En el Día Internacional de los Bosques, en No Ficción reafirmamos que el periodismo es, también, una herramienta de defensa del territorio. No se trata solo de paisajes; se trata de justicia, de memoria y de supervivencia.
A través de nuestras investigaciones, hemos documentado cómo el fuego, la agroindustria y el crimen organizado amenazan los pulmones de Guatemala, pero también cómo la organización comunitaria sigue siendo la primera línea de defensa.
Recapitulamos cuatro publicaciones esenciales para entender el estado de los bosques en Guatemala.
La expansión de la palma aceitera en el norte de Guatemala ha transformado radicalmente el paisaje. Mediante análisis de datos e imágenes satelitales, esta investigación cuestiona el relato oficial de los productores.
2.
Los incendios forestales no son solo eventos climáticos; son cicatrices que quedan en la tierra. En esta investigación, recorremos la frontera de la Sierra de las Minas en Zacapa, donde el fuego redujo a cenizas montañas enteras. Documentamos cómo el aumento de la temperatura y la falta de humedad debilitan los árboles, dejándolos vulnerables a plagas como el gorgojo y a la explotación de empresas madereras que aprovechan el desastre.
3.
El bosque comunal de Totonicapán, resguardado históricamente por los 48 Cantones, enfrenta a un enemigo violento: estructuras criminales organizadas que talan miles de árboles de ciprés y encino al año. Esta nota revela cómo estos grupos operan bajo la sombra de la impunidad y la inacción de las autoridades locales, poniendo en riesgo un sistema de gobernanza ancestral que ha protegido la vida y el agua durante siglos.
4.
Frente a la destrucción, existen modelos que funcionan. En Sololá, la Reserva Natural Corazón del Bosque es un ejemplo de cómo la administración comunitaria puede rescatar un territorio de la tala para convertirlo en un refugio de conservación y turismo sostenible.
Aquí, la defensa del bosque está ligada a la identidad maya k’iche’, demostrando que cuando las comunidades tienen el control, la prioridad no es el dinero, sino el agua y el aire.
61,000 hectáreas perdidas

Según el Instituto Nacional de Bosques (INAB), Guatemala pierde aproximadamente 61,000 hectáreas de bosque cada año. Esta cifra cobra un rostro humano y político en nuestras investigaciones, donde documentamos que la deforestación no es un proceso accidental, sino el resultado de presiones sistémicas: desde las 24,500 hectáreas perdidas en una década por la expansión de la palma africana en el norte, hasta el asedio de estructuras criminales que talan miles de árboles anualmente en Totonicapán.