NARRATIVA – INVESTIGACIÓN – DATOS

Las comisionadas Patricia Gámez y Claudia Paredes, conversan durante la evaluación de expedientes de aspirantes de fiscal general del MP. Foto/Edwin Bercián

En la nómina de finalistas para dirigir el Ministerio Público hay ADN anti impunidad

La lista de seis nombres que recibirá el presidente Arévalo marca el fin de la era de Consuelo Porras, quien desmontó el aparato investigador que develó casos de corrupción de tal magnitud que hicieron rodar las cabezas de un presidente y de una vicepresidenta. La Comisión de Postulación requirió cuatro rondas de votación para sacar seis nombres, dos de los cuales carecen de cuestionamientos sólidos conocidos y, uno de ellos, es el de una mujer que fue fiscal especial en el juicio por el asesinato de Myrna Mack y que desde la Fiscalía trabajó largos años en la lucha anticorrupción.

El 20 de abril de 2026, la Comisión de Postulación para la elección de Fiscal General de Guatemala finalizó con la integración de la nómina de seis candidaturas que será remitida al presidente Bernardo Arévalo. 

El proceso, que se extendió por varias semanas en la Sala de Vistas de la Corte Suprema de Justicia (CSJ), concluyó con la exclusión de la actual fiscal general, Consuelo Porras Argueta, y el listado final quedó conformado por un grupo de profesionales que representan diferentes sectores del sistema judicial y académico del país.

La lista incluye perfiles diversos: desde candidatos que, desde la Junta de Disciplina Judicial, han respaldado a jueces cuestionados, hasta jueces que han optado por apartarse de casos ante amenazas contra su vida. También figuran exaspirantes presidenciales con vínculos militares y exmagistrados que han rechazado denuncias alegando la complejidad del funcionamiento de los tribunales de Mayor Riesgo. Se suman exfiscales que estuvieron a cargo del juicio por el asesinato de Myrna Mack, así como otros señalados por favorecer la criminalización de fiscales que investigaron el caso de Comisiones Paralelas de 2014.

Con esta nómina, la comisión postuladora evitó que Bernardo Arévalo tuviera que pronunciarse sobre Consuelo Porras, quien buscaba un tercer mandato consecutivo y a quien el mandatario ya daba por descartada si su nombre llegaba a la lista final. 

Para Consuelo Porras, este proceso representó su último intento por trasladarse a un cargo que le garantizara inmunidad. Antes buscó una magistratura en la Corte de Constitucionalidad a través de la Universidad de San Carlos, luego intentó llegar a la Corte Suprema de Justicia y, finalmente, apostó por su continuidad al frente del Ministerio Público, desde donde emprendió acciones contra actores clave —incluso dentro de la propia Fiscalía— que habían protagonizado algunos de los episodios más relevantes en la lucha contra la impunidad en Guatemala. Su gestión también la convirtió en un foco constante de tensión para Bernardo Arévalo y el partido Movimiento Semilla. 

Durante su gestión en el Ministerio Público, sus actuaciones coincidieron con los intereses de sectores conservadores que buscaron frenar la llegada al poder de un proyecto político al que consideran de izquierda. En ese contexto, la defensa de los resultados electorales derivó en la criminalización y privación de libertad de dirigentes indígenas que respaldaron el triunfo de Bernardo Arévalo. 

¿Qué sucedió para que esta mujer haya perdido por fin su poder? “Ya es un cohete quemado”, asegura Carmen Aída Ibarra, directora de la organización civil Movimiento Pro Justicia. “Lo que pasó con Consuelo Porras es relevante y es que los grupos de poder que la han mantenido por ocho años en el Ministerio Público la abandonaron”. 

Comisionados durante la evaluación de expedientes de candidatos a fiscal general del MP. Foto/Edwin Bercián
Comisionados durante la evaluación de expedientes de candidatos a fiscal general del MP. Foto/Edwin Bercián

La Comisión de Postulación, integrada por 15 profesionales —entre ellos la presidenta de la CSJ, decanos de facultades de Derecho y representantes del gremio de abogados (CANG)—, operó como un organismo binario desde sus primeras sesiones.

