NARRATIVA – INVESTIGACIÓN – DATOS

Con el tiempo Edgar ha escuchado la historia de cada uno de los adultos mayores que atiende desde tempranas horas en el Hogar de Ancianos Comalapa. Foto/Edwin Bercián.

El sistema de cuidados para adultos mayores, entre la precariedad y el olvido

Cuidar a adultos mayores sin hogar en Guatemala, supone un desgaste físico y psicológico para quienes asumen esa responsabilidad, una que casi nadie acepta, mucho menos el Estado. Con un sistema de protección social precario, hogares como el Mesón Buen Samaritano en Chimaltenango operan al borde del colapso.  

Este reportaje forma parte de la serie Imprescindibles, un especial cuenta la historia de miles de personas sostienen la vida cotidiana y buena parte de la economía desde trabajos que rara vez son reconocidos: el empleo doméstico, las maquilas, las labores de cuidado o el reciclaje informal.

Es una mañana fría, como las típicas de noviembre, con vientos fuertes. Entre el sonido del viento, un gorgorito, y gritos de jóvenes que juegan un partido de fútbol en el estadio municipal, nos dirigimos a la casa de ancianos Mesón Buen Samaritano, en San Juan Comalapa, Chimaltenango. Este estadio queda justo al lado de este hogar, en donde por un lado se escuchan los gritos enérgicos de la juventud y, por otro, las voces cansadas de un grupo de abuelos y abuelas que habitan este lugar. 

Al llegar, los ladridos fuertes de Pantera, Machas y Chispita nos reciben, como si esperaran con ansias la visita de extraños cada fin de semana. Estos tres caninos, que también forman parte del hogar, están acostumbrados a recibir visitas.  Lejos de asustar, el movimiento de las colas nos avisa que somos confiables para ingresar. 

Un poco más adelante, en el patio, nos encontramos con al menos 20 ancianos y ancianas, la mayoría en sillas de ruedas, con cabellos blancos, gorras de lana, medias y prendas abrigadoras.  Mientras conversaban unos con otros, los saludamos ¿quienes éramos? Se preguntaban. 

Con una expresión de extrañeza, este grupo de adultos mayores se encontraba esperando que las primeras horas del día transcurrieran. Y es que aquí el tiempo pasa demasiado lento, como los pasos que dan cada uno de los habitantes del hogar.

El Centro de Atención Integral para El Adulto Mayor, Mesón el Buen Samaritano, abrió sus puertas en la comunidad en 2009, bajo el respaldo de la organización Gloria por Cenizas, que comenzó a recibir fondos del Estado ese mismo año. 

En la actualidad el apoyo se redujo, dejando no solo una crisis económica, sino una recarga de trabajo al poco personal que atiende a los 45 habitantes del hogar.  La sostenibilidad cada vez es más difícil, contó Yoselin Catú quien trabaja en el área de secretaría del hogar. Según sus propias palabras, no solo se dedica a la parte administrativa, también  apoya otras actividades dentro del centro, porque la carga de actividades es muy grande y el personal es reducido.

Desde tempranas horas Edgar comienza con el aseo de ropa de los adultos mayores atendidos en el hogar de ancianos, Comalapa. Foto/Edwin Bercián.
Desde tempranas horas, Edgar comienza con el aseo de ropa de los adultos mayores atendidos en el hogar de ancianos en Comalapa. Foto/Edwin Bercián.

Cuando las tareas sobrepasan las responsabilidades, las jornadas se extienden

ELas jornadas para algunos integrantes del personal son extenuantes. Por ejemplo: Edgar López es el enfermero del hogar, pero también se encarga de la lavandería. Su turno empieza a las cinco de la mañana, todos los días, lo que significa que su jornada laboral llega a extenderse hasta 12 horas. “Mi área como cuidador es atender a los abuelitos.  Levantarlos,  bañarlos, cambiarlos, darle su ropita, llevarlos al comedor. Y quiera que no, es complicado,  Porque son bastantes abuelitos los que están ahorita en  el asilo”, explica Edgar López.

Durante nuestra conversación, Edgar se mostró un tanto tímido, un poco nervioso, aún así nos contó que él también limpia baños, sanitarios y  las habitaciones durante el día. Aunque no nos confirmaron el dato exacto sobre el salario, Edgar mencionó que reciben un incentivo, pero que no cuentan con prestaciones laborales. ”Nosotros recibimos un pequeño incentivo. Para mí es bonito. No estoy diciendo que no me gusta el incentivo tampoco”, explicó este cuidador 

La inseguridad en la sostenibilidad ha llevado a una parte del personal a trabajar también en recaudaciones.

