NARRATIVA – INVESTIGACIÓN – DATOS

Britney Isabel Alvarado de un año, juega sobre el piso de tierra a un lado de su madre en el municipio de San Felipe, Retalhuleu. Foto/Edwin Bercián

“Pollo cuando Dios nos bendice”

En la casa de Britney Isabel Martínez no hay recursos suficientes para arreglar el techo o comprar alimentos nutritivos.

Esta fotogalería forma parte del especial “Vidas vulnerables en tierra fértil“, un proyecto que analiza la desnutrición aguda infantil en la costa sur de Guatemala. A través de una investigación y siete historias familiares, el proyecto recorre las causas de esta crisis.

Britney Isabel Martínez Alvarado vive en la aldea Los Ángeles, una de las lotificaciones cercanas al casco urbano de San Felipe, un municipio de Retalhuleu.

En septiembre de 2025, Britney tenía un año y dos meses y desnutrición aguda moderada. 

Su madre, María Isabel Alvarado Puac, explica que su bebé tuvo muy buen peso al nacer, seis libras y media, pero a los ocho días de vida tuvo una primera fiebre y desde entonces se enferma con frecuencia. 

Según cuenta María Isabel, a Britney le afecta la humedad. Cuando hay viento, explica la madre, se levanta el techo de lámina de la casa, entra el agua y moja el armario plástico donde guardan la ropa de la niña. 

La abuela de Britney, doña Santiaga Porchay de Alvarado, añade que esto sucede porque las vigas de madera están apolilladas y la lámina no puede clavarse bien. 

Hace unos años quisieron cambiar el techo pero entonces murió el abuelo de Britney, el cabeza de familia, y ya no pudieron asumir el coste de esa reparación.

Santiaga Porchay de Alvarado descansa en su casa en el municipio de San Felipe, Retalhuleu el 23 de septiembre de 2025. Foto/Edwin Bercián
Santiaga Porchay de Alvarado, abuela de Britney, en la sala de su casa San Felipe, Retalhuleu. Foto/Edwin Bercián

Doña Santiaga, la abuela de Britney, explica que en la aldea Los Ángeles la mayor parte de la gente se dedica a trabajar por jornal en las plantaciones de hule o en las de café, cuando es la temporada de cosecha. Pero, según explica, “donde se gana bonito” es en el IRTRA, solo que para poder tener un empleo en los parques de diversiones “hay que tener papeles y estudio”. 

Ella no sabe leer. Su trabajo y principal fuente de ingresos es recoger hoja de maxán en un finca cercana llamada Casa Blanca. Después la vende en el mercado para hacer tamales. 

Gana unos Q40 al día, pero tiene que pagar Q5 por su sitio de venta en el piso de la plaza. 

Doña Santiaga cuenta que hubo un tiempo en que el guardián de la finca Casa Blanca no dejaba a la gente pasar para buscar leña u hojas, hasta que un día los dueños hablaron con él para que autorizara el ingreso.

María Isabel Alvarado carga en sus brazos a su hija Britney Alvarado mientras toma leche de un biberón. Foto/Edwin Bercián
María Isabel Alvarado carga en sus brazos a su hija Britney mientras toma leche. Foto/Edwin Bercián

María Isabel Alvarado Puac dio a luz a Britney en casa de su madre.  

Doña Santiaga no quiso que su hija fuera al hospital de Retalhuleu para el parto porque hace años la llevó allí por un fuerte dolor abdominal pero le dijeron que no era nada, solo aires, y la mandaron de vuelta. 

Doña Santiaga relata que ella insistió y consiguió que ingresaran a María Isabel, quien finalmente estuvo muy grave. Según cuenta, el fuerte dolor abdominal era en realidad el apéndice inflamado que, al no recibir tratamiento temprano, se rompió y le provocó una situación grave llamada peritonitis. 

Por eso no tuvo confianza en que a su hija la fueran a atender bien en el parto en el hospital.