Los comisionados se agruparon en dos bloques en disputa, marcados por distintos criterios de interpretación constitucional. El proceso fue tan complejo que la comisión modificó la tabla de gradación y abrió un debate sobre la validez de la carrera judicial como experiencia profesional para optar al cargo. 

Una comisión binaria

Una de las posturas fue encabezada por la presidenta del Organismo Judicial, Claudia Paredes, y otra por la presidenta del Colegio de Abogados y Notarios de Guatemala (CANG), Patricia Gámez.

El “Bloque Dominante”, liderado por la magistrada Claudia Paredes (presidenta de la CSJ y de la comisión), tuvo el apoyo principal de varios decanos: Henry Arriaga (USAC), Enrique Sánchez Usera (Universidad Panamericana), Luis Roberto Lepe (Universidad Regional) y José Ángel González (Universidad de Occidente). A ellos se añadía en ocasiones Alicia Franco (presidenta del Tribunal de Honor del CANG), que se caracterizó por ser una comisionada ambivalente.

La presidenta del Tribunal de Honor del Cang, Carmen Franco, conversa con el decano de Derecho de la Usac, Henry Arriaga en la sala de vistas de la CSJ. Foto/Edwin Bercián
La presidenta del Tribunal de Honor del Cang, Carmen Franco, conversa con el decano de Derecho de la Usac, Henry Arriaga en la sala de vistas de la CSJ. Foto/Edwin Bercián

Este grupo, según análisis de organizaciones como Movimiento ProJusticia, fue percibido como un sector cercano a la actual administración del Ministerio Público y a los grupos tradicionales de poder, afines a utilizar el formalismo legal extremo para filtrar perfiles incómodos para el statu quo.

En el lado opuesto emergió una facción que entre los pasillos del Organismo Judicial se conoció como el “Bloque de la Resistencia”, y estaba liderado por Patricia Gámez (secretaria de la comisión y presidenta del CANG).

Este grupo, integrado por decanos como Julio César Cordón (Universidad Rafael Landívar), Luis Ruano (Universidad Mariano Gálvez), Nery Anleu (Universidad Mesoamericana) y Pablo Maldonado (Universidad del Istmo), abogó por una interpretación más amplia de la idoneidad y la meritocracia, intentando frenar un diseño de evaluación que originalmente favorecía la antigüedad sobre la calidad técnica.

Los comisionados Nery Anleu y  Roberto Lepe conversan durante la selección de expedientes en la sala de vistas de la CSJ. Foto/Edwin Bercián
Los comisionados Nery Anleu y Roberto Lepe conversan durante la selección de expedientes en la sala de vistas de la CSJ. Foto/Edwin Bercián

La negociación y el abandono de la fiscal Porras

La secuencia de votaciones final, como habían comentado días antes algunos de los comisionados de ambos bandos en conversaciones privadas, mostró un proceso menos caótico de lo que aparentó a primera vista. Más bien, los comisionados respondieron a una lógica de acuerdos escalonados, donde los bloques fueron eligiendo la nómina de seis candidatos por partes: primero el acuerdo conciliado, luego lo viable y, al final, lo negociado.

Cuando comenzó la primera ronda de elección, sucedió un hecho de armisticio pactado: Beyla Adaly Estrada Barrios obtuvo 13 votos, muy por encima del umbral de 10 (dos tercios de la comisión). El proceso operó con dos criterios: primero, una tabla de gradación sobre 100 puntos, en la que quienes alcanzaban al menos 75 pasaban a la fase de votación; luego, esa votación requería el respaldo de al menos 10 de los 15 comisionados.

El resultado de Beyla Estrada no fue marginal, sino expresión de un consenso amplio que atravesó prácticamente a todos los sectores de la comisión antes de definir la lista final de seis candidatos.

