NARRATIVA – INVESTIGACIÓN – DATOS

Jaime Arellano, Ana Lorena Delgadillo y José Ugaz integrantes del Panel de Personas Expertas Independientes, acuden a la Corte de Constitucionalidad para presentar un memorial el 3 de febrero de 2026. Foto/Edwin Bercián

PEI: el sistema requiere un reinicio

Esta semana en el boletín de La Instantánea analizamos  el informe final del Panel de Personas Expertas Independientes que concluye que las elecciones de Fiscal General y magistrados de la Corte de Constitucionalidad mostraron avances frente a procesos anteriores, pero conservaron las mismas fallas que han permitido la captura de la justicia: negociaciones opacas, evaluaciones superficiales, conflictos de interés y reglas interpretadas según la conveniencia de los grupos dominantes.

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Hace unas semanas hacíamos un repaso de las instituciones afectadas en Guatemala por hackeos a sus páginas web y la incierta respuesta estatal. Ahora volcamos la mirada en el virus de la cooptación estatal. Como un sistema operativo que acumula fallas hasta necesitar un reinicio, el PEI-GT (Panel de Personas Expertas) diagnostica que los mecanismos creados para garantizar contrapesos en instituciones clave (como el TSE, el MP, la CC, la CGC y la USAC) dejaron de funcionar adecuadamente en Guatemala.

Durante varios meses, Guatemala contempló un desfile de expedientes, entrevistas, tachas, votaciones, amparos y conferencias de prensa. Las sesiones de la Comisión de Postulación para elegir Fiscal General se transmitieron en vivo. Las candidaturas a la Corte de Constitucionalidad comparecieron ante distintos órganos electores. Hubo cámaras, periodistas, observadores internacionales y organizaciones ciudadanas tomando nota.

Pero la transparencia de una transmisión no garantiza que la decisión se tome frente a las cámaras.

Esa es una de las conclusiones que atraviesa el informe final del Panel de Personas Expertas Independientes para Guatemala —PEI-GT—, integrado por los destacados juristas Ana Lorena Delgadillo, José Ugaz y Jaime Arellano. Después de tres visitas al país y más de ocho meses de observación, el Panel encontró que los procedimientos públicos siguieron conviviendo con acuerdos privados, interpretaciones legales interesadas y votaciones cuyas verdaderas motivaciones rara vez quedaron explicadas.

No Ficción lo explicó en el pódcast No es normal que las elecciones de segundo grado sean tan difíciles de entender: detrás de esa aparente complejidad hay un sistema en el que (sobre todo aunque no exclusivamente) abogados eligen abogados para que, a su vez, elijan a otros abogados que controlarán instituciones fundamentales para la democracia.

La confusión también reduce la vigilancia ciudadana y deja espacio para que las decisiones se adopten como si fueran asuntos internos de gremios, universidades, magistrados o diputados.

El informe del PEI-GT rompe esa ilusión: elegir al Fiscal General y a la Corte de Constitucionalidad significa decidir quién puede investigar el poder, quién puede detener un abuso y quién tendrá la última palabra cuando las reglas democráticas sean puestas a prueba.

“Un modelo totalmente agotado”

Las comisiones de postulación nacieron como un mecanismo para contener el control político directo sobre la justicia. La reforma constitucional de 1993 incorporó académicos y representantes gremiales con la expectativa de que el mérito, la capacidad profesional y la honorabilidad limitaran la influencia de los partidos y del Ejecutivo.

La idea no era mala, reconoce el Panel. El problema fue lo que ocurrió después.

El PEI-GT describe el sistema actual como un modelo “totalmente agotado y profundamente desprestigiado y pervertido”. La frase no es una exageración retórica. Resume un proceso en el que la legalidad formal permanece, pero su propósito democrático ha sido vaciado.

Eso ocurrió en la discusión sobre si el tiempo trabajado como juez debía reconocerse como ejercicio profesional de la abogacía para optar al cargo de Fiscal General. El debate parecía jurídico, pero terminó funcionando como un filtro político. La interpretación restrictiva dejó fuera o debilitó a candidatos provenientes de la carrera judicial, mientras favoreció a otros perfiles más cercanos al litigio privado y a estructuras tradicionales.

La cobertura de No Ficción sobre la integración de la nómina de seis candidatos al Ministerio Público mostró cómo esa “guerra de la interpretación” dividió a la Comisión de Postulación en bloques. La discusión legal no se limitó a determinar quién cumplía los requisitos: también definió qué tipo de fiscal podía llegar a la lista final.

Las deficiencias fueron aún más visibles en algunas designaciones para la Corte de Constitucionalidad. El Congreso no publicó los expedientes completos, no estableció un procedimiento adecuado para recibir y resolver objeciones ciudadanas y tampoco explicó técnicamente por qué eligió a unas personas y descartó a otras. Las entrevistas públicas coexistieron con un cabildeo desregulado y a puerta cerrada.

En la Corte Suprema de Justicia, el procedimiento permitió terminar la elección en cuanto una candidatura alcanzó los votos necesarios, sin evaluar a todas las personas admitidas. Como documentó No Ficción, la CSJ dejó sin consideración 44 de 47 candidaturas al reelegir a Dina Ochoa y Claudia Paniagua. El orden de llegada de los expedientes terminó pesando más que una comparación integral de los perfiles.

