En este episodio del pódcast “Artistas y cultura en los territorios”, nos adentramos en el legado de la artista kaqchikel Angélica Serech, una mujer que ha dedicado más de 36 años de su vida a hilar historias por medio de su obra.
TRANSCRIPCIÓN
Es jueves por la tarde, nos encontramos en La Nueva Fábrica. Un centro dedicado al arte contemporáneo y, según la propia institución, un espacio abierto a artistas, curadores, educadores, estudiantes y comunidades comprometidas con el arte y la cultura, ubicado en Santa Ana, Antigua Guatemala.
Efecto de sonido: niños jugando y pasos
Narradora
Afuera, los niños juegan fútbol y la gente camina por la avenida; se respira tranquilidad en este barrio. Al entrar, dos autobuses de una línea extinta de Antigua Guatemala dan cuenta de que el lugar alberga la historia de la comunidad.
Avanzamos hacia uno de los grandes salones, donde las obras de dos mujeres comienzan a hilarse. ¿Qué tienen en común estas creadoras de épocas y disciplinas tan distintas? Ambas han plasmado su cotidianidad, rompiendo con los cánones y estereotipos estéticos en una exposición que entrelaza el pasado y el presente del talento de mujeres comalapenses: Rosa Elena Curruchich y Angélica Serech.
Esta muestra, titulada Xa Jun Ruk’oxomal Qanima (“Un solo latido”) intenta retratar a una Comalapa con organización comunitaria, celebración, cultura y fuerte identidad por medio de los tejidos. Angélica Serech, por medio de sus esculturas tejidas, ofrece un tributo a una de las primeras artistas conocidas de su comunidad. Y es que hablar de Comalapa, Chimaltenango, Guatemala, no es hablar solamente de arte: es hablar de historia, economía y academia. Nacer en este territorio es habitar entre murales de colores, galerías, música y personalidades que resaltan en la historia de este país.
Mientras nos adentramos en esta exposición nos encontramos con una de las piezas más importantes de la muestra, titulada Mutar la piel. En ella predominan las tonalidades tierra que evocan el territorio y está elaborada mediante diversas técnicas de tejido. La composición entrelaza hilos de algodón y lana convencional con elementos orgánicos como chile seco y ramas de membrillo, construyendo una superficie que articula lo textil, lo natural y lo ritual. De esta manera, integra elementos que remiten a las prácticas ancestrales y la relación con el entorno.
La artista señala que esta es una de sus obras de mayor escala hasta la fecha, y su magnitud tiene una razón de ser: con el paso del tiempo, el hallazgo de retratos y obras de la artista Rosa Elena le permitió establecer un diálogo simbólico sobre el arte. Aunque han transcurrido 21 años del fallecimiento de Curruchich, su memoria continúa vigente en cada una de sus pinturas, la conexión e intercambio hizo que la inspiración de Angélica fluyera de manera natural; cuanta más información descubría sobre ella, más se extendía el proceso creativo del tejido.
En sus inicios, Mutar la piel fue pensada para un formato pequeño. Sin embargo, durante su proceso de investigación, la artista logró contactar a Pilar Curruchich, hermana de Rosa Elena que aún reside en Comalapa, y fue gracias a sus relatos que conoció de cerca la vida de la maestra. A medida que estas conversaciones se profundizaban, el lienzo textil comenzó a expandirse hasta convertirse en una obra de gran extensión como la que es hoy en día.

La segunda obra que Serech ofrece en esta exposición como homenaje a Rosa Elena ha sido nombrada Xti mita Xtän (Pequeña niña), elaborada con hilos de algodón, mediante la técnica de crochet. Fue realizada utilizando las manos y los brazos debido a la escala de la obra, prescindiendo de agujas tradicionales. Hasta la fecha, es la pieza más pesada de la serie: 99 libras en hilos de algodón.
Transición con música
Angélica Serech
“Lo que más me llenó de esta exposición fue encontrarme con la maestra. Somos de distintos tiempos, distintas generaciones; sin embargo, nos hemos encontrado en nuestra cotidianidad. Ella pintaba y plasmaba su cotidianidad, su vida, sus vivencias también; y fue hermoso encontrarme, principalmente, con una de las obras que se titula La niña presenta sus huipiles ante el pueblo. Entonces, llegó a mi mente Xti imita xtän: cómo las dos patojitas presentan su trabajo ante su pueblo”.
