimos, y también somos quienes debemos detenerlo”, concluye Flora, mirando al agua que refleja el cielo y, con él, la esperanza de su pueblo.

Los avances y retrocesos desde la prohibición del plástico en 2016
En San Pedro La Laguna, la preocupación por el retorno del plástico y la falta de control en la basura vuelve a escucharse desde la propia comunidad. Don Salvador Quiacaín Sac, reconocido líder local, ha sido testigo de los avances logrados desde 2016 y del retroceso que hoy afecta al municipio.
Recuerda que la lucha empezó cuando la comunidad, junto a la municipalidad de ese entonces, impulsó la prohibición del plástico porque entendían el peligro que representaba. Como él mismo explica:
“Ese tipo de basura altamente contaminante y dañina repercute en la salud de nosotros las personas y de nuestra comunidad”.
Don Salvador señala que el acuerdo de 2016 tuvo resultados positivos, pero no todos cumplieron con las normas, y las autoridades posteriores “no le dieron seguimiento a aquellas buenas acciones”. También lamenta que quienes gobiernan hoy prioricen intereses personales y no la contaminación que los afecta:
“Los que lideran nuestro municipio pierden el sentido de servicio… mientras las empresas siguen contaminando”, dijo Salvador.

Para él, la falta de conciencia es el mayor riesgo. Advierte que muchas personas ya no separan la basura ni reflexionan sobre el daño que causan:
“Preocupa que hoy en día haya personas que no les interesa si hay una separación y disposición adecuada de la basura”.Su mensaje final es un llamado urgente a las autoridades y a la población: mantener las buenas prácticas, trabajar con conciencia y evitar que el futuro del lago se convierta en una pérdida irreversible. Porque, como advierte:
“Los cambios no son fáciles… esperaría no llegar al punto de lamentarnos cuando ya sea tarde”.