Fue en ese momento cuando los acuerdos entre bloques se hicieron más evidentes.

Hubo, no obstante, la evidencia de un núcleo que mantuvo posiciones estables, inamovibles, y que buscó amparar a la fiscal general, María Consuelo Porras, con 6 votos en todas las rondas de votación: Luis Lepe (Universidad Regional), José González (Universidad de Occidente), Claudia Paredes (CSJ), Henry Arriaga (USAC), Enrique Sánchez Usera (Universidad Panamericana) y Alicia Franco (Tribunal de Honor CANG) siempre votaron en favor de la jefa del Ministerio Público que deberá dejar el cargo a mediados de mayo de 2026.  

Sin embargo este llamado “Bloque Dominante” no logró expandir sus intenciones y Consuelo Porras quedó neutralizada y excluida del proceso. Aunque sus apoyos se mantuvieron firmes, tampoco logró más votos favorables y por eso no obtuvo el respaldo mínimo de 10 que se había trazado como umbral la comisión.

“Digamos que Porras tiene un deterioro en el que ella ya representa un riesgo para todos, no solo para las fuerzas democráticas del país, sino principalmente para los propios grupos que la impulsan. Ya no es útil. Y tiene que ser cambiada porque ya no les funciona”, comentó Carmen Aída Ibarra, de Pro Justicia. “Y la nómina no quedó realmente mal”, añadió.

La fiscal Consuelo Porras durante la entrevista ante la comisión de postulación el 9 de abril de 2026 en la sala de vistas de la CSJ. Foto/Edwin Bercián
La fiscal Consuelo Porras durante la entrevista ante la comisión de postulación el 9 de abril de 2026 en la sala de vistas de la CSJ. Foto/Edwin Bercián

Ibarra hace una valoración rápida sobre la lista de seis nombres: “Creo que hay, digamos, dos candidatos, Gabriel García Luna y Tatiana Morales, de los cuales, por lo menos nosotros no sabemos algo cuestionable”. 

Pero también contrasta y advierte: “Yo diría que hay un perfil, hay dos perfiles, que resaltan negativamente y son los de la exmagistrada Beyla Estrada por ese pasado de resoluciones oscuras que ella impulsó. Luego está el licenciado Rivera Clavería, quien ha sido un eterno candidato a fiscal general, pero sus vinculaciones político-partidarias y con militares suponen riesgos y entrañan inquietudes”, 

Sin embargo, el consenso inicial que se expresó con los 13 votos en favor de Beyla Estrada, no se replicó automáticamente en el resto de candidaturas. En esa misma primera ronda, los demás aspirantes se quedaron en una franja media —entre 5 y 9 votos—, lo que indicó que, fuera de ese acuerdo transversal, las preferencias estaban divididas en bloques.

Los votos flexibles

La segunda ronda fue el momento más decisivo del proceso. Aquí ya no se votó con la misma dispersión, sino con una lógica más estratégica. En un solo movimiento eligieron cuatro candidatos: César Augusto Ávila (10 votos), Julio César Rivera Clavería (11), Gabriel García Luna (10) y Zoila Morales Valdizón (10). 

El cambio en el comportamiento de los comisionados no fue casual. Respondió a la convergencia de dos dinámicas: por un lado, un grupo que votó de forma consistente y sostuvo determinadas candidaturas desde el inicio; por otro, un conjunto más flexible que terminó inclinando la balanza hacia quienes tenían posibilidades reales de alcanzar el umbral de 10 votos.

En ese contexto, el llamado “Bloque de la Resistencia” cedió ante sus contrincantes a cambio de asegurar la inclusión de la última candidata seleccionada, quien ingresó en el duodécimo lugar (con 70.28 puntos) tras la modificación de la tabla de gradación. El umbral mínimo se redujo de 75 a 70 puntos.

