Manfredo Marroquín, fundador y presidente de Acción Ciudadana, advierte que la Contraloría General de Cuentas es una pieza clave del sistema que ha permitido la impunidad en Guatemala. En esta entrevista explica el riesgo de cooptación de la institución, el uso político de los finiquitos y por qué considera necesario reformar las comisiones de postulación.
Manfredo Marroquín es el fundador y presidente de Acción Ciudadana, el capítulo guatemalteco de Transparencia Internacional. Desde hace más de dos décadas investiga y denuncia redes de corrupción, financiamiento político ilícito y captura del Estado. Ha seguido de cerca los procesos de elección de las principales instituciones de control y justicia en Guatemala.
Esta entrevista forma parte del episodio de Esto no es normal: “No es normal que la Contraloría no pueda auditar al Estado”. Marroquín explica por qué considera que la Contraloría debería ser una de las principales herramientas para prevenir la corrupción, cómo los finiquitos pueden convertirse en un instrumento para condicionar la participación electoral y por qué teme que las redes que han cooptado otras instituciones mantengan también el control sobre esta. Además, cuestiona un sistema de comisiones de postulación que, asegura, termina diluyendo la responsabilidad sobre quién controla las instituciones del Estado.
P- ¿Por qué son importantes estas elecciones a la Contraloría General de Cuentas?
R- Yo creo que es importante porque la Contraloría es un eslabón importante de todo el sistema estatal que ha favorecido la impunidad y la gran corrupción en Guatemala.
Al igual como lo fue el MP en los últimos 8 años, la justicia, la Corte Suprema, la CC, es un eslabón que es vital para mantener el estado de impunidad del país.
Y en ese sentido, las mismas redes que han cooptado las otras instituciones ya están armando sus equipos, sus estrategias para seguir cooptando la Contraloría, que yo te diría que es más importante en la lucha contra la corrupción que el mismo el Ministerio Público.

P- ¿Por qué dice que la Contraloría General de Cuentas es más importante en la lucha contra la corrupción que el Ministerio Público?
R- Porque se supone que se podría prevenir bastante de la corrupción desde la Contraloría.
Al Ministerio Público llegan las denuncias cuando ya hay indicios de comisión de delito. Pero en la Contraloría sí podría hacerse un trabajo de prevención muy importante que no se hace.
Ojalá que no tenga el mismo resultado que tuvo la Corte Suprema, la CC, la Universidad de San Carlos, que prácticamente siguen siendo cooptadas por la red de corrupción que mantiene al país. Es una institucionalidad, no sólo débil, sino ya desfigurada para el fraude y el saqueo de los recursos del Estado.
R- Partiendo del título del programa “Esto no es normal”, por qué podríamos decir que no están siendo normales las elecciones de la Contraloría General de Cuentas
R- Yo creo que lamentablemente el diseño para elegir a todas estas autoridades no es normal, en el sentido de que es muy fácil para los grupos que ya conocen el tejemaneje del sistema, hacerse de estas instituciones.
Y lo que no es normal es que sabiendo qué resultado vamos a tener, como pasó en la CC, no haya un debate en serio, o por lo menos presión ciudadana, para que estos sistemas cambien la forma de ser electos.
Porque es evidente que esta forma de elegir a las autoridades, ya llevan una ventaja pues muy importante, las redes que tienen el control actualmente o la han tenido en los últimos años.
Entonces, lo realmente anormal es que como país sepamos cuál va a ser el resultado, conozcamos cuál va a ser el desempeño que van a tener esas autoridades, producto de estos procesos y, aún así, sigamos de brazos cruzados sin poder hacer nada y transformar la cosa. Porque yo veo que va a pasar exactamente lo que pues lo que ha pasado siempre.

P- ¿Qué crees que va a pasar?
R- Estos grupos que se organizan, en este caso de auditores, de colegios profesionales, de administración, de empresas, ya están jugando a mantener la cooptación de la Contraloría.
Y ahí, obviamente, el actual contralor, está jugando fuerte. Porque hay que decir también que la Contraloría se volvió un bolsón muy gigantesco de contratación clientelar de todos los políticos, sean del ejecutivo, sean del judicial, sean del legislativo.
Yo recuerdo que por lo menos ha aumentado en unas tres o cuatro veces el personal de la contraloría en los últimos 10 años.
Entonces, al final es una red de redes, es una telaraña de todo este sistema que atrapa a cualquier intento de querer que el estado funcione, que se gaste correctamente.
Esta telaraña no deja que nada penetre, que nada sano, nada transparente, nada decente, pueda vivir dentro del estado.
P- ¿Me podrías explicar de una manera sencilla el proceso de la Comisión de Postulación de la Contraloría General de Cuentas?
R- Es similar a todos los demás: hay delegados de las universidades que cuentan con carreras de auditoría. En este caso, los decanos. Quien preside la postuladora es un delegado de los rectores, que afortunadamente cayó en manos de un rector que tiene buena reputación.
Y luego delegados de los colegios de profesionales de auditoría y de administración de empresas. Entonces, en total, son 27 los miembros de la comisión. Y se hace una convocatoria abierta a que los interesados presenten su currículum.
Obviamente, se postula gente que ya sabe que tiene soportes dentro de las instituciones. De hecho, ya se habla de gallos tapados, del contralor actual, por ejemplo.
O sea, no pasamos del mismo juego que ya conocemos.

