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“Rita” y ese infierno tan cercano

En el podcast de No Ficción, Esto no es normal, el periodista Bill Barreto habló sobre la película “Rita” de Jayro Bustamente, una recomendación cultural para continuar la discusión del episodio “No es normal tanta impunidad”.

Una niña internada en un centro de menores narra, desde una fantasía oscura, una realidad marcada por abusos, explotación y violencia institucional. Inspirada en la tragedia del Hogar Seguro en 2018, Rita expone la impunidad y la negligencia del Estado, transformando un relato simbólico en una denuncia cruda sin un final reparador.

Rita, una niña de 13 años víctima de abusos, es internada en un centro de menores donde continuará su lucha por sobrevivir. Entre el maltrato de los guardias, la complicidad de las y los funcionarios y un ecosistema de niñas vestidas como ángeles, lobas, conejas… da cuenta de una fantasía oscura detrás de la cual hay una realidad brutal de explotación sexual.

La película Rita (2022) es el cuarto largometraje de Jayro Bustamente, guionista y director de esta obra. En esta cinta de ficción Bustamente (autor de Ixcanul, Temblores, La Llorona) explora el género de la fantasía, una fantasía oscura en la cual se abre paso la violencia y el abuso. La historia a la que da pie, mediada por elementos sobrenaturales, es la del caso Hogar Seguro Virgen de la Asunción. Pero de igual forma podría ser la de cual centro de resguardado transformado en una trampa de abusos.

La muerte en las llamas de 41 niñas y las secuelas para 15 más que sobrevivieron a la negligencia y complicidad del Estado que debía protegerlas y las vulneró es el material de trasfondo. Una historia de impunidad, donde tras años de abusos sin castigo el centro de refugio se convirtió en una trampa mortal.

Rita es una ficción que aborda esta temática, como lo dice su propia protagonista “cómo la recuerdo, no necesariamente como pasó”. El velo de la ficción lo crea el elemento fantástico: las niñas internadas en el centro usan alas de ángel, orejas de conejas, maquillaje de lobas, disfraces de hadas.

Los guardias son descritos como ogros y las funcionarias y trabajadoras sociales resultan en una suerte de brujas al servicio de “la Institución”. El mecanismo es que el recuerdo/relato de Rita, su protagonista, nos conduzca a través del abuso, el abandono, pero también el compañerismo y la esperanza de las niñas dentro del refugio “Hogar virgen protectora”, un nombre tan irónico en la ficción como en la realidad que la inspira.

En este largometraje, Bustamante, que ya ha trabajado dramas sociales como Ixcanul y Temblores para abordar el racismo, la discriminación o las desigualdades; y que ha experimentado con el terror y el mito para tratar los crímenes del conflicto armado, en La Llorona; trata las violencias contra las menores en los centros de acogida en Rita con el vehículo de la fantasía oscura.

La denegación de la justicia, la violencia sistemática y las denuncias contra los abusos sexuales dentro de las mismas familias que no prosperan o topan con muros de indiferencia encarnan en este filme. Un horror cotidiano convertido en un filme con tintes fantásticos.

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El sinuoso camino al infierno

Tomemos, por ejemplo, dos secuencias aisladas del filme para ver como se construye este imaginario. Para empezar la presentación inicial de la protagonista en la película; y a continuación una escena a mediados del largometraje con una sesión de fotos de Rita dentro de la institución.

En la introducción del personaje con el inicio del filme, la niña es conducida en un vehículo que recorre carreteras sinuosas hasta ascender a una prisión/refugio, aquí podemos ver los ecos de ese icono del terror que es “El Resplandor”. Es la llegada a un territorio siniestro, a un mundo de seres terribles.