Nosotros acá somos aproximadamente 18 personas laborando, de las cuales la coordinadora y los compañeros se encargan de buscar fondos para poder conseguir incentivos a las demás personas que también nos apoyan”,  mencionó Yoselin, la secretaria del establecimiento.. 

Agregó  que la organización Gloria por Cenizas aún garantiza 10 honorarios del equipo de cuidadores y cuidadoras. Aún así el personal es insuficiente para atender los cuidados que requiere cada habitante de la casa.

Personas mayores del hogar de ancianos en San Juan Comalapa, permanecen sentados en el comedor a la espera de su almuerzo. Foto/Edwin Bercián.
Personas mayores del hogar de ancianos en San Juan Comalapa, permanecen sentados en el comedor a la espera de su almuerzo. Foto/Edwin Bercián.

Cuidadores y cuidadoras, el soporte de la fuerza laboral en Guatemala

En Guatemala, diariamente, miles de personas madrugan para llegar a sus trabajos, otros miles, como Edgar,  también lo hacen, pero para hacerse cargo de lo que otros no pueden cuidar.  Una fuerza laboral que depende de la otra para poder ejercer profesiones soñadas, impulsar negocios familiares, empleos que absorben más de ocho horas diarias. Es una cadena en donde uno depende del otro para subsistir y donde la desigualdad cobra relevancia.

Detrás de cada guatemalteco o guatemalteca que traslada sus responsabilidades del cuidado familiar, hay alguien con una labor silenciosa: mujeres y hombres que tienen una tarea imprescindible ¡la de cuidar!.  Y es que cuidar es una de las tareas más importantes para sostener una economía y la fuerza laboral que demandan los países.  Desde cuidados especiales a la niñez, adultos de la tercera edad, enfermos y mascotas. Cuidados que padres, madres, hijos e hijas no pueden garantizar por sí mismos, responsabilidades otorgadas a extraños, a terceros, bajo condiciones de vulnerabilidad y precariedad. 

En Guatemala se estima que al menos 366,000 personas se dedican al trabajo de casa particular, según datos del Ministerio de Trabajo en Guatemala.  El informe Situación del Sector de Cuidados en Guatemala, El Salvador y Honduras Estado de situación del sector de cuidados en Guatemala, El Salvador y Honduras | ATRAHDOM menciona que, el segmento de cuidados remunerados, dominados por el empleo doméstico, comparten rasgos de baja remuneración, informalidad dentro del 80% en promedio y ausencia de mecanismos efectivos de protección social.

Este mismo informe señala que la proporción de personas mayores de 60 años con dependencia funcional alcanza el 12% de la estructura demográfica en la región. Este escenario proyecta que, en las próximas tres décadas, la demanda de los cuidados de larga duración se va a multiplicar por tres, lo que implica consecuentemente la necesidad de expandir la fuerza laboral formal dedicada a estos servicios desde cinco millones de personas en el 2020 a más de catorce millones en el 2050 según el BID. 

Un grupo de ancianos permanece en la entrada del Hogar de Ancianos Comalapa, previo a acudir al comedor para recibir sus alimentos. Foto/Edwin Bercián.

El reto de atender a adultos mayores

En el país, el tema de cuidados es visto como una labor simple, que carece de esfuerzo mental, sin embargo, la realidad es otra. Las personas que cuidan a la niñez o a los adultos mayores se enfrentan a vicisitudes que, en gran número de casos, ni los propios padres e hijos están dispuestos a soportar.

Estos dos sectores de la población: niñez y adultos de la tercera edad; están expuestos a diversas vulnerabilidades. La segunda, una fuerza laboral olvidada. 

Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), en el último censo poblacional se registró a 1.3 millones de adultos de la tercera edad, es decir a adultos mayores de 60 años.

Muchos de estos se encuentran al cuidado de sus familias que, posteriormente, delegan a terceros para hacerse cargo.  En otros casos albergados en asilos, alguno que otro rescatado de la condición de calle por entidades del Estado y referidos a albergues.

Entonces, ¿quién se hace cargo de esta población cuando las energías ya no son suficientes? ¿Quiénes están cuidando a aquellos que dieron su vitalidad para la producción de recursos en este país? 