Claudia Paredes conversa con un funcionario del OJ durante la evaluación de expedientes de aspirantes a dirigir el MP. Foto/Edwin Bercián
Claudia Paredes conversa con un funcionario del OJ durante la evaluación de expedientes de aspirantes a dirigir el MP. Foto/Edwin Bercián

Después de esa segunda ronda, el proceso entró en una fase distinta. Con cinco candidatos ya electos, la tercera ronda se estancó. Ninguno de los aspirantes restantes logró alcanzar el umbral: Néctor Guilebaldo de León, José Manuel Quinto y Raúl López se quedaron en 7 votos, mientras Henry Elías llegó a 8. Los bloques no estarían de acuerdo hasta después de un largo receso de una hora con treinta minutos.

La resolución finalmente llegó en una cuarta ronda, cuando se rompió el bloqueo y Néctor Guilebaldo de León pasó de 7 a 11 votos. Un salto que solo pudo explicarse por un reacomodo en la negociación o, como lo explicaron los comisionados Patricia Gámez y Mario García: “Era uno de los candidatos al que no se le conocía ninguna tacha”. De León, tras el receso, sirvió como el último trueque para doblegar el voto del “Bloque Dominante”, que comprendió que buscar apoyos a su favor no era vialmente negociable. 

La Comisión de Postulación 2026-2030 finalizó la integración de una nómina de seis candidatos —Estrada, Ávila, Rivera Clavería, García Luna, Morales y De León— tras una guerra de posiciones que excluyó a Consuelo Porras mediante un bloqueo de nueve votos y que previamente neutralizó candidaturas como la del ministro Marco Antonio Villeda a través de tecnicismos legales sobre la carrera judicial.

Los nominados a nuevo Fiscal

Beyla Adaly Xiomara Estrada Barrientos y la protección de jueces oscuros

Beyla Adaly Xiomara Estrada Barrientos se consolidó como la figura de mayor consenso inicial en la Comisión de Postulación, siendo la primera profesional elegida para integrar la nómina de seis candidatos

Obtuvo una votación masiva de 13 votos a favor y solo 2 en contra, provenientes de los comisionados Patricia Gámez y Julio Cordón.

La trayectoria de Estrada Barrientos está profundamente vinculada a sectores de poder político y judicial tradicional. Es magistrada de la Sala Tercera de Apelaciones del Ramo Penal y esposa de Alfredo Brito, quien fungió como secretario de Comunicación Social durante la presidencia de Jimmy Morales

Informes de organizaciones civiles, como el de Impunity Watch titulado “Cortes en juego”, califican a la sala que ella integró como una de las más ineficientes del país entre los años 2015 y 2018.

Su historial judicial incluye una serie de resoluciones calificadas como “oscuras” que favorecieron a personajes señalados por corrupción y violaciones a los derechos humanos. 

Entre sus actuaciones más cuestionadas se encuentra la anulación de la sentencia contra cinco exdirectivos del Instituto Guatemalteco de Seguridad Social (IGSS) procesados por un fraude millonario, así como el cierre provisional del caso contra el exministro de la Defensa, Williams Mansilla, relacionado con la entrega de bonos ilegales al expresidente Morales

Asimismo, participó en fallos que beneficiaron con arresto domiciliario a familiares del expresidente Jimmy Morales en el caso Botín Registro de la Propiedad y se opuso a retirar la inmunidad al entonces alcalde Álvaro Arzú.

Carmen Aída Ibarra opina que Estrada trabaja para mantener una agenda de justicia favorable a ciertos sectores de poder, y que carece de la honorabilidad e independencia necesarias para dirigir el Ministerio Público.

Además, en 2024 asumió la presidencia de la Junta de Disciplina Judicial, periodo en el cual se ha documentado que se envió a archivo más de 110 denuncias contra jueces sancionados internacionalmente.

César Augusto Ávila Aparicio: el juez que tiene miedo

César Augusto Ávila Aparicio ingresó a la nómina de candidatos en la segunda ronda de votación con el apoyo de 10 comisionados y 5 votos en contra.

