NARRATIVA – INVESTIGACIÓN – DATOS

La defensa comunitaria sostiene el Corazón del Bosque en Santa Lucía Utatlán

En el municipio de Santa Lucía Utatlán,  Sololá, sus habitantes protegen una de las últimas áreas boscosas del lugar: la Reserva Natural Corazón del Bosque. De las 39 hectáreas de Corazón del Bosque, 36 están cubiertas por árboles, y son una tierra  que forma parte del sistema de áreas protegidas de Guatemala y que la comunidad cuida para conservar el agua, la fauna y el que consideran uno de los últimos pulmones de Sololá.

Durante más de dos décadas, habitantes de Santa Lucía Utatlán han defendido y administrado uno de los bosques más importantes del municipio: la Reserva Natural Corazón del Bosque, un área comunitaria que forma parte del Sistema Guatemalteco de Áreas Protegidas. 

Selvyn Pérez Ajú, gerente de la Reserva Natural Corazón del Bosque posa para una fotografía luego de una entrevista el 20 de noviembre de 2025 en Santa Lucía Utatlán. Foto/Edwin Bercián
Selvyn Pérez Ajú, gerente de la Reserva Natural Corazón del Bosque posa para una fotografía luego de una entrevista el 20 de noviembre de 2025 en Santa Lucía Utatlán. Foto/Edwin Bercián

Selvin Pérez, presidente de la junta directiva de la Asociación La Guadalupana, cuenta que la organización nació hace más de dos décadas, cuando abuelos de Santa Lucía Utatlán se organizaron para recuperar tierras boscosas que estaban en manos del estatal Banco Nacional de Desarrollo Agrícola (Bandesa).

En ese momento, el temor de la comunidad era perder el bosque y el control local sobre el territorio. Tras recuperar el área, en 1990, la comunidad empezó a manejar la tierra con fines productivos, pero pronto se dieron cuenta de que la tala de árboles ponía en riesgo la conservación del bosque.

Por esa razón, decidieron cambiar de enfoque y apostar por la protección del territorio. De ese proceso surgió la Asociación La Guadalupana, que hoy administra la Reserva Natural Corazón del Bosque y promueve su conservación como un espacio comunitario.

El sitio se inauguró oficialmente en 2002, cuando obtuvo su documentación y empezó a operar como un proyecto de turismo comunitario sostenible, ofreciendo alimentación, hospedaje y senderos. 

De un modelo de tala a uno de conservación

Al inicio, la organización pensó en un modelo de producción maderera, pero pronto enfrentaron un conflicto interno: la tala chocaba con la visión comunitaria de conservar el bosque.

“Para nosotros, la conservación es más importante que el dinero. Aquí nos preguntamos: ¿queremos agua y oxígeno o dinero?”, explica Pérez.

Ante ese dilema, optaron por cambiar de rumbo. Abandonaron el enfoque maderero y apostaron por la conservación por medio del turismo, con el objetivo de generar ingresos sin sacrificar el bosque.

Para Selvyn, la defensa del bosque está ligada a la identidad de la comunidad. En su testimonio traducido de k’iche’ explica: “Nuestros abuelos y abuelas nos enseñaron que debemos cuidar los bosques porque nos dan agua y aire; allí duermen los animales y juntos convivimos en esta tierra”.

En 2015, la reserva quedó inscrita oficialmente como Reserva Natural Privada dentro del Sistema de Áreas Protegidas -SIGAP-, lo que exige cumplir un plan maestro y controles de conservación.

Reconocida como área protegida

Desde el 10 de septiembre de 2015 la Reserva Comunitaria Corazón del Bosque está reconocida oficialmente como área protegida dentro del sistema nacional.

El bosque es un espacio de vida compartida, subraya Selvyn: “Somos hermanos y juntos comemos en esta tierra; esta es la razón de nuestra existencia en el mundo”.

Gobernanza indígena y manejo comunitario

La reserva se sostiene gracias a la autoridad comunitaria. El respeto a la guía de los líderes locales son parte de la estructura de protección:

“Debemos respetar a nuestras autoridades porque tienen gran sabiduría”. –menciona Selvyn–. “Ellos nos enseñan cómo debemos trabajar en nuestras comunidades, un refugio para la vida y el agua”.

La reserva alberga 22 especies de aves, según monitoreos científicos. Entre ellas están el chipe rosado (Cardellina Versicolor), mot-mot de montaña (Aspatha gularis), chara (Cyabocorax melanocyaneus), quetzalillo de montaña (Trogon mexicanus), y carpintero escapulario (Colaptes auratus). Son especies que habitan en áreas bien conservadas, y su presencia indica que el manejo comunitario está funcionando.

En el territorio también existen dos nacimientos de agua y pozos superficiales que abastecen a la comunidad. Selvyn dice que aquí el agua aún es abundante y de buena calidad.

