NARRATIVA – INVESTIGACIÓN – DATOS

Brandon Mérida, director de Transformando Unidos Huehuetenango. Foto: Cecida TUH

Brandon Mérida: “El amor en sus diferentes manifestaciones puede cambiar vidas”

Brandon Mérida aprendió desde niño que llamar la atención podía tener consecuencias. Décadas después, este psicólogo y activista queer dirige Transformando Unidos Huehuetenango, una de las principales organizaciones de diversidad sexual en este departamento, donde la discriminación se entrecruza con el machismo, la migración, la pobreza y la presencia del crimen organizado. En esta entrevista en el contexto del podcast “No es normal tanto odio a la diversidad sexual“, reflexiona sobre los prejuicios que alimentan el rechazo hacia las personas LGBTIQ+, las formas cotidianas de violencia y las estrategias comunitarias para resistirlas.


P- ¿De dónde crees tú que proviene el odio a la población LGBTIQ+ o por qué las personas lo expresan de esta manera?

R- Como humanos tenemos diferentes necesidades, y lo explica la psicología con la pirámide de Maslow, que jerarquiza las diferentes necesidades que tenemos. Hay algunas que necesitamos satisfacer de manera colectiva y social, como la aceptación, el grado de reconocimiento. Y, a su vez, esto se ve derivado de algunos aspectos sobre cómo mi personalidad encaja con la colectividad, cómo yo recibo información, y cómo yo percibo el mundo a través de lo que yo soy, como un organismo sintiente de manera autónoma.

Este odio, yo considero que viene principalmente desde el prejuicio que se maneja a nivel religioso, porque desde ahí se fundamenta todo.

Este principio de estar haciendo las cosas bien porque me voy a ganar cosas buenas, y si yo me muero me voy a ir al al Cielo. Con esas promesas se internaliza, basado en mi sustento bíblico religioso.

Somos una sociedad muy violenta, que le enseña a la gente, como dicen muy coloquialmente: “Es que a mí cuando yo era chiquito así me daban palo y entonces yo aprendí” o “No hagas esto porque Dios te va a castigar”.

Más que todo con el tema de lo religioso, la moralidad, porque piensan que nosotros somos seres perversos, como villanos que queremos ganarnos a toda la ciudad y hacer que piensen como nosotras. Pero siento que viene de desde desde esa obligatoriedad violenta, agresiva y permanente que se tiene de reforzar los discursos y los prejuicios.

A nivel territorial hemos preguntado: ¿ustedes por qué odian tanto? Y la gente no sabe exteriorizar cómo es que siente eso.

“Me tengo que esconder más”

P- Quería ir a tu historia, a tu infancia o adolescencia. ¿Recuerdas cómo fue la primera vez que tú te sentiste discriminado por ser diferente?

R- Yo creo que fue en mi época de infante en Parvulitos. Yo nací en Chiantla, en Huehuetenango. Recuerdo que a mis 6 años sufrí bullying de otro niño, que en teoría era de mi familia, porque yo era diferente. Según él yo era muy amanerado, yo era como una niña. Este niño incluso me robaba mis crayones de cera, me los quebraba porque, según este niño, yo tenía comportamientos de niña.

En en ese entonces yo todavía no racionalizaba que iba a ser una persona LGBT, yo crecí en un contexto en el que habían dos hombres contra 15 mujeres. Y creo que eso también marca el tema de algunos barroquismos que fui adaptando, no sólo son comportamientos de usar las manos y cuestiones como esas. Yo sentía que yo solo estaba actuando normal porque actuaba con delicadeza, no era grosero, no era agresivo, nunca me ha gustado el fútbol. El entorno con las mujeres no era tan violento, y yo me mantenía ahí. Y era mi espacio

seguro desde siempre. 

Eso me hizo empezar a reconocerme como una persona diferente. Fuera de mi corporalidad, pues yo soy un un hombre biológico, no he sentido a lo largo de mi vida que me atraviese un género como tal, en ese sentido de ser niño o niña, o hombre o mujer. Porque yo solo era. 

P- Y esto ti ¿qué te provocaba?, ¿qué sentías? ¿Te preguntabas por qué te hacía eso ese niño, o qué pensabas?