Con una calificación de 92.13 puntos, se posicionó como el segundo aspirante mejor evaluado de todo el proceso, solo por debajo de la actual fiscal Consuelo Porras.

Ávila posee una formación académica extensa que incluye posgrados en Derecho Mercantil y Corporativo por la Universidad de San Carlos de Guatemala, además de ser docente en diversas casas de estudio como la Universidad Da Vinci y la Universidad Mariano Gálvez.

Su carrera profesional combina la magistratura judicial con un pasado como militar retirado de la Escuela Politécnica.

A pesar de su alto punteo numérico, su idoneidad ha sido severamente cuestionada por vínculos familiares y actuaciones judiciales polémicas en el oriente del país. Ávila es esposo de Heidy Mariela Hichos Posadas, sobrina del fallecido diputado Baudilio Hichos, quien fue señalado de cooptar instituciones públicas en Chiquimula mediante la colocación de familiares en puestos clave del sistema judicial.

En 2015, pobladores de la región solicitaron el traslado de los magistrados de la Sala de Chiquimula, argumentando que actuaban con parcialidad para favorecer los intereses de la red de Hichos.

Asimismo, se ha reportado que Ávila Aparicio tiene un expediente de investigación abierto en el Ministerio Público en la Fiscalía Distrital de Zacapa, donde figura como sindicado por el delito de tráfico de influencias.

Un punto determinante en las críticas hacia su perfil es su supuesta falta de valentía frente al crimen organizado. Como magistrado de la Sala Mixta de Chiquimula, como especificó el Movimiento ProJusticia, buscó inhibirse de conocer el antejuicio contra el entonces alcalde Esduin Javier Javier, alias “Tres Kiebres”, acusado de asesinatos múltiples y vínculos con estructuras criminales

Ávila argumentó que “tenía miedo por su vida”, lo que provocó que el proceso se estancara y el antejuicio terminara archivado en las estructuras del Organismo Judicial

Además, su expediente académico fue incluido en listas de aspirantes que obtuvieron maestrías y posgrados de forma inusualmente rápida o “exprés.”

Julio César Rivera Clavería: el eterno candidato del sector seguridad

Julio César Rivera Clavería alcanzó su lugar en la nómina final durante la segunda ronda de votación, recibiendo 11 votos a favor y 4 en contra

Obtuvo una evaluación técnica de 88.93 puntos, sustentada en una de las trayectorias más longevas dentro del sector público guatemalteco, que data de la administración de Vinicio Cerezo en los años 80.

Rivera Clavería, quien ha sido descrito como un “eterno candidato” por sus constantes postulaciones al cargo desde el año 2010, posee una maestría en seguridad pública y ha desempeñado cargos críticos como viceministro de Gobernación, director del Sistema Penitenciario y director de la Guardia de Hacienda.

El análisis integral de su perfil revela riesgos significativos en términos de independencia e imparcialidad debido a su intensa actividad político-partidaria y militar

Rivera Clavería es un teniente coronel retirado del ejército y, en 2023, fue candidato a la Presidencia de la República por el partido Mi Familia. Su compañero de fórmula en ese proceso fue José Enrique Urrutia Estrada, un actor vinculado a organizaciones como Guatemala Inmortal que mantuvieron una postura hostil hacia la lucha contra la impunidad y la CICIG.

Estas vinculaciones sugieren una convergencia de intereses políticos, militares y económicos que podrían comprometer su apariencia de imparcialidad en la conducción de la acción penal pública

Adicionalmente, Rivera Clavería ha mantenido una relación sostenida como contratista del Estado durante al menos ocho años, diversificando sus servicios entre el Ministerio de Gobernación, el Registro de las Personas (RENAP) y municipalidades, lo que evidencia una dependencia económica del erario público.