Transición con música
Narradora
¡Hola! Soy Elsa Amanda Chiquitó, reportera de No Ficción Radio. Bienvenidos a un episodio más del especial “Artistas y cultura en los territorios”. Hoy nos adentramos en el legado de la artista kaqchikel Angélica Serech, a quien escuchábamos hace un momento, una mujer que ha dedicado más de 36 años de su vida a hilar historias por medio de su obra.
En esta exposición se concreta la amplia trayectoria de Angélica, aunque su trabajo es mucho más extenso y tiene sus inicios en la década de los 80, cuando con tan solo 8 años comenzó a desafiar las reglas establecidas en el tejido tradicional, colocando patrones y colores innovadores que llamaban la atención.
Acompáñanos en este podcast a dar un recorrido por las memorias y vivencias de esta artista kaqchikel.
Angélica Serech
“Yo crecí entre los hilos, porque mi familia ha venido trabajando en los textiles por varias generaciones. Entonces, yo logré ver a mis abuelitos Julián y María de Jesús todavía, cómo ellos implementan sus talleres textiles, no solo en Comalapa, sino en las comunidades”

Narradora
Crecer entre hilos fue la clave para que Serech decidiera continuar con el legado familiar. Como la segunda hija y la más curiosa de su casa. De niña le gustaba revisar los álbumes fotográficos donde su padre, Toribio Serech Cutzal, aparecía tejiendo alfombras de estilo persa. Le emocionaba pensar que ella también podría lograr algo así, saliéndose de lo convencional.
Sus tías también tuvieron una gran influencia en esos primeros acercamientos al arte del tejido. Tanto que fue una de ellas, Alma Serech, quien la inició en el telar de cintura a los ocho años.
Angélica Serech
“Para mí siempre han sido todas unas ingenieras, todas unas arquitectas, expertas en matemáticas, en el conteo de los hilos, en saber de qué forma estructuraban los peines en los telares de pedal y en los telares de cintura también, incluso mi tía Lidia Serech, ella a falta de personas expertas en la elaboración de las aviaduras, ella empieza a crear sus aviaduras, empieza a crear una forma distinta en los textiles, entonces de ahí viene como mi interés”
Narradora
El primer trabajo de la hoy artista fue una servilleta, que posteriormente lograron vender y la cual fue una motivación para seguir tejiendo y aprendiendo a la vez. Su segundo proyecto fue una faja, el elemento de la indumentaria que utilizan las mujeres mayas para sostener el huipil y el corte. Con esta tenían una misión especial: trabajar el equilibrio en el tejido. Su tercer proyecto fue un huipil para niña.
Angélica Serech
“Fue bien gracioso porque por ser nuestro primer huipil, en el centro las figuras tienen que casar, estar una frente a otra, si son pajaritos, verse al frente y si son florecitas, también encontrarse una con otra. Pero justamente cometimos un error grande con mi hermanita y el centro eran campanitas y las campanitas todas eran derechas, no casaban en el centro. Sin embargo, cuando mi tía, quien nos enseñó, mi tía Alma, lleva nuestros huipiles a Patzún, que es donde se vendieron nuestros primeros huipiles, justamente vieron el error, pero la maestra quien los adquirió dijo “¿Pero quién los hizo?” Lo hicieron las niñas. Ah, démelos, démelos, los voy a comprar, hay que motivarlas”
Narradora
Fue así como un pequeño acto de motivación desató la inquietud, sirvió de impulso y abrió las puertas para que aquella niña nunca más dejara de tejer. A partir de ese momento, acompañada por su hermana menor, quien también aprendió el oficio a su lado, tejían sin parar, incluso por las noches. Angélica recuerda que, de las dos, su hermana seguía las reglas y los patrones tradicionales. Ella, en cambio, era diferente, ideaba nuevos diseños y utilizaba colores distintos. Aunque a menudo le decían que no se esperaba mucho de sus huipiles, desde ese instante decidió ir contra la corriente y transformar las estructuras ya establecidas en los patrones.