R. Pues no tanto del porqué, sino más bien como que “me tengo que esconder más”, pasar desapercibido. No estar levantando la mano, no hablar, o cosas así. En esta etapa yo me mantenía sola mucho tiempo, en los recesos yo siempre estaba sola.

Era parte del auto resguardo, porque este compañerito lo hacía de una manera muy expositiva. No solo como conmigo, sino era como este personaje Nelson, de Los Simpson, que hace su burla y hace como: “Mírelo”.

De alguna manera siento que desarrollé algún tipo de pánico social. Mucho tiempo después, ya con lo que me ha traído la incidencia, yo ya lo fui transformando. 

P- ¿Cuándo te atreviste a participar de nuevo en clase o en otros espacios? ¿Cómo fue ese proceso?

R- Fue casi hasta los 15 años. El teatro me salvó la vida. Yo inicié en el teatro desde los 12 años, me ayudó un montón a no ser tan introvertido. Me vinculó a muchos procesos de formación política. Por esto yo estoy donde estoy, porque me empecé a vincular con el análisis político crítico. Y cuando uno se pone las gafas del análisis, la vida le cambia, porque uno ya ve las cosas diferentes.

Además, a los 15 años, yo encuentro a un grupo de amigas que fueron las primeras personas a las que yo socialmente les dije de mi orientación, y fueron mi red de apoyo. Porque, muy cliché la frase, pero yo ya podía ser quien era. 

En ese momento de transformación tuve mi red de apoyo.Y eso marcó que me haya quitado la venda de la boca, digamos, porque de ahí en adelante yo ya no dejé de hablar. 

“Debemos rescatar nuestra primera humanidad”

P- ¿Y qué impacto crees que tiene en ti o en otras personas, vivir anticipando el rechazo, violencia, burlas…? 

R- Tiene impactos bastante significativos en la vida de las personas. Hemos hecho análisis, y muchas de nuestras primeras veces siempre son luego de los 18: nuestro primer beso, nuestra primera cita, nuestro primer enamoramiento fugaz. Todas esas partes que en teoría y en las películas le sucede a los adolescentes.

No desarrollamos vínculos, desarrollamos apegos tóxicos, desarrollamos ansiedad, desarrollamos incluso dependencias a sustancias psicoactivas, que también se vincula a otros problemas sociales.

A manera personal yo creo que esa es la apuesta: que podamos rescatar esta primera humanidad antes de lanzar a la gente a la incidencia y a la defensa de los derechos. Porque vivimos contextos demasiado violentos, demasiado agresivos.

Puedo entender que las circunstancias de nosotros, las personas LGBT, tampoco nos permiten llegar a tener una protesta con propuesta. Por las diferentes dinámicas sociales en las que estamos: en situación de calle, dependientes de sustancias, con trabajo sexual obligatorio, con falta de apoyo de redes de apoyo, porque nos expulsan de nuestras familias, entonces ¿qué hacemos?

Considero que todo esto tiene una carga principalmente emocional para las personas, y es por eso que algunas se ven vinculadas a temas de delincuencia. Por ejemplo, aquí en Huehuetenango, utilizan mucho a las personas LGBT, el crimen organizado: porque tienen necesidad de dinero, entonces ahí están. Y las usan, principalmente a las chavas trans, las instrumentalizan para el tema de trasiego.

Eso es parte del prejuicio a las personas LGBT: que siempre estamos a la defensiva, que siempre queremos hacer problemas. Pero es porque nos expulsan de nuestras casas, entonces tenemos que estar viviendo en la calle y vivir en la calle no es nada más.

Todo eso es una afectación bastante grave. Y siento que también, fuera de que seamos personas LGBT, aquí en Guatemala no vivimos, sino sobrevivimos.

P- Te quería preguntar sobre ejemplos de odio, que no llegan a la violencia física o insultos graves, pero que sí son dolorosos, y que puede ser que las personas que no pertenecen a la diversidad ni siquiera perciben.

R- Una, son las personas que deciden transicionar y deciden tener su propio nombre. Creo que esa es una de las más grandes.

Aquí en Huehue, es algo con el tema de las miradas. De cómo te ven, porque te ven hasta incluso con asco.

