Aunque el proceso electoral de 2027 aún no inicia oficialmente, en nuestro boletín semanal exáminamos cómo el Tribunal Supremo Electoral mantiene abiertos más de 120 expedientes por presunta campaña anticipada. Giras territoriales, resurrecciones políticas, propaganda digital y el retorno de figuras tradicionales reflejan una contienda adelantada que estará marcada por la judicialización, polarización y desconfianza ciudadana.
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Formalmente, Guatemala todavía no está en campaña. Pero la realidad política cuenta otra historia.
A seis meses de que comience el proceso electoral de 2027, el Tribunal Supremo Electoral (TSE) ha confirmado que mantiene abiertos más de 120 expedientes contra figuras políticas, partidos y grupos en formación por presunta campaña anticipada.
Las giras territoriales, las jornadas masivas de afiliación, la propaganda disfrazada de actividad partidaria, las publicaciones en redes sociales y el reposicionamiento de viejos actores políticos evidencian que las elecciones de 2027 ya dan señales de haber iniciado.
Pero más allá de las posibles sanciones —que podrían llegar incluso a impedir candidaturas bajo el artículo 94 Bis de la Ley Electoral—, este preámbulo habla de una contienda que estará marcada por la judicialización, las denuncias y fiscalización digital, además del control de la narrativa pública durante seis meses.
En este contexto de casos de campaña prematura: Zury Ríos ha regresado con el partido Unionistas. Sandra Torres, con la Unidad Nacional de la Esperanza (UNE), recorre los departamentos.
Roberto Arzú de Cabal y Carlos Pineda del partido Servir inundan con videos las redes sociales.
Para mayo de 2026, según datos del TSE, el comité pro formación de Raíces, que surgió tras la cancelación del Movimiento Semilla, alcanzó y superó las 27,494 firmas válidas exigidas por la Ley Electoral y de Partidos Políticos.
Pablo Portocarrero (Secretario General en funciones del TSE) aclaró a los medios “que la apertura de un expediente de investigación no equivale a una condena automática ni significa que el político esté inhabilitado de inmediato”.
Pero este tipo de proselitismo prematuro, identificado por el TSE, también habla de dos fenómenos simultáneos. Primero, la incapacidad histórica del sistema político para respetar los límites entre organización partidaria y propaganda electoral. Y segundo, la ansiedad de múltiples actores por instalarse en el debate público con suficiente anticipación ante una elección que estará, sobre todo, en las redes sociales, más que en las campañas tradicionales.
Actores reciclados
El panorama tan prematuro de 2027 también refleja otro rasgo persistente dentro del sistema de partidos políticos de Guatemala: la reaparición de figuras tradicionales bajo nuevas plataformas o con estrategias renovadas.
La ex candidata presidencial Zury Ríos, por ejemplo, reapareció públicamente después de haber anunciado su retiro político tras las elecciones de 2023. Ahora recorre el país promoviendo afiliaciones para el partido Unionista y posicionándose como una de las voces opositoras más activas contra el gobierno de Bernardo Arévalo.
Su regreso confirma que la política guatemalteca está marcada por liderazgos personalistas de larga duración. Aunque las plataformas cambian, muchos de los nombres que comienzan a sonar para 2027 pertenecen a actores que han participado en múltiples procesos electorales o que representan estructuras políticas ya conocidas.
El caso de Sandra Torres es otro arquetipo político de Guatemala. La líder de la Unidad Nacional de la Esperanza (UNE) acumula tres derrotas consecutivas en segunda vuelta presidencial, pero mantiene casi intacta su maquinaria territorial. Torres, según las denuncias contra su partido, ha logrado intensificar las jornadas de afiliación, mientras trabaja en un plan de adopción de alcaldes de otros partidos para expandirse a varios departamentos de manera estratégica.
La fragmentación partidaria y el mercado de partidos
Con los expedientes de campaña anticipada, como incluso ha comentado el ex magistrado del TSE, Jorge Valenzuela, el sistema político guatemalteco es también sinónimo de fragmentación. Las agrupaciones funcionan muchas veces como vehículos electorales temporales más que como proyectos ideológicos consolidados.