En medio de un sistema que está acostumbrado al abandono y al olvido, el papel de las cuidadoras y cuidadores da respuestas a ese vacío, a la soledad, a la fatiga. Aunque no comparten lazos de sangre con los habitantes de los hogares para ancianos, asumen la responsabilidad de sostener vidas que decidieron ser desechadas por múltiples factores sociales. Jornadas de hasta 12 horas continuas, como nos lo contaron en el asilo del departamento de Chimaltenango.

María Coralia Morales Rosales posa para una fotografía en el Hogar de Ancianos Comalapa el 29 de noviembre de 2025. Foto/Edwin Bercián

Entre el abandono y la dependencia estatal

Cada adulto de la tercera edad ha llegado al hogar de San Juan Comalapa por diferentes razones. Algunos con historias trágicas de abandono, otros referidos por la Procuraduría General de la Nación (PGN).  Hasta el momento esta entidad del Estado ha referido a al menos 8 adultos mayores a este hogar. María Coralia Morales Rosales  tiene 75 años de edad y llegó a este lugar hace un año y cinco meses, después de que saliera del hospital de Chimaltenango.  Es originaria de Amatitlán y recuerda que de jovén estuvo trabajando en comedores del mercado de Antigua, Sacatepéquez. Después estuvo en condición de calle durante un largo tiempo. 

Juan Francisco Raymundo Boror es otro residente de esta casa.  Tiene 70 años de edad y cuatro años de estar en este lugar. Cuenta que antes de que lo refirieran al refugio era vendedor ambulante, Caminaba en las calles de Amatitlán ofreciendo productos de plástico, peines, espejos entre otras herramientas que vendía todos los días desde la mañana hasta la tarde. Pero de pronto, un día, ya no pudo caminar. En ese momento fue traído al hogar de Chimaltenango por una congregación de adultos mayores. Juan Francisco está postrado en silla de ruedas, lo que demanda  más cuidados.

Juan Francisco Boror de 70 años espera a que una enfermera lo lleve al comedor del Hogar de Ancianos ubicado en San Juan Comalapa. Foto/Edwin Bercián

A pesar de que existe una política de atención integral a las personas adultas mayores en Guatemala y leyes entre las que se encuentran la Ley de Protección para las Personas de la Tercera Edad, Decreto número 80-96 del Congreso de la República de Guatemala, o el Reglamento de la Ley de Protección para las Personas de la Tercera Edad, Acuerdo Gubernativo No. 135-2002, estas no se cumplen del todo y personas como las que aquí habitan, tienen que vivir con limitaciones que afectan también a  sus cuidadores y cuidadoras.

La agotadora labor de cuidar a quienes han sido olvidados

El personal que aquí trabaja atraviesa por distintas situaciones que lo desgastan física y psicológicamente. No todos los días son buenos. Algunos son más duros que otros. El encierro también hace estragos con el paso de los días y años.  

Yoselin contó que hay días en los que algunos residentes viajan a la ciudad para asistir a sus citas médicas y psiquiátricas. ”Hay días en que nuestro compañero se levanta a las 2 de la mañana para atender a los abuelos, los baña, los arregla para que estén listos para su traslado en la ciudad capital. Tenemos abuelitos que van a citas  psiquiátricas en el Hospital de Salud Mental Federico Mora y también tenemos abuelos que son referidos por el Hospital San Juan de Dios y el Roosevelt”, dijo Yoselin.

A pesar de que este centro está en Comalapa,Chimaltenango, solo cuatro locales son residentes. Los demás han llegado de lejos, Escuintla, Ciudad Capital, Retalhuleu, Huehuetenango, Acatenango y hasta de Nicaragua. 

Este centro que tiene 16 años no ha tenido muchas modificaciones con el paso de los años. Las paredes son de block, los pisos de cemento y el techo de lámina.Las habitaciones compartidas, comedor, cocina, lavandería y una pequeña enfermería se encuentran en las mismas condiciones. Ante el incremento de habitantes el lugar se hace cada vez más pequeño.

Edgar señala que los años que tiene de estar a cargo de los cuidados de personas mayores ha reforzado su paciencia en su servicio. Foto/Edwin Bercián

El costo físico y mental de cuidar a terceros 

Al preguntarle a Edgar, el enfermero del hogar, sobre las condiciones de trabajo y que piensa sobre ello, nos contestó que “sería bonito” que alguien apoyara a las personas que cuidan a un adulto mayor, “tanto como cuidadores o cuidadoras o enfermeros”. Rara vez las cuidadoras o cuidadores reciben atención médica o psicológica, olvidamos que también son humanos y necesitan estar bien.