Junto a organizaciones como Utz Che’, la comunidad impulsa la siembra de ciprés (Cupressus lusitanica), encinos (Quercus spp), pinos (Pinus spp), y otras especies forestales, y protege a los animales que viven en el bosque. En la reserva se ha registrado especies como zorra gris (Urocyon cinereoargenteus), tacuazín (Didelphis marsupialis), comadreja (Mustela frenata), mariposa monarca (Danaus plexippus), y murciélagos de la familia Phyllostomidae (Sturnira ludovici).

La reserva no ha estado exenta de amenazas, que la comunidad ha ido atendiendo oportunamente. El ingreso libre al área durante años generó acumulación de basura y tala indiscriminada furtiva. Cuando la comunidad decidió colocar controles, no todas las personas estuvieron de acuerdo, pero Selvyn explica el sentido de esta decisión: “El que es dueño, cuida y protege; el que no, solo quiere beneficios”. 

Con vigilancia comunitaria y guardabosques, la reserva ha logrado restaurar áreas dañadas y mantener el bosque en mejores condiciones.

La experiencia de Corazón del Bosque refleja lo que, según Selvyn, hace posible la conservación: la participación directa de la comunidad en la gestión del territorio. Y esto es algo que, como lo observa otra ambientalista de Santa Lucía Utatlán, ni siempre se respeta ni siempre se considera importante.

“La enfermedad roja nos está quitando la vida”: Dina Juc denuncia exclusión indígena y alerta sobre el impacto del cambio climático

Dina Juc, alcaldesa indígena de Santa Lucía Utatlán posa para una fotografía durante una entrevista en la reserva natural Corazón del Bosque. Foto/Edwin Bercián
Dina Juc, alcaldesa indígena de Santa Lucía Utatlán posa para una fotografía durante una entrevista en la reserva natural Corazón del Bosque. Foto/Edwin Bercián.

Dina Juc, autoridad indígena de Santa Lucía Utatlán, Sololá, exalcaldesa y defensora de los derechos humanos y ambientales, maya q’eqchi’ y poqomchí, originaria de San Cristóbal Verapaz, Alta Verapaz, participó en noviembre de 2025 en la asamblea internacional sobre medio ambiente y cambio climático realizada en Belén, Brasil, en el marco de la COP, donde denunció la exclusión de los pueblos originarios y alertó sobre los impactos de la crisis climática en las comunidades indígenas y locales de Guatemala.

La reunión, dispuesta por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), abordó los efectos del cambio climático a nivel global. Sin embargo, según relató Juc, los pueblos originarios de Brasil no fueron tomados en cuenta de forma activa, a pesar de que la asamblea se realizó en su propio territorio.

No se les dio participación activa a los hijos de la tierra, aun siendo su propia casa”, expresó.

Dina subrayó que no incluir a los pueblos indígenas en estos espacios representa una violación a sus derechos. “Ellos son los dueños de la casa, del territorio, y era necesario que estuvieran en la mesa de diálogo”, dijo, utilizando una expresión que en su idioma se refiere a quienes pertenecen al lugar donde se realiza una reunión.

Dina Juc, alcaldesa indígena de Santa Lucía Utatlán posa para una fotografía durante una entrevista en la reserva natural Corazón del Bosque. Foto/Edwin Bercián

En su testimonio, Juc explicó que el cambio climático —al que nombra como “la enfermedad roja”— golpea con mayor fuerza a los pueblos indígenas. “La enfermedad roja está cayendo sobre nuestra sagrada naturaleza”, afirmó, al describir cómo las sequías prolongadas han provocado la escasez de agua y la pérdida de cosechas.

Antes sembrábamos maíz, frijol y ayote, y todo salía bien; ahora el maíz se seca y ya no produce como antes”, relató. También señaló que las fuentes de agua que antes eran limpias y abundantes ahora están secas o contaminadas. “Antes tomábamos agua del río, ahora ya no”, dijo.

Juc advirtió que estas afectaciones han traído enfermedades que antes no existían. “Ahora hay enfermedades extrañas, en mujeres, hombres y niños, que antes no se conocían”, expresó, al relacionarlas con la destrucción del entorno y los cambios en la alimentación.

La lideresa denunció además el saqueo de los recursos naturales. “Agarran nuestra agua, sacan el oro, la plata y todo lo bueno de la tierra, y quienes sufrimos somos los hijos de la tierra”, afirmó, señalando que mientras unos pocos se benefician, las comunidades indígenas enfrentan dolor, pobreza y destrucción ambiental.

Desde su experiencia como mujer indígena y comunicadora comunitaria, resaltó el papel de las mujeres en la transmisión de los conocimientos ancestrales. “Eso no nos lo enseñó ningún hombre blanco, eso ya lo traemos desde siempre”, dijo, al explicar cómo las prácticas heredadas de abuelas y abuelos han permitido proteger la naturaleza durante siglos.

Finalmente, Dina Juc hizo un llamado a los líderes del mundo para que reconozcan y respeten a los pueblos originarios. “Sin los hijos de la tierra, se terminará la vida, porque somos quienes cuidamos la naturaleza, el agua y los animales”, advirtió.
Si no defendemos la tierra, ¿quién más lo hará?”, concluyó.

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