Pero aquí, a diferencia de otras cintas de tono fantástico, incluidas alguna que incluyen menores y referentes de mundos de fantasía como “El Espinazo del diablo” o “El laberinto del Fauno de Del Toro”, el tránsito no se da de un plano real a uno cada vez más fantástico o sobrenatural, por ejemplo. Es decir que se invierte ese orden habitual de los relatos donde se transita del mundo convencional a uno cada vez más onírico. 

Si no que, por el contrario, de entrada nos establece con la mirada de Rita, su narración en off y el relato en pantalla que el mundo que habita la protagonista está mutado. Una realidad alterna con tintes fantásticos: niñas de alas de ángel y niñas lobas, y trabajadoras sociales que arrastran la joroba de una bruja. Pero el relato icambia el sentido de ese viaje, y pasamos de la fantasía o el mundo onírico a una realidad cada vez más cruda. De lo fantástico a lo visceral.

Violencia sexual dentro de la familia, abusos de los guardias, un sistema de explotación sexual que clasifica a las niñas dentro de un catálogo como productos al mejor postor. Trozos de carne con disfraces para las fantasías sexuales de sus clientes.

Y en este punto retomo la segunda secuencia que quiero repasar. A Rita, le hacen dos sesiones de fotos para generar su “perfil” para el catálogo. Los instrumentos son una lampara circular para iluminarla mejor, un celular. Las instrucciones: coloca el rostro a tres cuartos, muérdete un dedo, te grabaremos mejor un video cómo si fueras una niña caprichosa, le dicen.

Rita es un objeto de deseo moldeado con alas de ángel, si al principio de la cinta los espectros que rondan la institución le advierten: “no uses las alas que te dan” no lo hacen por un aspecto sobrenatural. Le dicen que no use la indumentaria que la convierte en un fetiche.

Poster de la cinta “Rita” (2024), disponible en Canek.live, plataforma de contenidos audiovisuales.

“¿Qué dice el fuego? El fuego dice: con todo”

La exploración que hace Bustamante en esta cinta la conducen un elenco en su mayoría de niñas. A Rita la acompañan otras menores institucionalizadas: Terca, Bebé… sobrenombres para personajes que tienen que cargar con hacer avanzar la historia.

Tal vez este sea el aspecto más difícil de concretar de la película: que los intercambios en las actrices menores sean fluidos a la vez que transcurre una historia que salta en un pie de lo fantástico/simbólico al drama más crudo de los abusos institucionalizados en el centro de refugio.

En su tramo final, y esto podría ser considerado un spoiler sobre la película estrenada en 2024, la cinta se adentra más y más en la reconstrucción de los momentos finales de las niñas de la tragedia de Hogar Seguro en 2017.

Niñas hacinadas, castigadas sin agua, comida, intentan llamar la atención, denunciar los abusos sufridos o simplemente salir de su confinamiento prendiendo fuego a un colchón. Un último intento desesperado por encontrar una salida ante la indiferencia y las puertas cerradas.

La realidad se abre pasó y es más visceral que cualquier fantasía oscura.

Lo que sigue, a diferencia de otros esfuerzos de reescribir la historia desde el cine, es la tragedia, la muerte, el fuego, las cenizas. Quizás no sea casual que en menos de diez años esta sea la segunda ficción que aborda este caso, ya lo hizo en 2020, Hogar Seguro, una cinta de Elías Jiménez con un abordaje menos alegórico y sutil.

En el imaginario tal vez somos una sociedad que puede vivir con quemar niñas que debía proteger, con la idea de que hay personas que solo valen como mercancía de una catalogo en línea.

Niñas, fuego, muerte, cenizas, abusos. En la cinta de Jayro Bustamante la fantasía oscura de Rita se transforma en un cuento infantil con final trágico, al viejo estilo de los cuentos clásicos. El recorrido de Rita por ese infierno tan cercano nos dice que aquí sucedió un crimen, que siguen sucediendo hechos impunes y que esta historia no tiene un final feliz.

Fotograma de Rita (2024) una cinta de Jayro Bustamante. Imagen: La Casa de Producción.

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