Esto es algo que sucede frecuentemente en los trabajos de cuidado, no solo se cuida, se recargan responsabilidades no pactadas.  Fuera de los centros de cuidado como guarderías y asilos, también hay un mercado de ofertas laborales a lo individual de los hogares, que constantemente requieren los servicios de terceros para hacerse cargo de las infancias  y adultos mayores.  Servicios que quedan en la informalidad, sin regulación, ni reconocimiento económico digno. 

Las   organizaciones enfocadas en la defensa de los derechos laborales reciben denuncias en innumerables ocasiones acerca de situaciones que exceden los límites laborales. La Asociación de Trabajadoras del Hogar, a Domicilio y de Maquila ATRAHDOM ATRAHDOM | Las mujeres trabajadoras del mundo somos generadoras de desarrollo. lleva 19 años organizando y formando a mujeres que son parte de esta fuerza laboral en Guatemala.  En todo este tiempo han documentado decenas de casos de violaciones de derechos laborales, que tienen que ver con abusos y maltrato a las trabajadoras que se dedican al cuidado.

Maritza Velazquez, coordinadora general de ATRAHDOM menciona que cuidar a adultos de la tercera edad no es un trabajo fácil. Requiere de cuidados especiales. Según su experiencia en la documentación y acompañamiento a trabajadoras de este sector, los adultos mayores  tienen diversos  problemas de salud, algunos incluso  tienen padecimientos  de alzheimer o demencia senil.  Para estos casos Maritza agrega que las personas cuidadoras deben tener formación en primeros auxilios o ser enfermeras profesionales. Sin embargo, muchas familias evitan contratar a personas con este perfil, porque no quieren costear salarios dignos, entonces contratan a personas a quienes puedan pagarles menos.

“Hay que tener  fuerza física para poder levantarlos y sentarlos, sucede que  a veces le hablan feo, los insultan, los agreden, los tratan de tontos, les tiran cosas, han habido casos en donde hasta les escupen”, explica Maritza. 

Este sector de empleados y empleadas del cuidado sufre en silencio, agrega Maritza. Aceptan con resignación el trabajo de sostener una vida que ya no puede cuidar de sí misma.Tristemente, para algunos, es su única forma de sobrevivencia.  

El enfermero Edgar López durante una entrevista en el Hogar de Ancianos Comalapa el 29 de noviembre en San Juan Comalapa. Foto/Edwin Bercián

La urgencia por dignificar el trabajo de quienes cuidan

”Tengale paciencia a mi mamá. Por favor, no se vaya a ir”, le dijo una empleadora a una mujer trabajadora de casa particular que Maritza acompañó.  Ella fue contratada en principio para realizar oficios domésticos: limpiar, lavar, planchar, cocinar y hacer mandados, pero no para cuidar.  Sin embargo, ella también se hacía cargo del cuidado, sin recibir un pago extra y sin previo acuerdo.  

Este trabajo requiere de esfuerzo físico y está expuesto a un deterioro psicológico. Cuidar a una persona con dependencia física, genera cansancio.  A menudo los empleadores no asumen que quien cuida también necesita de las condiciones necesarias para lidiar con situaciones de vulnerabilidad laboral. Y, aunque organizaciones como ATRAHDOM han impulsado procesos de formación, y en algunos casos acompañamiento legal, aún existe el silencio. La mayoría de los trabajadores y trabajadoras no reclaman sus derechos por temor a perder su empleo. 

No se trata solo de proteger a los adultos mayores, sino de proteger a quienes les cuidan, dignificar el trabajo de quienes sostienen la etapa de declive de la vida.  Hasta ahora el desempleo y la necesidad han sido la excusa perfecta para la explotación y deshumanización del cuidado. Mientras el sistema ignora a este sector “ el de los olvidados” irónicamente quienes les cuidan también han sido abandonados por el Estado, por su poca respuesta  para impulsar políticas públicas y leyes laborales que les respalden.

Esta reportaje forma parte del especial Imprescindibles, una serie historias sobre aquellas personas que sostienen la vida cotidiana y buena parte de la economía desde trabajos que rara vez son reconocidos.

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