Hay una separación entre lo que sería socialmente aceptable, entre un hombre gay masculino versus un hombre gay femenino. Yo tengo la experiencia con un compañero. Él entraba primero a alguna oficina y decía: “Buenos días”. Y toda la gente: “Buenos días”. Y entraba yo luego y decía: “Buenos días”, y nadie me respondía.

Yo no paso desapercibida, soy una persona bastante diferente, bastante difusa en el tema del género. Se nota el ambiente incómodo de las personas con las miradas, con los murmullos, a veces desde la inocencia de los niños: “¿Pero es hombre o es mujer?”.

Naturalizamos ya tantas cosas, tantas micro violencias, como ese sentimiento de incomodidad que la gente se genera cuando estamos las personas LGBT.

“La teoría dice que podemos ser como Barbie pero aquí en Huehuetenango nuestra vida corre peligro”

P- ¿Crees que hay más discriminación en los departamentos o en los municipios alejados de la capital? ¿Me podrías poner algún ejemplo?

R- Sí, de hecho sí. Nosotros desde Huehue hacemos esta alusión que mientras más lejos de la capital es mucho más negativo.

Somos el tercer departamento más grande a nivel territorial, el segundo a nivel de la densidad poblacional y somos el departamento que tiene más convergencia de población indígena. Tenemos nueve idiomas, aparte del español y estamos en la frontera, somos uno de los departamentos que expulsa más gente, pero también recibe más deportados.

Luego, como somos un departamento multicultural y plurilingüe, toda esta convergencia también hace ver que las poblaciones LGBTIQ+ no pueden existir en la diversidad cultural. Hemos atendido casos de chicas trans que han sido violentadas porque utilizan su indumentaria. No se les es permitido. Hemos encontrado incluso situaciones en donde han amenazado de muerte a chicos gays de comunidades indígenas que se tienen que casar porque si no los van a matar.

Nos vemos muy alejados de la realidad de la ciudad, incluso para el entendimiento de qué es una persona queer acá en el departamento versus lo que es una persona queer en la ciudad, porque si bien la teoría nos dice que podemos ser lo que queramos, ser como Barbie, acá en Huehuetenango no lo podemos ser porque nuestras vidas corren peligro.

Si rozamos dentro de lo que no está culturalmente asociado a lo que es ser hombre, mujer, heterosexual, corremos riesgos.

Aquí se vive un ambiente demasiado machista, principalmente por el tema de estar vinculados al crimen organizado.

La diversidad dentro de la diversidad

P- Tú te identificas como una persona queer, ¿cómo es el proceso para ser comprendido?

R- Toda mi identidad ha sido una experiencia. Yo la he ido construyendo con el paso de los años y con base a lo que yo he ido experimentando. Yo me veo como algo muy abstracto, a mí me ha costado mucho identificarlo, y entiendo la necesidad humana que se tiene de etiquetar las cosas para poder entenderlas.

Apenas están entendiendo qué es ser gay, qué es ser lesbiana. Otro nivel más es el de ser una persona trans.

No hay una verdadera capacidad de entendimiento de las personas sobre la diversidad que puede haber dentro de la diversidad. Apenas estamos rompiendo con el molde binario, de lo que es ser hombre mujer.

Que de repente pues hoy puedo estar utilizando botas de tacón con el pelo suelto y mañana yo puedo puedo tener una barba de dos semanas y el pelo recogido y sigo siendo la misma persona.

Aquí en Huehue hemos tenido que tropicalizar el concepto para que la gente lo entienda. Aterrizarlo al entendimiento, al lenguaje, a ejemplos, a memes, a videos que sean más locales.

No es necesario ponerle un concepto a las situaciones que nos atraviesan como personas que puede ser desde lo agénero, bigénero, género fluido, y cómo podemos estar transitando en los espectros que son del género.

P- ¿Y cuándo te diste cuenta de que eras una persona no binaria o queer?

R- Yo logro categorizarme cuando empiezo a estar en TUH. Hasta hace algunos años yo me consideraba un chico gay femenino. Logro tener más información a través también de mi contratación con Lambda en el 2017, pude obtener información que yo no tenía tan accesible.

Pensé: “Este concepto se me queda muy ad hoc”, que hablaba sobre las personas no binarias y las personas queer. Yo me sentía así. Siempre he sido como muy andrógino. Y solo me dejaba fluir en ese sentido.