Angélica Serech
“Yo tenía ideas muy locas, quería utilizar colores muy distintos y empecé a cambiar la iconografía también como para facilitarme la vida, un huipil que tardábamos nosotras en realizar dos meses o algo así. Yo lograba sacarlo en menos tiempo, pero mis huipiles eran distintos. Eran mucho más fáciles.[22:49]Entonces, mi mamá siempre me decía que mis huipiles nadie los iba a comprar porque yo no seguía las reglas, pero cuando los adquirían antes que los otros, entonces cambiaba de opinión”
Efecto de sonido: Tejido del telar de cintura
Narradora
Para Angélica el arte también se hereda, y por eso asegura que en sus venas corre el talento de toda una generación de tejedoras y tejedores. Sin embargo, en un momento determinado este oficio dejó de ser prioridad en la familia, por las condiciones económicas y el contexto que atravesaban. Su madre, Angelina Gómez Bal, fue una de las primeras enfermeras en la comunidad y creía que garantizar una buena educación a sus hijos les daría mejores oportunidades; su padre, Toribio Serech, quien solo pudo cursar primero de primaria dentro del sistema de educación tradicional, también creía que era indispensable que Angélica continuara los pasos de su madre, claro, sin dejar de lado lo que a ella verdaderamente le emocionaba.
En medio de estos años de infancia recuerda este episodio que la marcó y fue determinante para llegar a ser quien es hoy.
Angélica Serech
“ Nunca me fue bien en la academia. Mi sentir y mi deseo era otro, pero las escuelas son muy cuadradas, entonces el tipo de enseñanza también es muy rígido y no nos permitían cómo descubrir nuestro talento y para mí era muy frustrante también ver que mis hermanos avanzaban y no solo avanzaban, sino eran muy buenos en lo que ellos hacían, pero mi papá siempre siempre sabía que yo era diferente y me motivaba a que yo hiciera cosas distintas”.

Narradora
Aún con las limitaciones y frustraciones que dejó atrás en la infancia, logró graduarse como secretaria durante su juventud e ingresar a la universidad. Solo después de asegurar parte del camino académico que requerían sus padres, en 2003 experimentó por primera vez con un telar vertical. Su padre fue una de las personas que, por medio de lo que ella llama “palabras sencillas”, la motivó a seguir explorando. Pero no solo su padre, otra de sus mentoras, su tía Lidia Serech, también influyó para que trabajara con tejidos experimentales.
Angélica Serech
”Para mí el telar experimental en el 2003 fue como romper mi propio paradigma y empezar a utilizar materiales que jamás había utilizado. Empecé a utilizar maguey, empecé a utilizar distintos calibres de hilos súper anchos, super gruesos, empecé a introducir de nuevo mi propia iconografía y empecé a tratar de tejer mis propias historias, mi propio sentir y pues cuando culminé mi primer textil, mi primera obra de arte, para mí fue también como de mucho agradecimiento, felicidad”
Narradora
Pero la felicidad no duró mucho, Angélica estaba consciente de que no tenía ninguna referencia artística y de que su trabajo no giraba alrededor de algún canon artístico, y ella había osado hacer algo diferente y era arte textil. Las críticas a su trabajo no se hicieron esperar.
Angélica Serech
“Para mí fue un golpe fuerte. Dejé de tejer un par de meses, pero era más mi deseo y mi fuerza de seguir tejiendo, entonces empecé a tejer, a tejer y desde ahí no he parado”
Narradora
Tras esa experiencia, la artista intensificó su esfuerzo. Fue así como, en 2010 junto a un grupo de tejedoras de Comalapa llamado Rub’onil Ruwach’ulew, que interpretado desde el español significa “Colores de la tierra”, participó en un proceso de formación sobre la recuperación de tintes naturales de la mano del maestro japonés Hideo Kojima .
En 2018 la artista decidió tomar un riesgo y comenzó a crear esculturas textiles de gran formato, algunas de tres o cuatro metros que supusieron un reto mayor. En 2019 comenzó a utilizar elementos corporales, como cabello humano, un proceso creativo que surgió a partir de un proyecto en el Museo Universitario de Ciencias de la UNAM, y tras conocer a la artista mexicana Lourdes Osnaya en un taller. El reto consistía en utilizar materiales que nunca habían trabajado, en ese proceso Angélica comenzó a introducir gusanos de seda en sus textiles como un trabajo de investigación.
En 2020 Angélica elaboró una serie como tributo a las mujeres de su familia, sus abuelas: María de Jesús y Paula como una forma de agradecimiento a ese talento heredado.
Los años seguían transcurriendo y Angélica continuaba preparándose, tejiendo una obra tras otra.
Un año después, en 2021, otro creador de Comalapa, Fernando Poyón, reseñó su obra, lo que generó un impacto en curadores del país que comenzaron a interesarse en su trayectoria. Mariflor Gálvez fue una de esas personas y le abrió las puertas a su primera participación en un festival artístico en Guatemala: JUANNIO. Desde ese momento, nada detuvo la inspiración de Serech, quien describe sus distintas etapas creativas como un encuentro con los hilos que le ayudó a encontrar su propia voz.