En el Colegio de Abogados y Notarios, una resolución judicial excluyó del padrón a 3,945 profesionales de ciencias afines. El amparo, que debería proteger derechos frente a abusos de autoridad, fue utilizado para reducir el electorado pocas horas antes de la votación. Pese a ello, una mayoría gremial consiguió impedir que las maniobras judiciales aseguraran el triunfo de los grupos señalados de procurar impunidad. No Ficción narró ese episodio como la derrota abyecta de los tramposos.

El informe también coloca a la Universidad de San Carlos en el centro del problema. La crisis universitaria, por tanto, no queda encerrada en el campus. Se proyecta sobre todo el sistema de justicia. Una universidad capturada puede colocar representantes, votar magistrados e influir en la selección de autoridades que después deberán resolver los conflictos relacionados con esa misma captura. La posterior decisión de la nueva Corte de Constitucionalidad de favorecer la continuidad de Mazariegos reforzó ese círculo, como también contamos en el boletín Una CC que defiende a Mazariegos, una CC que defiende la impunidad.

“Los perfiles deben ser la brújula”

Antes de comparar currículos o asignar puntos, las instituciones debían responder una pregunta básica: ¿qué cualidades necesita Guatemala en una persona que dirigirá el Ministerio Público o integrará la Corte de Constitucionalidad?

La mayoría nunca lo hizo. El Congreso, la Corte de Constitucionalidad, la Corte Suprema de Justicia, la Presidencia, el Consejo Superior Universitario y las comisiones de postulación al instalarse trabajaron sin perfiles sustantivos previamente definidos. Verificaron edades, títulos, años de graduación y experiencia profesional, pero no establecieron con suficiente claridad cómo valorar la independencia frente a poderes reales y fácticos, la trayectoria democrática, la defensa de los derechos humanos, la integridad o la capacidad para resistir presiones.

“Los perfiles deben ser la brújula”, señala el informe. Sin esa orientación, la tabla de gradación terminó convirtiéndose en una suma de datos cuantitativos. Acumular años de ejercicio, diplomas o publicaciones podía producir una nota alta, aunque esos números dijeran muy poco sobre la capacidad para conducir una institución compleja o actuar con independencia.

La trayectoria de Consuelo Porras condensó ese problema. Mientras terminaba ocho años al frente del Ministerio Público, intentó obtener una magistratura constitucional y después buscó un tercer período como Fiscal General. A pesar de las sanciones internacionales, los cuestionamientos por criminalización y un número histórico de objeciones, un bloque de comisionados mantuvo viva su candidatura durante buena parte del proceso.

Porras no consiguió regresar a la nómina final. Pero un resultado relativamente positivo no convierte en bueno al mecanismo que lo produjo.

La llegada de García Luna abrió una posibilidad de reconstrucción institucional, aunque bajo la presión de las mismas cortes y redes que intervinieron en su elección. No Ficción señaló que su gestión comenzaba atrapada entre las expectativas ciudadanas y la resistencia de quienes dominaron el Ministerio Público durante los años anteriores.

La conclusión más dura que se desprende de este informe y que hemos constatado en boletines, notas, reportajes y podcast es la siguiente: el sistema puede producir ocasionalmente un funcionario capaz, pero no garantiza que lo haga. Depende de correlaciones políticas coyunturales, de la resistencia de algunos comisionados, de la movilización ciudadana y, finalmente, de que la autoridad designante escoja entre las opciones disponibles con un criterio distinto al de las redes de influencias que intentaron controlar el proceso.

“La esperanza y la válvula de escape”

El informe no presenta un paisaje completamente cerrado. El primero fue el aumento de la observación ciudadana. Organizaciones sociales, pueblos indígenas, víctimas, estudiantes, periodistas, profesionales del Derecho y misiones internacionales acompañaron los procesos, revisaron candidaturas y denunciaron irregularidades.

Un segundo avance ocurrió en el CANG. Aunque la exclusión de las ciencias afines alteró el padrón, la elección conservó condiciones de publicidad y control que permitieron defender la legitimidad del resultado. El Panel reconoce la actuación de la presidenta del Colegio, Patricia Gámez, de su Junta Directiva y del Tribunal Electoral frente a la presión del Ministerio Público y las decisiones judiciales.

Las solicitudes de captura contra la magistrada Astrid Lemus no prosperaron y el despliegue fiscal durante la elección del CANG no logró detener el proceso. Para el Panel, esa resistencia judicial y gremial demostró que las prácticas utilizadas durante los años anteriores ya no operaban con la misma eficacia.

El ciclo de 2026 todavía no ha terminado. Resta la elección de la Contraloría General de Cuentas, cuya postuladora vuelve a reunir universidades, gremios y actores cuestionados. 

Las cámaras volverán a encenderse. Habrá nuevas sesiones, expedientes, puntuaciones y votaciones. Pero las dudas sobre si las decisiones ocurrirán frente a ellas o, una vez más, fuera de cuadro están abiertas.

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