Su condición de comerciante y arrendador de bienes inmuebles ha generado debates sobre posibles incompatibilidades legales con la Ley Orgánica del Ministerio Público, que prohíbe el ejercicio del comercio a sus funcionarios

Aunque ha rechazado sistemáticamente los señalamientos, informes históricos lo han vinculado con entornos relacionados con la denominada “Red Moreno”. Carmen Aida Ibarra subraya que sus vínculos con segmentos de inteligencia militar y su historial de contratos estatales despiertan profundas inquietudes sobre su capacidad para actuar con plena autonomía.

Gabriel Estuardo García Luna: el superviviente del debate judicial

Gabriel Estuardo García Luna fue elegido en la segunda ronda de votación con 10 votos a favor y 5 en contra. Con un punteo de 86.21, su inclusión en la nómina representó una victoria simbólica para el bloque de comisionados que defendió la importancia de reconocer la carrera judicial como experiencia profesional de abogado. A diferencia del ministro de Gobernación, Marco Villeda, García Luna sí se había acreditado como abogado ante la Corte Suprema de Justicia hace tiempo. El ministro, en cambio, solo lo hizo hasta febrero de 2026 y eso dio pie a que aunque ambos han tenido una carrera judicial prolongada, la carencia de acreditación durante su carrera en la judicatura impidió que le negaran puntaje en el tópico de experiencia como abogado.

García Luna cuenta con casi tres décadas de servicio dentro del Organismo Judicial, donde transitó desde cargos auxiliares hasta convertirse en magistrado de la Sala de Apelaciones de Cobán y presidente de la Junta de Disciplina Judicial.

Su perfil académico destaca por ser egresado de la Universidad Rafael Landívar y poseer una maestría en derecho penal por la USAC. No obstante, su idoneidad ha sido objeto de cuestionamientos por su aparente cercanía y su actuación en órganos disciplinarios.

En 2022, ya había integrado la nómina de seis candidatos presentada al entonces presidente Alejandro Giammattei, y desde 2024 ha mantenido contratos de servicios profesionales con la Procuraduría General de la Nación (PGN) que superan los Q780,000.00.

Durante su gestión como presidente de la Junta de Disciplina Judicial, García Luna conoció denuncias contra operadores de justicia en casos de alto impacto con resultados polémicos. Por un lado, rechazó denuncias contra jueces como Miguel Ángel Gálvez, reconociendo la complejidad de los casos de mayor riesgo; por otro, se le ha señalado por adoptar criterios permisivos frente a retrasos injustificados en la administración de justicia, particularmente en casos de violencia sexual.

También bajo su mando se resolvió la suspensión administrativa de la jueza Rocío Murillo en relación con el caso del Hogar Seguro Virgen de la Asunción, al incumplir una exhibición personal, una decisión que algunos sectores consideraron insuficiente dada la gravedad de los hechos.

El Movimiento Pro Justicia destaca que, si bien no se han presentado tachas formales en este proceso, su inserción en las dinámicas del gremio judicial y sus vínculos institucionales plantean dudas sobre su independencia funcional.

Zoila Tatiana Morales Valdizón: una larga carrera en el MP

Zoila Tatiana Morales Valdizón logró entrar en la nómina final durante la segunda ronda de votación con 10 votos a favor y 5 en contra. Al igual que Beyla Estrada, Morales Valdizón fue una de las aspirantes beneficiadas por la reducción de la línea de corte originalmente estipulada en 75 puntos, al alcanzar 70.28 puntos.

Su perfil destaca por ser el único dentro de la nómina que representa una carrera técnica de largo plazo dentro del Ministerio Público, donde laboró durante más de 25 años entre 1995 y 2022.

Es abogada y notaria con maestrías en propiedad intelectual y tiene una especialización en derechos humanos por la Universidad de San Carlos. La trayectoria de Morales Valdizón es valorada positivamente por sectores de la sociedad civil debido a su participación en investigaciones de alto impacto y su resistencia frente a presiones externas.