No recuerdo en mi niñez en algún momento que me haya sentido realmente hombre, pero tampoco que haya tenido la intención de querer ser mujer o de comportarme como una mujer. Yo creo que mi experiencia desde niña ha sido bastante transformadora respecto a mi sexualidad.

Los desafíos que enfrenta la comunidad LGBTIQ+

P- ¿Existen patrones o datos que preocupen especialmente a TUH?

R- Hemos estado notando que la narrativa de odios se ha estado incrementando, que aterrizados aquí se sienten un poco más cargados. Somos una organización que incomoda por los temas que abordamos y también por la forma en que lo hacemos.

En varias ocasiones se nos ha intentado cancelar actividades, por ejemplo, Trabajando Unidos que había sido invitada para liderar un espacio con la oficina municipal de la juventud y el fundamento era que nosotros en esta sesión íbamos a estar hablando de la ideología de género, que nuestra organización atentaba contra de los valores de la moral huehueteca y todo esto fue llevado a al consejo a al pleno del Consejo Municipal.

Otro de los patrones que nos preocupa es la instrumentalización de las poblaciones LGBTIQ+ para los grupos delictivos, principalmente en temas de narcomenudeo.

También hemos estado viendo la poca anuencia que han tenido algunas personas de organizaciones de sociedad civil a abordar los temas y esto lo vemos preocupante, porque se supone que los derechos humanos son para todas las personas, no solo para las personas que cubre mi movilización o que cubre mi población meta de mi organización.

Y el tema de la seguridad. La Policía Nacional Civil todavía sigue siendo uno de los mayores violentadores de los derechos humanos de las poblaciones LGBTIQ+ y más aquí en Huehuetenango, principalmente con la población trans.

Hay mucha persecución de las mujeres trans en las localidades en los municipios por el tema de su identidad cultural. Hemos registrado algunos casos en donde expropian de sus propiedades a chavas trans por ser un peligro para la comunidad.

P- ¿Y crees que el estado de Guatemala está actuando de una manera efectiva cuando una persona LGTBIQ+ es víctima de violencia? 

R- No. La justicia tiene una mora muy grande en Guatemala para cualquier persona, pero se multiplica más para las personas que somos eh visiblemente LGBT. En las instituciones, al menos aquí en Huehuetenango, todavía se maneja un salvajismo moderno, las personas que están ahí ya tienen su plaza asegurada y consideran que pueden hacer y decir cualquier cosa.

Cuando se pide acceso a la justicia son las mismas instancias las que las que revictimizan o victimizan a las personas LGBTIQ+  dentro dentro del del acceso a la justicia.

Pese a los esfuerzos que hemos tenido con Trabajando Unidos  de formar a la Policía Nacional Civil, al Ministerio Público, todavía no se tienen consideraciones de qué parte de nuestra orientación o nuestra identidad también puede ser un motivante para la agresión que se sufre y por la cual se está haciendo la denuncia.

Las instancias de gobierno son una de las violentadoras cuando se pide el acceso a la justicia. Alguien va a poner una denuncia y te sientes violentado por las mismas personas que te atienden.

P- Me has dicho que sientes que el estado de Guatemala no actúa de manera efectiva pero ¿Crees que está habiendo avances en estos últimos años? 

R-R- Yo creo que sí han habido avances. Considero que más instancias de gobierno ya están aperturando el diálogo para instalar procesos para personas LGBTIQ+, no solo es salud, no solo es VIH, no solo son enfermedades de transmisión sexual, tenemos otras necesidades.

Por ejemplo, en CODISRA por el tema de la discriminación, que ya está instalada una mesa de diálogo con ellos. En el sector justicia, el trabajo que se hizo con el caso de Nancy Sacul, que fue un hito a nivel legal para el tema del litigio estratégico, en donde ya se habla sobre agresiones basadas en la identidad de género.

Fuera de eso, quisiera posicionar los avances que hacemos nosotros en las organizaciones de sociedad civil. También las organizaciones a nivel territorial estamos haciendo un buen trabajo. Aunque no sea tan grande, están naciendo organizaciones en las localidades y estamos viendo las necesidades de nuestros territorios, estamos hablando por nosotros y estamos colectivizando esfuerzos.

Las personas también están entendiendo que nosotros no somos los malos, sino que solamente estamos velando por nuestras vidas y por los derechos que se nos han limitado por mucho tiempo.