Angélica Serech
“Una de las razones por las cuales yo me encontré en los hilos fue porque entendí que en los hilos podía hablar con mi propia voz y expresar aquello que en palabras no podía. Cuando inicié era una persona muy tímida y me cuesta todavía hablar de esta forma verbal. Sin embargo, creo que al pasar del tiempo los hilos me han dado fuerza y no solo me han sanado también en distintas etapas de mi vida, sino que me acompañan”
Narradora
El tejido ha sido y seguirá siendo ese lenguaje especial de Angélica para comunicarse y trasladar sus emociones a las personas; los hilos toman su voz y hablan a través de sus colores, texturas y formas. Aunque a menudo Angélica se hizo esta pregunta: ¿Quién teje a quién? Y ha concluido esto:
Angélica Serech
“¿Quién tejé a quién?” Y antes yo pensaba que yo las tejía, pero me di cuenta de que ellas me tejían a mí, ellas me estuvieron tejiendo en todo mi caminar, en todo mi recorrido y yo creo que es gracias a ser genuina”.

Pie de foto: La artista Angélica Serech, posa para un retrato en su estudio el 21 de mayo de 2026 en San Juan Comalapa. Foto/Edwin Bercián
Su entorno ha tenido mucho que ver en la construcción de una carrera sólida como la que tiene ahora, su legado familiar y, sobre todo, la historia comunitaria. Su inspiración parte de haber comprendido desde niña, la importancia de la iconografía de sus huipiles, porque relatan la cotidianidad de las mujeres, pero además, entendió que no se trataba de un saber exclusivo de ella, sino de conocimiento comunal y por lo tanto tenía que respetarla y, a la vez, resguardarla.
Comprendió entonces que, para abrirse camino, debía comenzar a tejer su propia historia con los hilos.
Angélica Serech
“Yo dije, “Bueno, si en mi pueblo hablan de su historia con su iconografía y sus propios colores”, entonces, yo también quiero hacer lo mío, aunque en ese momento sabía que yo estaba trabajando solo para mí. Todo lo que tejí antes de que se visibilizara mi trabajo era para mí. Empecé a crear y formar mi raíz y pues la inspiración muchas veces venía de la mano con los colores, con la paleta de colores que yo elegía primero. Antes de hacer cualquier cosa o tejer, yo decía, “Bueno, ¿qué quiero tejer? ¿Por qué quiero tejer? ¿Para qué lo voy a hacer? ¿Con qué lo voy a hacer?” Al igual que mis huipiles”
Narradora
Esta artista kaqchikel que antepone su identidad e historia comunal antes de realizar cada pieza, dice que su propósito es preservar todo aquello que impulsó su trabajo desde el primer día, mantener los pies sobre la tierra y mucho más dentro del arte contemporáneo. Mantener la esencia es vital, porque ahora lleva una responsabilidad: la de trasladar y defender su conocimiento en espacios artísticos.
Angélica Serech
“Yo pienso que en nuestros pueblos originarios siempre, siempre, siempre hemos producido arte en múltiples formas, en distintos sentires, pero históricamente no hemos sido reconocidos como tales. Y porque si no hemos estudiado arte, entonces somos artesanas. Y si no tenemos buenas plataformas de donde nosotros despegamos o dependiendo de dónde estemos o quién habla de nuestro trabajo, de esa misma forma también nos van a encasillar o enmarcar ya sea en artesanías o en arte”
Estar dentro de la categoría de artista o artesana aún le resuena en la cabeza, fue algo que escuchó todo este tiempo, pues a sus tías quienes eran tejedoras se les encasilló como artesanas, aun sabiendo la complejidad de las técnicas que utilizaban para crear.

Angélica Serech
“Siempre tuve ese conflicto desde pequeña. Y pienso que para ir cambiando todas esas narrativas, nosotros debemos valorarnos primero y nosotros debemos reconocernos. Para mí también fue muy difícil reconocerme y valorarme y decir, “Uau, lo hiciste, lo lograste, pudiste.” Y no ha sido porque seamos tendencia ahora los pueblos originarios o porque sea un paso con suerte. No es así. Para estar donde nosotros estamos, hemos luchado, hemos caminado insistentemente con mucha fuerza y hemos llegado. Gracias a la fuerza de las que fueron antes de nosotros y nos prepararon para que hoy estemos aquí”
Angélica durante todo este tiempo ha aprendido a vencer sus propios temores, el miedo a la exposición, el miedo a que encasillen su trabajo y trayectoria, aún así va defendiendo a paso firme su visión de entender el arte creado desde mujeres mayas como ella se identifica y creado también para los propios pueblos.