En casa de su madre la comadrona la cuidó muy bien, no solo en el parto sino en todas las visitas posteriores, hasta que el ombligo de Britney se cayó . 

María Isabel es madre soltera  y vive con su madre. Ha estudiado hasta sexto de primaria.

Doña Santiaga, cuenta que se esforzó para que su hija estudiara y que, además, acudir a la escuela era importante porque allí María Isabel recibía una refacción todos los días. 

María Isabel vela que su hija Britney no caiga de la silla mientras juega con una pelota. Foto/Edwin Bercián
La niña Britney con su madre, María Isabel, y su abuela, Santiaga, en su casa. Foto/Edwin Bercián

En la familia de doña Santiaga, los hombres siempre han trabajado en fincas. Su papá era jornalero, su esposo era jornalero. 

Según cuenta, a su esposo le daban trabajo por tres quincenas, luego tenía que esperar un mes sin trabajo y después le contrataban de nuevo dos quincenas. 

Doña Santiaga recuerda que cuando conoció a su esposo, este ganaba como unos Q28 al día, pero entonces todo era mucho más barato y que incluso les alcanzaba para darle algunos quetzales a su suegra. 

Después de perder a su esposo, doña Santiaga perdió a uno de sus nueve hijos: un joven de 26 años que emigró a las fincas de banano en Tapachula, México, buscando salarios más altos que los que se pagan en Guatemala. 

Cuando murió el padre no pudieron avisarle. El joven se enteró cuando volvió de visita desde Tapachula.

Doña Santiaga no recuerda bien cuándo su hijo empezó a sentirse mal. Pero sí sabe que el joven fue a consultar al médico de la bananera, y este le dijo que la debilidad que sentía tenía que ver con la tristeza por la pérdida de su padre. Poco después su hijo murió de una enfermedad desconocida.

María Isabel Martínez sostiene en brazos a su hija frente a su casa en el municipio de San Felipe en Retalhuleu. Foto: Edwin Bercián
En la puerta de la casa de Britney, hay una tienda que vende papalinas, sodas y otros alimentos de escaso valor nutricional. Foto: Edwin Bercián

Doña Santiaga explica que el lugar donde está ahora la aldea Los Ángeles era en un principio un potrero. 

Su padre compró el lote –que luego ella heredó– por Q50. Su esposo hizo primero un pozo para no ir a lavar al río. Después, llegó la luz y el agua corriente. 

En la parte de atrás de la casa, doña Santiaga tiene una pila que comparte con otra de sus hijas, que vive con su familia en la casa de al lado. 

Para comer, doña Santiaga suele preparar tortilla, chipilín y hierbamora “en caldito” y “pollo cuando Dios nos bendice”. Más o menos una vez cada cada cuatro días, según relata.

La familia de Britney es uno de los muchos hogares de la costa sur que solo pueden permitirse una canasta básica de alimentos. Una dieta pobre que les alcanza para obtener las calorías necesarias para vivir y trabajar, pero que no contiene todos los nutrientes necesarios. 

Un estudio del año 2024/2025 revela que en los departamentos de la costa sur la mayor parte de las familias pueden permitirse una canasta básica, pero que el porcentaje de gente que no puede comprar suficientes alimentos nutritivos, por ejemplo proteínas de origen animal, es, de hecho, más alto que en algunos de los departamentos más pobres del altiplano, como Huehuetenango o en San Marcos. 

Esta fotogalería forma parte del especial “Vidas vulnerables en tierra fértil“, un proyecto que analiza la desnutrición aguda infantil en la costa sur de Guatemala. A través de una investigación y siete historias familiares, el proyecto recorre las causas de esta crisis.

Algunas prendas de ropa tendidas a la orilla de la carretera que conduce hacia Retalhuleu, donde prevalecen plantaciones de caña de azúcar. Foto/Edwin Bercián

Te puede interesar

TEMAS