He conocido experiencias de otros territorios en donde hay familiares de las personas que acuden a las organizaciones también están manejando discursos y narrativas pro derechos, aunque no participen directamente en la organización pero que sí tengan información, sí tengan conocimiento, sí tengan conciencia.

Y también los mensajes en redes sociales que están siendo un poco más extensos, están llegando a muchos otros lugares y estamos teniendo respuestas positivas. También están sensibilizando a sus pares en temas de ser más conscientes con los derechos humanos de las personas.

P- Y a nivel del sistema educativo en las escuelas, no sé si hay avances como en la lucha contra el bullying o si sienten más sensibilización de los maestros.

R- Yo siento que ese sector es uno de los sectores más difícil de poder abordar en temas generales de sexualidad. Son demasiado cerrados, pese a que en el CNB también haya información y contenido especializado en educación integral en sexualidad.

El magisterio ha sido uno de los grandes oponentes. Nos estaban echando la culpa de querer homosexualizar niños, de hablar de posiciones sexuales y no sé qué cosas más.

Y dudo mucho que en algún futuro cercano podamos tener acciones positivas con ellos. No tienen la intención de actualizarse.

Las juventudes vienen ahorita con un nuevo chip y están haciendo bastantes cambios, pero es una batalla colosal en ese sentido.

Familias, redes de apoyo y resistencia

P- ¿Y crees que desde las comunidades indígenas si hay avances al respecto de la tolerancia a las personas de la diversidad? 

R- Yo considero que sí. Hemos tenido vinculación con algunas organizaciones de personas indígenas que están aquí en el territorio y al menos las personas que dirigen estas organizaciones están altamente sensibilizadas en temas de derechos humanos.

Todavía se manejan algunos micromachismos, pero es una lucha permanente.

Desde las esferas que lideran todas estas organizaciones ya se está teniendo consideración de la diversidad sexual dentro de la diversidad cultural.

P- ¿Qué papel crees que pueden jugar las familias para romper los ciclos de discriminación?

R- Yo considero que es la base. Es muy básico el apoyo de las familias para que independientemente de las identidades que manejen las personas que no rompan su vínculo.

Yo considero que el amor en sus diferentes manifestaciones puede cambiar vidas, desde cómo yo me interrelaciono, si soy extrovertido o no, cómo yo tengo la confianza en mí mismo para poder subirme a hablar frente al público. Las relaciones cálidas y sanas de apego pueden motivarme a seguir adelante. Y no estar atentando en contra de nuestras vidas, que eso es también bastante importante.

Yo sí considero que si bien las familias sanguíneas de repente se podan, se pueden construir también familias elegidas. Y la importancia de las redes de apoyo fuera de que seamos familias sanguíneas o no y de cómo estas pueden sostener a las personas para enfrentarse a esta discriminación.

Nos toca estar puro Matrix, esquivando cada cosa, porque según la sociedad somos causantes de todos los males y al mismo tiempo somos los más vulnerados en esas circunstancias.

Si yo tengo un buen círculo de apoyo, voy a poder tener mayores consideraciones de salud mental y también voy a poder aportar a la sociedad.

P- La última pregunta sería ¿qué podemos hacer la población general para luchar contra estos discursos de odio? No sé si crees que si tiene que haber una confrontación, un choque, o no, o cómo se puede hacer.

R- Considero que la primera y de repente la que se nos viene primero en la mente sí es la confrontación. Pero considero que hay otras formas. Yo cuestiono mucho, por ejemplo, a mis amistades que ahora están maternando y paternando en cómo es que les están trasladando la información a sus hijas.

Si les están preparando bien o no para un mundo en el que hay diferencias, que no solo existimos personas LGBT y más, sino también hay diferencias de color de piel, de capacidades corporales, en temas de discapacidad y otras diferencias.

También el tema de no formar parte del pacto que se tiene a nivel social de la discriminación. No reírse del chiste machista ni misógino y cuestionar a las demás personas sobre por qué lo hacen.

Considero también que parte de lo que se puede hacer es tratar la manera de manejar discursos que vayan apegados a los derechos humanos.

También de repente cortar y podar el árbol de amigos, de familia.

Y sobre todo buscar información verídica, confiable para no caer en la desinformación.

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