Durante sus años en la institución, dirigió unidades clave como la Fiscalía contra la Corrupción y la Fiscalía Especial contra el Crimen Organizado. Participó en procesos emblemáticos como el del juicio por el asesinato de Myrna Mack, investigaciones contra el general fallecido y miembro de la Inteligencia Militar del gobierno de facto de Efraín Ríos Montt,  Manuel Callejas, además del proceso “Conexión Panamá” que más tarde fue desestimado y donde el ex presidente Alfonso Portillo fue sospechoso de desviar fondos estatales a Panamá.

Su labor en la Fiscalía contra la Corrupción durante los primeros años de la institución la llevó a integrar equipos que lograron condenas relevantes, lo que derivó en amenazas directas contra su vida, especialmente por sus investigaciones vinculadas a redes ilícitas durante el gobierno de Alfonso Portillo.

A diferencia de otros candidatos en la nómina, Morales Valdizón es considerada uno de los perfiles menos cuestionables desde el punto de vista ético y de independencia funcional.

Su perfil combina una especialización técnica en la persecución de delitos complejos con una experiencia probada en el campo, habiendo integrado incluso la Unidad de Investigación Criminal Transnacional (TCIU).

Para observadores del proceso, ella representa una opción de “carrera institucional” frente a los perfiles más políticos o judiciales que dominan el resto de la lista, aunque su baja calificación numérica en la tabla de gradación refleja las dificultades de los perfiles técnicos para competir bajo los criterios de antigüedad impuestos por la comisión.

Néctor Guilebaldo de León Ramírez: el consenso pragmático

Néctor Guilebaldo de León Ramírez fue el último profesional en sumarse a la nómina de seis candidatos. Logró los votos necesarios hasta en una cuarta ronda, marcada por el agotamiento y la necesidad de cerrar el proceso.

Tras obtener solo 6 y 7 votos en las rondas anteriores, finalmente dio un salto hasta alcanzar 11 votos a favor y 4 en contra.

Con una calificación de 79.69 puntos, De León Ramírez cuenta con más de tres décadas de experiencia en el sector justicia, habiendo ocupado cargos de altísima relevancia tanto en el Ministerio Público —donde fue fiscal general interino en 2002— como en el Organismo Judicial como magistrado de la Sala Cuarta de Apelaciones

A pesar de su amplia experiencia, su perfil es uno de los más controvertidos debido a una serie de resoluciones judiciales que han favorecido a figuras políticas y por su mención en investigaciones sobre la manipulación de cortes.

De León Ramírez figura en los registros del caso “Comisiones Paralelas 2020”, una investigación judicial que reveló una red de influencias ilícitas diseñada para controlar la elección de magistrados de la Corte Suprema de Justicia (CSJ) y la Corte de Apelaciones para el periodo 2019-2024. 

Además, como presidente de la Sala Cuarta de Apelaciones, revocó la falta de mérito otorgada a auxiliares fiscales que investigaban el caso de las comisiones paralelas, lo que resultó en su procesamiento penal y prisión preventiva, una acción interpretada por diversos sectores como una forma de criminalización selectiva

Su historial incluye también fallos favorables para actores políticos, como el rechazo a la apelación del Ministerio Público que buscaba procesar al diputado Orlando Blanco por financiamiento electoral ilícito

Asimismo, fue denunciado por el delito de prevaricato por su actuación en decisiones relacionadas con la excarcelación de la magistrada Blanca Stalling

El Movimiento Pro Justicia califica su desempeño como magistrado como “pobre y no satisfactorio”, señalando que sus resoluciones han incidido negativamente en la rendición de cuentas en casos de corrupción emblemáticos.

Su elección en la cuarta ronda no respondió a una afinidad ideológica de la comisión, sino a una decisión pragmática de los comisionados para completar la lista y evitar un estancamiento prolongado.

Carmen Aida Ibarra advierte que, de los seis elegidos, De León es uno de los personajes que entraña mayores inquietudes para el futuro de la justicia independiente en Guatemala.