Angélica Serech
“El arte no es cuestión estética o no es realmente para ciertas personas o ciertos privilegios. Yo pienso que hemos demostrado en nuestros pueblos originarios que el arte antes de mostrarlo a otras personas primero se muestra ante nosotros y nos transforma a nosotros”
Narradora
Bajo esa lógica la artista ha creado un taller dentro de su comunidad, en él le acompañan sus amigas Evelyn y Julia, quienes se encargan de apoyar con la clasificación de los hilos. Evelyn devana el hilo y Julia la apoya en la elaboración de bolitas de hilo, al cual Serech llama bobinado manual. En este taller Angélica también ha creado una forma accesible para que el público pueda adquirir algunas de sus obras en miniatura por medio de una línea de joyería artística.

Pie de foto: Angélica Serech muestra parte del su taller donde la acompañan Evelyn y Julia el 21 de mayo de 2026 en San Juan Comalapa. Foto/Edwin Bercián
Aquí recibe a algunos de sus visitantes y a quienes quieren adquirir algunas de sus obras. En una habitación cuelgan cuatro de sus obras de menor escala y dos de gran escala. Una en específico le recuerda que se puede encontrar belleza en aquello en lo que otros ya no la encuentran. En una de las habitaciones de su taller, colgando frente a quienes la visitan, una rama de bugambilia que alguna vez fue considerada basura en un jardín, ahora sostiene una obra de arte. Esa pieza, más que una escultura textil, es la respuesta de Angélica Serech hacia su trabajo.
Angélica Serech
“La bugambilia ese día mi tía estaba podando su jardín. Entonces estaba tirando todas esas ramas y para mí era como imposible verlas cómo se desechan. Cuando yo inicié a tejer siempre usé la estructura de los hilos, los palos, instrumentos rectos, como se nos había enseñado, pero viene a mi mente una historia muy linda y muy personal cuando me señalan a mí como árbol torcido y me dicen, “árbol torcido jamás se endereza” Y yo me sentí tan mal, pero después me fui reconociendo en ese palo torcido, en ese árbol y yo dije, “Sí, sí, sí, sí, soy, sí, soy torcida.” Y crecí así y nunca voy a enderezar porque siento que desde un inicio siempre fui como rompiendo las reglas establecidas y después dije, “Les voy a demostrar que una rama torcida si que puede sostener algo hermoso Y siempre con mi filosofía de vida también, soy una rama torcida, pero puedo sostener algo hermoso”.
Narradora:
Esa “rama torcida”, como la llamaron una vez de forma despectiva para señalar que nunca se enderezaría, hoy sostiene obras monumentales, llenas de belleza y significado, que desafían al arte contemporáneo. Su lugar en estos espacios no es producto de una tendencia o de una simple inclusión como ella expresa. Es el resultado de un caminar insistente, de ir contra la corriente estética desde que tenía ocho años y de descubrir que los hilos podrían convertirse en su propia voz.
Y con esa filosofía de vida, Angélica continúa. Ahora que es madre de un niño de 8 años, sueña con que ese legado familiar no muera. Caleb ahora también es tejedor y ambos comparten conversaciones, ideas, y se inspiran mutuamente en el taller.
Transición con música
A la fecha las obras de Angélica Serech se han presentado en distintos países, festivales y exposiciones: ha expuesto, por ejemplo, en París, en la Bienal de Toronto, en la Bienal de Gwangju, Corea del Sur; en Australia, China, en el Museo Internacional de la Cruz Roja, Suiza; en el Museo del CHOPO/UNAM, México; en California, en el Museo para la Identidad Nacional, en Honduras, y en Artistas Latinas en Brasil.
Angélica Serech
“Es importante los reconocimientos, pero de nada serviría si nosotros mismos no nos valoramos y nos reconocemos”
Cierre con música
Este podcast es producido por No Ficción.
Con entrevistas, guion, grabación y edición de Elsa Amanda Chiquitó.
La edición del texto estuvo a cargo de Ricardo Vaquerano.
Para conocer más de la artista Angélica Serech visita las redes sociales de No Ficción, en donde encontrarás un carrusel sobre su trabajo.
No te pierdas nuestro próximo episodio para conocer a artistas, espacios y proyectos culturales a lo largo y ancho de Iximulew.