En este panorama anticipado de 2027 aparece el partido Servir, vinculado a Carlos Pineda, excluido de la elección de 2023 por irregularidades relacionadas con la agrupación Prosperidad Ciudadana. También Javier Gramajo, ex alcalde de Villa Nueva, que ha pasado del partido Fuerza a Vamos y en las próximas elecciones apoya a Comunidad Elefante.
Emergen, además, el diputado Marvin Adrían Zepeda del partido TODOS, que antes militó en Prosperidad Ciudadana. O Wilton Berreondo, ex alcalde de Fraijanes, que pasó del partido Humanista (2019) a Vamos (2023) y ahora se ha integrado a Unionistas.
Roberto Garza (Inspector General del TSE) detalló que los monitoreos han detectado y documentado la organización de eventos públicos difusos —como las masivas celebraciones del Día de la Madre o del Día de la Familia en los municipios— que bajo la fachada de “jornadas de afiliación” o actividades benéficas, son utilizados como plataformas de promoción individual. Oficialmente son procesos organizativos; en la práctica funcionan como actos de movilización y posicionamiento anticipado.
La lucha de resurrección
Ante el TSE, la UNE ha adoptado una postura de fuerte confrontación y sospecha frente al meteórico avance en la recolección de firmas del comité pro formación Raíces (la nueva plataforma del oficialismo surgida tras la cancelación del Movimiento Semilla). Incluso con denuncias de posible campaña anticipada.
La frase utilizada por Raíces —“La semilla germinó… cuando intentaron arrancarnos, elegimos echar raíces”— resume la narrativa que buscarán construir rumbo a 2027: intentar reorganizar al voto urbano progresista y anticorrupción que emergió en 2023.
Sin embargo, este esfuerzo ocurre en un contexto más complejo para el gobierno, marcado por el desgaste político, críticas a su gestión y un creciente desencanto ciudadano.
Más que un simple relevo de nombre, Raíces representa el intento de resurrección de un movimiento que apuesta por sobrevivir políticamente aun después de haber sido expulsado del sistema electoral.
Desconfianza democrática y fatiga ciudadana
Según la encuesta de persepción a cargo de CID Gallup y presentada el miércoles de esta semana, se revela que el 68% de los guatemaltecos confía poco o nada en que las elecciones de 2027 serán limpias y transparentes.
Además, el 57% afirma no conocer suficientemente a los posibles candidatos y un 17% considera que no existe ningún buen aspirante presidencial. En la evaluación de figuras públicas, Ernesto “Neto” Bran se posiciona como el personaje con el mayor índice de favorabilidad, con un 55 % de aprobación.
El resultado refleja, según el estudio, una combinación peligrosa: desgaste institucional, desconfianza electoral y falta de renovación política.
La ciudadanía parece percibir que las elecciones de 2027 podrían repetir varias de las dinámicas que marcaron procesos anteriores: campañas adelantadas, judicialización electoral, fragmentación partidaria, criminalización, desinformación digital y reciclaje de figuras tradicionales.
El 48% está en desacuerdo con las campañas políticas anticipadas y el 34% las considera aceptables. Las preocupaciones de los guatemaltecos, según la encuesta, cambiaron y a seis meses de las elecciones: “el costo de la vida” es una prioridad.
A ello se suma un entorno regional y nacional marcado por la polarización política, debilitamiento institucional y creciente utilización de plataformas digitales para instalar narrativas polarizantes o confrontativas.
En ese escenario, la gran incógnita no es solamente quién podrá participar en las próximas elecciones, sino si el sistema político guatemalteco logrará reconstruir algún nivel de credibilidad antes de llegar nuevamente a las urnas.
Y si un nuevo TSE, recién electo en marzo de este año, logrará ser un arbitro confiable para unas elecciones que ya han comenzado prematuramente.