Los finiquitos como instrumento político
P- Una de las funciones de la Contraloría General de Cuentas es la emisión de los finiquitos, los cuales son necesarios para poder concurrir como candidato a un puesto de elección popular. ¿Qué grado de incidencia en la democracia le da esto a la CGC?
R- Precisamente porque no goza de independencia, sino que prácticamente es un apéndice del poder político de turno, ya sea los que tengan mayoría en el Congreso, de las bancadas, que son las que al final eligen al contralor; es un instrumento político para manipular las elecciones, evitando que se postulen candidatos que pueden ser una amenaza al sistema, o que no gozan del beneplácito del sistema.
Y eso ha ido en incremento. Ya se utiliza con mucho mayor cinismo el finiquito, como arma para denegar la participación de candidatos, pero tiene que ver con que la contraloría es un apéndice del poder político del turno.
No tiene esa independencia, no tiene autonomía y básicamente es un servidor del grupo en el poder que tiene el ejercicio de la gestión pública.
Lo que está en juego, al final, es hasta dónde se va a mantener anestesiada la contraloría vía estos pactos de corrupción entre el Congreso y el poder de auditoría del Estado.
P- ¿Crees que finalmente Mazariegos será quien controle la Contraloría General de Cuentas?
R- Yo creo que sí, que tiene mucho chance, porque los tentáculos de él ya vimos que llegan a todos lados. ¿Por qué la pasividad del ejecutivo, del gobierno?
P- ¿Y qué puede hacer un ciudadano de a pie para vigilar estas elecciones?
R- Yo creo que para la gente común esto sí es como chino, es muy complejo el proceso. Más el tema de auditoría, es súper aburrido. No convoca interés.
Pero sí en los gremios. Yo diría que es más un llamado a los gremios, como ocurrió con los abogados, que ganó una planilla de oposición, una planilla no comprometida con ese esquema de cooptación para fines de corrupción.
Entonces creo que a nivel de profesionales sí se podría ejercer una presión suficiente, tiene que salir también algunos cuadros profesionales que no sean parte de este sistema.
Porque por lo menos hay un contrapeso dentro de la comisión para que haya un filtro, para que no queden directamente los que están pujando el sistema.
Un sistema de elección que “ya cansa”
P- Y, por último, después de todos los procesos de elecciones de segundo grado, con resultados no tan favorables para la lucha contra la corrupción, ¿crees que este proceso de elección es bueno o que se debería reformular?
R- No. Yo creo que hay que reformular los procesos de las comisiones de postulación. Creo que en un país con tanto problema de corrupción, y con instituciones capturadas por las redes de corrupción, debemos pensar en un modelo diferente donde ya no haya tanta intervención.
El problema de las comisiones de postulación es que la idea original era quitarle la elección directa a los diputados o al presidente de elegir a estos personajes, sobre la base de que participando más grupos, se iba a poder escoger una persona menos comprometida con esos poderes, pero lo que vimos fue que se fue pervirtiendo a todos los actores que participan en ello. En las universidades, en los colegios profesionales. Hoy se diluye mucho la responsabilidad de hacer una mala elección. Es mejor que la elija el congreso y al congreso se le pueda ir a hacer una manifestación directamente.
Pero ahora se diluye esa responsabilidad, y al final nadie es responsable de estas malas elecciones que provocan un gran daño a la institucional del país. Entonces, yo sí creo que deberíamos devolver a un sistema donde el Congreso pudiera hacer la lista, ¿sí?
Al final es una pérdida de tiempo, de recursos. De cansancio social. Porque estos temas al final cansan, y la gente dice, “¿Por qué tanta babosada si todo sigue igual o peor?” ¿Por qué un ciudadano tendría que estar involucrado en el proceso de elección de la Contraloría General de Cuentas?
Tiene mucho costo para la población, porque después no hay mecanismos para reemplazar a esos funcionarios que elegieron mal. No hay una revocatoria de ningún mandato.
Hay que comérselo. La fruta podrida te la tenés que comer los 5 años. O en el caso de Consuelo Porras, 8 años. No puede ser que estos sistemas sean tan perversos.
¿Cómo es posible que haya un poder por encima de todo? Eso ya no es democracia. Eso ya es otra cosa.
Pero estos sistemas provocan eso y también hacen débil al poder ejecutivo. Porque el poder ejecutivo está bastante atado a todo este sistema. También por falta de liderazgo, iniciativa. Porque yo creo que un buen presidente debería de entrar con una reforma integral de muchas cosas.
