NARRATIVA – INVESTIGACIÓN – DATOS

La memoria desciende vestida de estrellas

Una postal sobre la fiesta en honor de la Virgen de Santa Lucía Los Ocotes.

La pólvora tiene el poder de anunciar la fiesta y cargar la nostalgia de su despedida, porque en su momento más intenso, los estruendos y la algarabía también empiezan a presagiar que todo está por terminar. Aquella noche, la oscuridad se pegaba al aire mientras capas rojas y celestes -algunas remendadas con estrellas de tela- cruzaban el humo bajo la luz cálida de los postes. En honor a la Virgen de Santa Lucía, el Torito, esa representación teatral y satírica, de origen colonial, bailaba soltando chispas y estallidos, empujando a la multitud contra las paredes debido al calor de su baile. Apenas los estallidos de la pólvora cedían, la gente de alrededor volvía con los teléfonos en alto para guardar la felicidad en un video. En el centro de esta imagen, los Moros Felices bailaban con coronas, delantales y machetes con los que raspaban el concreto hasta sacar pequeñas estrellas, arrancándole destellos al suelo y risas de quienes miraban. Cada choque del metal contra el pavimento hacía temblar la noche y dejaba una alegría breve, iluminada, repartida entre vecinos, niñas, jóvenes y mayores. La fiesta detuvo el paso de la calle para encender la memoria del pueblo entre la fe, la música, el movimiento y las voces de los jóvenes que bailaban la loga, una forma local de la antigua loa, tradición teatral y religiosa de raíz colonial donde el bien y el mal se enfrentan simbólicamente a través del baile, los trajes, la música y el cuerpo. Santa Lucía Los Ocotes, ubicada en la zona 25 de la capital de Guatemala, guarda una memoria aprendida en el baile, cosida en los trajes y encendida entre la pólvora por una noche más.

Academia No Ficcion

Este texto es resultado del taller experimental de escritura creativa: “La realidad no inventada” como parte de La Academia No Ficción

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