Entre jueces y abogados

El proceso de postulación 2026-2030 finalizó con una nómina técnica que ahora depende de la decisión política del Presidente de la República. La comisión cumplió con la entrega de los nombres antes del 17 de mayo, fecha en que debe asumir quien suceda a Consuelo Porras.

El trabajo de la comisión, no obstante, dejó evidencia de la división en la interpretación de las leyes de carrera judicial y profesional en Guatemala. El centro de la disputa fue una pregunta con profundas implicaciones políticas: ¿Es el tiempo que un juez pasa dictando sentencias equivalente al ejercicio profesional de un abogado?

Este dilema jurídico se fundamentó en la interpretación del artículo 216 de la Constitución. La magistrada Claudia Paredes, presidenta de la Comisión, encabezó la postura restrictiva. Su argumento se basó en un formalismo gramatical: la Constitución utiliza la conjunción disyuntiva “o” al exigir que el candidato haya ejercido la profesión de abogado por más de diez años o desempeñado una magistratura por el mismo período. 

El expediente del ministro de Gobernación,. Marco Villeda, es proyectado durante una de las reuniones de la comisión de postulación para la elección de fiscal del MP. Foto/Edwin Bercián
El expediente del ministro de Gobernación,. Marco Villeda, es proyectado durante una de las reuniones de la comisión de postulación para la elección de fiscal del MP. Foto/Edwin Bercián

Para Paredes, esta “o” separa taxativamente ambas funciones. Según su tesis, un juez tiene prohibido por ley el ejercicio liberal de la abogacía (litigar); por lo tanto, sus años en los tribunales no pueden sumarse al cómputo de “ejercicio profesional”.

En el lado opuesto, el bloque liderado por Patricia Gámez y Julio Cordón calificó esta interpretación como una “impostura técnica”. Su contraargumento fue más lógico y flexible: para ser juez en Guatemala, el requisito sine qua non es ser abogado colegiado activo. 

Cordón sostuvo que es irracional reconocerle experiencia profesional a un fiscal o a un defensor público, quienes tampoco pueden litigar de forma privada, y negársela a un juez que controla la legalidad de ambos. 

Este debate tuvo consecuencias materiales inmediatas. Se convirtió en la herramienta para excluir a candidatos incómodos. El caso más emblemático fue el del ministro de Gobernación Marco Antonio Villeda. Al negársele la validez de sus años como juez, su punteo fue dinamitado, quedando fuera de la contienda. Por el contrario, el bloque reformista logró salvar la candidatura de Gabriel García Luna, logrando que 11 comisionados votaran a favor de reconocer su trayectoria judicial, lo que le permitió integrar la nómina final.

Claudia Paredes, presidenta de la CSJ, conversa por teléfono durante una de las reuniones para elegir nómina de aspirantes al MP. Foto/Edwin Bercián
Claudia Paredes, presidenta de la CSJ, conversa por teléfono durante una de las reuniones para elegir nómina de aspirantes al MP. Foto/Edwin Bercián

Finalmente, este debate técnico reveló que la Comisión no buscaba únicamente calificar expedientes, sino establecer filtros ideológicos. Al elevar la barrera para los jueces de carrera, la mayoría de la Comisión intentó blindar el Ministerio Público contra perfiles que han desarrollado su carrera dentro del sistema de justicia independiente, prefiriendo figuras que provienen del litigio o de estructuras más alineadas con los grupos de poder tradicionales. La “guerra de la interpretación” terminó siendo, en realidad, una guerra por el control de la persecución penal.Asimismo, la exclusión de la actual fiscal general marcó un giro en la dinámica de las comisiones de postulación: el puntaje de la tabla de gradación dejó de ser el único criterio decisivo. En su lugar, cobró mayor peso el consenso político en torno a la idoneidad, honorabilidad y viabilidad de los perfiles, un aspecto que no fue calificado ni puntuado debido a diversas sentencias previas de la Corte de Constitucionalidad y que terminó siendo determinante en la integración de la lista final.

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